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domingo, 8 de noviembre de 2009

Ouessant (Bretaña francesa) 2009




























Ouessant (Bretaña francesa) 2009
Del 23 al 26 de octubre
Participantes: Fernando del Valle y Francisco Chiclana

“...mosquitero bilistado y estornino rosado en la misma plaza de Lampaul, eso es Ouessant en estado puro…” . Este comentario de mi amigo Alfonso Rodrigo –extreme birding- inclinó la balanza definitivamente. De este otoño no pasaba la visita a esta pequeña isla de la Bretaña francesa. Otro buen amigo, Fernando del Valle, también se vio tentado por esta oferta pajaril y se unió al proyecto. Ouessant apenas tiene mil habitantes, mide ocho kilómetros de largo por cuatro de ancho, y es la tierra habitada más occidental de Francia. Marca tradicionalmente la entrada sur al Canal de la Mancha y es conocida en el mundillo pajaril por reunir en su seno, a mediados de octubre, un buen número de rarezas y un buen número de ornitólogos buscándolas, mayoritariamente franceses. Y así, nos fuimos a Francia en busca de aventura.
23 de octubre.- El primer día lo invertimos en llegar a Le Conquet, cerca de Brest, en el litoral atlántico. Volamos de Sevilla a París y allí alquilamos un coche para recorrer los seiscientos kilómetros que nos separaban de la costa. Por el camino vimos bonitos lugares, como Sant Brieuc, y bonitas escenas para recordar, como un grupo de gaviotas canas alimentándose en un pradito precioso. La lluvia nos recibió a la llegada y no nos había abandonado aún al amanecer del día siguiente. Nos alojamos en un bonita casa rural rodeada de un bosquete muy chulo.
24 de octubre.- En el puerto, a pesar del cielo gris y el viento frío, el ambiente era de lo más arrebatador. Como muestra, un par de gaviones adultos se enzarzaban en una pelea para apropiarse de un hermoso cangrejo. Del enfrentamiento eran testigos gaviotas argénteas, vuelvepiedras y bisbitas costeros que rebuscaban entre las algas del muelle. El interior de la estación marítima se iba llenando de birders cargados con material óptico y guías de aves. Nos habían dicho que se podía dejar el coche en el aparcamiento que hay junto al puerto, pero del todo imposible. Tiene cabida sólo para unos pocos coches y suele completarse a muy temprana hora. Nosotros lo estacionamos en un aparcamiento libre que hay tras el cercano ayuntamiento (la mayoría son zonas azules y te permiten dejar el coche un máximo de cuatro horas). Sobre las 9,30 de la mañana embarcamos con una mar bastante agitada (el trayecto dura algo más de una hora). El ferry –de la compañía Penn Ar Bed- hizo también escala en el archipiélago de Molène, con un nutrido bando de ostreros que coloreaba las salpicadas rocas. Como por arte de magia, las nubes se esfumaron al llegar a Ouessant y el sol se abrió paso entre ellas. Allí no se puede alquilar un coche y es necesario moverse en bici. Para llegar al albergue de jóvenes, donde nos quedamos la segunda noche, tomamos uno de los taxi-furgoneta que esperan la llegada del barco. También hay un autobús, pero el taxi tiene la ventaja de que te acerca al mismo alojamiento. Los taxis suelen completarse bastante rápido y no es aconsejable desembarcar de los últimos. En la plaza de Lampaul, al lado de la iglesia, hay un supermercado para provisión de alimentos y un taller para alquiler de bicis. La isla tiene 61 metros como cota máxima, pero el pedalear continuamente de un lado para otro, cargado de material, acaba pasando factura al final de la tarde. A última hora localizamos una tienda al lado del albergue que anunciaba alquiler de coches sin carnet –TopGarage Kerebe, teléfonos 0628296221 y 0298488133-, pero ya era tarde. De todas maneras, moverte en bici por la isla es un clásico que hay que conservar. Un trámite previo es pasar por el albergue de ornitólogos para anotar los registros de las últimas rarezas localizadas, pero nos lo saltamos y nos hicimos nuestra propia ruta en base a los datos que habíamos bajado de internet http://ouessant.observado.org/waarnemingen_all_wg3.php?groep=1. Nos marcamos unos objetivos poco exigentes que empezaban con disfrutar de un mosquitero bilistado que había a la afueras de Lampaul, en Kerhuel, y que llevaba allí varios días sedimentado. De allí nos fuimos a Park Raden, al lado de Port Arland (Porz Arland en bretón) en busca de más bilistados y de un camachuelo carminoso que se dejaba ver relativamente bien. También observamos un grupo de frailecillos sobre las olas, y cormoranes moñudos soleándose. Nos calló la noche mientras veíamos un estornino rosado desde la iglesia del pueblo. De allí al albergue, a quitarnos las botas de agua que nos estaban cociendo los pies. Es recomendable calzarlas si se pretende buscar pajarillos en los encharcados bosques de tamarindos, donde a veces el sonido ambiente es el gruñido del rascón, pero se hace pesado el llevarlas si hace calor. Más tarde nos dimos un pequeño homenaje cenando en un restaurante en Porz Noan, con unos deliciosos calamares a la Armórica, típicos de la zona, regados con unas cervezas marca Britt.
25 de octubre.- El tercer día amaneció soleado y cálido. Decidimos pasar la mañana entre Ti Korn y Ar Runiou, al sureste de la isla, majestuosos lugares que nos ofrecieron escribano nival y foca gris. Sus costas escarpadas, el tapiz verdoso y el sonido del mar nos hacían sentir en la gloria. La hora del bocadillo la pasamos nuevamente en Park Raden (hasta cuatro inornatus había en esos momentos). Y a las 6 de la tarde embarcamos de regreso. La estancia en la isla -de algo más de un día- sólo nos permitió recorrer su mitad este, pero fue suficiente para entender porqué es tan famosa en el mundillo ornitológico-viajero, y porqué muchos birders son fieles a su cita con ella todos los años. Ver gaviones posados sobre casitas coquetamente decoradas, tupidos helechos repletos de acentores y chochines, mosquiteros bilistados por doquier, el saber que en cualquier momento te puedes encontrar con cualquier rareza, etc, etc, acaba atrapándote. En el ferry de vuelta nos situamos nuevamente en la cubierta y a los pocos minutos ya añorábamos la isla. Para consolarnos, nos hicieron compañía un par de alcas y algunos alcatraces. Desembarcamos y cogimos rápido el coche rumbo a Le Mans, a un par de horas de París, donde queríamos pasar la noche.
26 de octubre.- La mañana del cuarto día esperamos el avión de vuelta a casa en La Courneuve, un gran parque urbano situado cerca del aeropuerto Charles de Gaulle, al norte de la ciudad. Allí nos entretuvimos con cornejas, reyezuelos sencillos, palomas zuritas, la variedad centroeuropea del mito, un esquivo pito cano... Y vuelta a casa. Por último, sólo me resta agradecer a Rafa Armada, Ferrán López, Alfonso Rodrigo y Dani L. Velasco la información que nos facilitaron antes de la partida, a Aurelien Audevard por el envío de algún sms esclarecedor durante la estancia en la isla, a Eugenia por mantenernos al tanto de los últimos registros colgados en internet y, como no, a Fernando, ya que sin su francés hubiera sido imposible desenvolvernos allí. Sobra decir que observamos muchas más especies que las mencionadas en el report, pero las he obviado para no extenderme demasiado.
Autor de fotos.- grupo, paisaje de Ouessant, Lampaul, gaviota argéntea, gavión y escribano nival: Fernando del Valle

martes, 6 de octubre de 2009

Cabo de San Vicente, Portugal

He visitado el Cabo de San Vicente en varias ocasiones, pero la realizada los días 26 y 27 de octubre de 2014 revistieron un encanto especial. Fui acompañado por mi mujer y realmente estuvimos sólo algo más de 24 horas, aunque resultaron muy fructíferas. La playa do Martihnal, en Sagres, tenía citado un correlimos de Bonaparte los días previos, y fui para allá en su búsqueda. Al llegar parecía imposible relocalizarlo ya que el lugar estaba a tope de gente, muy concurrido y con mucho bullicio en la playa. Monté el tele y empezé el chequeo avistando especies interesantes como bisbita alpino, lavandera cascadeña y un gritón torcecuello que reclamaba insistentemente desde la espesura que rodea al lago. Con la puesta de sol la gente abandonó la playa y el limícola entró a alimentarse con un grupo de chorlitejos patinegros. La alegría fue total e insuperable cuando le eché el ojo. Quise perpetuar el momento tomando algunas fotos con el móvil a través del telescopio, ya casi en la oscuridad. Son bastante deficientes pero válidas como testigo de las conversaciones que mantuvieron el divagante americano y el patinegro luso. 


Otro acontecimiento pletórico fue la observación de aves marinas desde el Cabo. Trenes continuos de alcatraces -mayoritariamente adultos-, págalos grandes, pardelas baleares  y negrones fueron las especies más habituales. Aunque el momento más entrañable fue al amanecer, cuando chovas piquirrojas y colirrojos tizones se acercaron a cotillear mi actividad. 


Los pinares de La Cabranosa dieron también una alegría suprema con dos mosquiteros bilistados que se alimentaban entre comunes y totovías. Lástima que mi cámara de fotos no me acompañara en ese momento, cuando uno de ellos se exhibió bastante bien. Curiósamente apenas emitieron reclamos en la hora de observación, cosa totalmente opuesta a los bilistados que vi y escuché en Ouessant, Francia. 
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Estoy completamente enamorado del Cabo de San Vicente y de la Punta de Sagres,
áreas más al oeste en el sur peninsular. De ellos me gusta todo: como se
pelea la tierra con el mar y descarga su fiereza contra el cantil
rocoso, como el viento modela el paisaje y doblega al arbusto más
rebelde, como se aproximan las nubes y descargan sobre
el faro, como las aves te sorprenden en cualquiera de esos confines...Allí
las pelágicas parecen serlo menos y se acercan a la costa para saborear estos encantos. Aunque cierto es que para observar bien algunas de las especies que aparecen en las magníficas fotos de Goyo, así como algunas de paíños -común, de Wilson y de Madeira- tuvimos que adentrarnos algunas millas en el mar (octubre de 2009).

Autor de fotos (paisaje, págalos pomarino, grande y parásito, párdelas balear, capirotada, cenicienta y sombría): Goyo Para

sábado, 18 de julio de 2009

Nueva York 2009


























NUEVA YORK 2009
por paco chiclana

A finales de junio estuve algo más de una semana visitando la ciudad de Nueva York. Fui con mi mujer y mis niñas y la finalidad del viaje era eminentemente turística, aunque siempre queda un hueco en la maleta para los prismáticos. En esa fecha amanece en la Gran Manzana sobre las cinco y se puede aprovechar alguna horita diaria para el pajareo antes de que la familia se levante. La mayoría de mis escapadas para ver aves las hice a Central Park, por ser un gran parque donde se ven bastantes especies y por proximidad a mi hotel. Central Park está situado al norte de Manhattan, entre las calles 59 y 110, entre la quinta y la prolongación de la octava avenida, y es fácil acceder a él a través de metro, bus o taxi. En ningún momento me sentí inseguro en su interior ya que es un gran espacio verde muy visitado por los neoyorquinos desde primeras horas de la mañana. Tiene cuatro kilómetros de largo por casi uno de ancho, y alberga un variado repertorio de diferentes hábitats. La información que me facilitaron amigos como Manuel Quintana, Juan Sagardía, Serafín Alarcón, Daniel Bosch y Javier Lafuente me vino de perlas, así como la web de Miguel Rouco. En las fechas de mi visita me encontré con especies relativamente ubicuas y fáciles de localizar como robín americano (turdus migratorius), pájaro gato gris (dumetella carolinensis), cardenal norteño (cardinalis cardinalis), quíscalo bronceado (quiscalus quiscula), tórtola plañidera (zenaida macroura) y arrendajo azul (cyanocitta cristata), sobre todo cuando te aprendes sus voces.
Al norte de Central Park está Harlem Meer, un pequeño estanque muy interesante tanto por su lámina de agua como por el jardín situado en la orilla sur. Allí pude ver vencejo de chimenea (chaetura pelagica) bajando a beber a temprana hora, vireo chipe (vireo gilvus) cantando a la sombra de árboles altos, sinsonte norteño (mimus polyglottos), carpintero escapulario (colaptes auratus) capturando insectos en una pradera y, sobrevolando el humedal, un ejemplar de garceta nívea (egretta thula).
Un poco más al sur queda The Pool, otro pequeño estanque también muy atractivo. En una rama desnuda reclamó mi atención un bonito macho de carpintero de Carolina (melanerpes carolinus) y un coloreado turpial de Baltimore (icterus galbula). En su orla forestal varios ejemplares de ampelis americano (bombycilla cedrorum).
Más o menos en el centro del parque hay un gran embalse denominado Jackeline Onassis Reservoir. Allí fueron omnipresentes la gaviota argéntea americana (larus smithsonianus), la barnacla canadiense (branta canadensis), el cormorán orejudo (phalacrocorax auritus) y la subespecie americana de golondrina común (hirundo rustica erythrogaster).
A los pies del castillo de Belvedere está Turtle Pond, otro pequeño humedal. Subir al castillo es muy fácil y desde allí se obtienen unos puntos de observación inmejorables. El lago está rodeado por vegetación palustre, por una buena masa forestal al sur y coronado por una gran pradera al norte, lo que proporciona unas condiciones inigualables. Allí ví garcita verdosa (butorides virescens), un primer verano de turpial hortelano (icterus spurius) y aluciné con los ataques despiadados que el turpial sargento (agelais phoeniceus) propinaba a cualquiera que osara entrar en su territorio.
Algo más al sur queda un lago de tamaño intermedio entre los anteriores, bastante alargado horizontalmente llamado The Lake. Allí también pasé ratos de ensueño, sobre todo escuchando y observando a un macho de chingolo melodioso (melospiza melodia) estratégicamente colocado en la cima de un pequeño arbusto cual escribano se tratara. Por allí sumé jilguero americano (carduelis tristis), una hembra con joven de boyero de cabeza parda (molothrus ater), tirano oriental (tyrannus tyrannus) y gavilán americano en vuelo (accipiter striatus).
Entre Turtle Pond y The Lake hay un bosquete ideal para paseriformes en migración, debiendo ser fantástico en los pasos. The Ramble es una pista que lo atraviesa de norte a sur y que me permitió ver papamoscas fibí (sayornis phoebe), picos pubescente (picoides pubescens) y velloso (picoides villosus), y camachuelo mejicano (carpodacus mexicanus).
Y en el extremo sureste del parque está The Pond, otro pequeño estanque donde una familia de cuervos americanos (corvus brachyrhynchos) me acompañó siempre que pasaba por allí.
El famoso macho pálido de busardo colirrojo (buteo jamaicensis), conocido como Pale Male, no se dejó ver en el nido que posee en lo alto del edificio de la calle 74, esquina con la quinta avenida, sino que conseguí observarlo en el lado oeste del parque, sobrevolando un gran edificio sito en la calle 81, justo en la cara norte del Museo Americano de Historia Natural, cuando era atacado por varios ejemplares de cernícalo americano (falco sparverius).
Ya fuera de Central Park, en visitas a otras zonas turísticas, salieron otras especies. En el ferry que va del sur de Manhattan a Staten Island y que te permite gozar de vistas espectaculares de Miss Liberty, también disfruté de láridos interesantes como gaviotas guanaguanare (larus atricilla) y de Delaware (larus delawarensis), y charrán de Forster (sterna forsteri), así como de un par de hirundínidos llegando a puerto, la golondrina bicolor (tachycineta bicolor) y la golondrina aserrada (stelgidopteryx serripennis).
El río Bronx cruza el zoo situado en este barrio neoyorquino, y en sus aguas localicé una hembra de pato joyuyo (aix sponsa) con sus crías.
En una visita a unos amigos en Long Island, concretamente en Cold Spring Harbor, una mini-escapada que pude hacer al puerto fue de lo más fructífera, con especies como garza azulada (ardea herodias), ostrero pío americano (haematopus palliatus), andarríos maculado (actitis macularia) y cuervo pescador (corvus ossifragus).
Otras especies que también se han dejado ver en mi periplo norteamericano han sido garceta grande, martinete, cisne vulgar, ánades real y friso, gavión atlántico, charrán común, y los introducidos y abundantísimos estornino pinto y gorrión común.
En cuanto a mamíferos mencionar que la ardilla gris (sciurus carolinensis) es común en cualquier parque de la ciudad, la ardilla rayada (tamias striatus), de menor talla, es frecuente en el bosque que acoge al zoo del Bronx, y que el mapache (procyon lotor) no es difícil de ver en la periferia de cualquier zona húmeda de Central Park, siempre que se madrugue un poquito.
Autor de fotos (estatua de la libertad, turpial sargento, tórtola plañidera, Central Park y robín americano): Paco Chiclana

viernes, 5 de junio de 2009

Rumanía 2009








































EXCURSION ORNITOLÓGICA A RUMANIA
por Paco Chiclana
Del 16 al 23 de mayo de 2009

-.-.Participantes (según foto superior, de izquierda a derecha): Miguel Angel Carvajal, José Manuel Marín, Alfonso Barragán, Francisco Chiclana y Raimundo Martín.

.-.Especies destacables: somormujo cuellirrojo, cormorán pigmeo, pelícanos ceñudo y común, cisne vulgar, porrón osculado, gavilán griego, ratoneros moro y de estepa, pigargo, águila imperial oriental, águila pomerana, cernícalo patirrojo, perdiz pardilla, guión de codornices, canastera alinegra, correlimos falcinelo, gavión cabecinegro, gaviota cáspica, fumarel aliblanco, pito cano, pico sirio, lavandera boyera sbp feldegg, ruiseñor ruso, collalbas isabel y pía, zorzal real, carriceros agrícola y políglota, zarceros icterino, pálido oriental y escita, currucas zarcerilla y gavilana, mosquitero silbador, papamoscas papirrojo, carbonero lúgubre, alcaudón chico, cascanueces, corneja cenicienta y escribano cabecinegro.

Resumen.-
Viajamos desde Sevilla a Madrid, y desde allí a Bucarest, con Iberia. En Madrid, en la T-4, nos encontramos todo el grupo ya que procedíamos de distintos lugares. Los billetes de avión los adquirimos a primeros de año a un precio bastante barato, 70 euros Madrid-Bucarest, ida y vuelta.
En la capital rumana teníamos alquilada con Europcar una Opel Vivaro, grande y confortable. El precio para toda la semana fue de 540 euros. En el coche recorrimos unos 1700 Km. siendo la ruta, a grandes rasgos, la región de Dobrogea (tres días), interior del Delta del Danubio (un día) y Cárpatos (dos días). Hicimos noche en Mamaia, Murighiol, Tulcea y Bran.
Dedicamos muchas horas diarias al pajareo al amanecer a las cinco de la mañana y anochecer cerca de las nueve de la noche.
La temperatura ha sido similar a la que tenemos en Andalucía a mediados de mayo, algo fresca en horas extremas y calurosa en horas centrales. Sólo nos llovió algo la tarde que llegamos y la mañana de regreso, por lo que gozamos de buen tiempo en general. Para la preparación del viaje, y hoja de ruta, utilicé la información que me facilitaron amigos como Alex Onrubia, Dani López Velasco, Oscar Gutierrez, Gorka Belamendía, Alvaro Diaz Pastor, Andrés Requejo y J. A. Sencianes, a quienes quedo agradecido. También hice uso de algunos libros de dónde ver aves, guías de campo, mapas y de información colgada en internet.
Rumanía es un buen destino para la observación ornitológica al ofrecer muchas posibilidades. Personalmente me hubiera quedado observando aves entre Dobrogea y el Delta, pasando de subir a los Cárpatos, ya que el desplazamiento entre Tulcea y Brasov requiere casi un día de viaje y el tiempo es oro. Las carreteras son regulares y se emplean muchas horas en los desplazamientos, siendo obligado atravesar poblaciones y demás, con la consiguiente pérdida de tiempo. A veces hay que tomar ferrys para cruzar el Danubio y no siempre vienen bien los horarios. La ruta que nosotros realizamos en una semana la ofrecen los tour operadores ornitológicos para un total de diez días. Es un país fácil para ver aves, sin ayuda de guías locales, sólo necesitándose ésta para entrar en el Delta del Danubio al ser imprescindible moverse en barco, catamarán o similar. Nosotros contratamos un guía para el Delta que incluía visita en barco, comida y alojamiento. Lo hicimos con Diana Travel y resultó bastante satisfactorio.
Rumanía es un país pobre, en vías de desarrollo, donde se aprecia muy bien la diferencia entre regiones. En Dobrogea es notoria la pobreza, siendo reflejo de ello el transporte que utilizan: carro de madera tirado por caballo para el más pobre, un Dacia cascado (parecido a los antiguos Renault 12) para los no tan pobres, y un Dacia Logan para los más pudientes. En cambio, en los Cárpatos, zona de Brasov y Bran (lugar de ubicación del famoso castillo del conde Drácula) el bienestar es también patente (buenas viviendas y buenos coches).
El coste total de la semana de observación ornitológica por Rumanía ha sido de unos 600 euros por cabeza. La moneda de Rumanía no cotiza en España y el viajero se ve obligado a cambiar euros una vez llega al país. Nosotros lo hicimos en el aeropuerto, y aconsejamos preguntar en las distintas oficinas que hay al variar bastante el valor de unas a otras.
Se contabilizaron alrededor de 175 especies, de las que un buen puñado no se pueden ver en nuestra tierra.
Viaje ideal, y diría imprescindible, para los amantes de las aves del Paleártico.

16 de mayo.-
Llegamos a Bucarest a las tres de la tarde y mientras recogimos maletas, cambiamos moneda y demás historias, no cesamos de mirar por las ventanas del aeropuerto en busca de fauna alada. Y así vimos las primeras urracas, grajas, grajillas y cornejas cenicientas del viaje. Cruzamos la ciudad y, por fin, tomamos camino a Constanta, a Mamaia, a la costa del Mar Negro, donde habíamos reservado hotel para las dos primeras noches. Al poco de salir de la capital sobrevoló un halcón el coche, en vuelo muy rápido, dándome la impresión de que podía un peregrino. Algo más adelante, a un par de horas de camino, hicimos la primera parada en unos campos de cereal. Ansiosos de pájaros, disfrutamos de los primeros alcaudones dorsirrojos (muy comunes posteriormente) y gorriones morunos, mientras escuchamos codornices y calandrias. En el cielo observamos el enfrentamiento de un cernícalo vulgar y un halcón grande, posiblemente sacre, aunque no pudimos identificar bien a éste por la mala luz que tuvimos en ese momento. Un poco más adelante cogimos el cruce hacia Calarasi. Ya en esta ciudad, con Bulgaria frente a nosotros, y el gran Danubio por medio, observamos los también primeros pelícanos comunes en el río, acompañados de gaviotas patiamarillas. En los alrededores, una bonita carraca (también abundante posteriormente) y el primer alcaudón chico (algunos `bimbaban´ de lo lindo). Después tomamos un cruce cercano hacia una fábrica de carnes y embutidos (Aldis), atravesando un pequeño y rico bosquete donde sacamos pico sirio, pito cano y pito negro. Por el cielo vencejo, golondrina común y una daúrica. Por la zona curruca zarcera, tórtola turca, faisán, espátula, martinete y garza imperial. Casi anochecido volvimos hacia la autovía y tomamos dirección Mamaia, llegando ya bien entrada la noche. Nos alojamos en el Hotel Splendid.
17 de mayo.-
Con las primeras luces del día estábamos en marcha y camino de la playa en busca de gaviotas. Vimos algunas cáspicas, de varias edades, entre grupos de patiamarillas (poco después un ornitólogo local nos dijo que la mayoría de las gaviotas en estas playas del Mar Negro son cáspicas). Satisfechos del paseo pre-desayuno nos fuimos al hotel, escoltados por estorninos pintos, para recuperar energías en el buffet. Después a Navodari y a las piscinas de la refinería. Allí disfrutamos con los acrocephalus: en pocos minutos vimos carricero común y políglota, tordal y carricerín común…y bigotudos por todos lados. También alcaudón chico, escribano palustre, pájaro moscón, cisne vulgar, porrón pardo, gaviota enana, ostrero, y las primeras lavanderas boyeras: subespecies feldegg y dombrowskii, un híbrido entre ellas, y otro posible híbrido de feldegg con thumbergi. La mayoría de las que vimos en días sucesivos serían machos tipo feldegg. En arbustos cercanos localizamos un zarcero pálido de la raza oriental. Y pusimos rumbo al siguiente destino, Vadu y las zonas húmedas entre esta población y el Mar Negro. Allí más alcaudón chico y dorsirrojo, tarro blanco, cigüeñuela, avoceta, archibebe común, una inmensa colonia de cría de charrán común, los primeros pelícanos en vuelo, tanto comunes como ceñudos, correlimos común, zarapitín, menudo y, la joya de la mañana, varios correlimos falcinelos que vimos a huevo y en plumaje nupcial ¡¡no dábamos crédito!!. También chorlitejo patinegro, combatiente, ánsar común, lavandera blanca, garceta grande, avefría, garcilla cangrejera, gallineta, alcaraván, bigotudo, canastera común y boyeras tipos feldegg. En cuanto a rapaces, los primeros cernícalos patirrojos y la primera águila pomerana. A esas horas, sobre las dos de la tarde, el calor apremiaba y se acumulaban las tareas, como buscar una sombra para comerse el bocata, llegar a las lagunas de Istria y Nuntasi, etc. Hicimos una breve parada en el lago Istria y allí vimos cisne vulgar, un enfrentamiento de una pareja de patirrojos con un cernícalo vulgar y un ratonero que mostraba caracteres de estepa. Al no escucharse carricero agrícola decidimos ir al cercano lago Nuntasi en su búsqueda, encontrándolo sin problema, a la vez que nos sobrevolaron una pareja de pelícanos ceñudos y una nube de aviones zapadores. Mientras nos comiamos el bocata vimos bigotudo, buscarla unicolor, carricero tordal, un aguilucho lagunero con presa, etc. Y para refrescarnos un poquito buscamos el aire acondicionado de la furgoneta mientras haciamos el camino de Sacele a Gura Dobrogea. Es una pista de tierra que atraviesa parte de la zona rural de la región de Dobrogea, área bastante pobre donde se aprecia claramente que aquellas gentes necesitan ayuda inmediata. Por allí, triguero, cogujada común, calandria y abundante alcaudón dorsirrojo -muchos de ellos con pollos-. Y tras esto, un bonito y espectacular macho de escribano cabecinegro nos ayudó a salir del sopor de la tarde ¡¡¡menudo bimbazo!!! Estaba cantando en un campo de colza y el escenario era espectacular. Justo al lado de su posadero la hembra apareció en varias ocasiones con ceba en el pico, dejándose caer entre la vegetación. Contentísimos seguimos la ruta apareciendo después la primera collalba isabel en un pradito de escasa vegetación. Junto a ella una collalba gris con ceba. Y de Gura Dobrogea a Targusor, bonita ruta que atraviesa unos espacios maravillosos con mezcla de estepa y bosque. Allí el primer gavilán griego, un elegante macho que nos dio una pasada cercana (después veríamos más gavilanes griegos, siendo todos machos). Por la zona oropéndola (abundante durante todo el viaje), paloma torcaz, ruiseñor común, curruca zarcerilla y escribano hortelano, entre otros.
Era domingo y a la tarde había bastante gente campeando, en plan dominguero, pero no fue obstáculo para ver aves. De Targusor a Cheia la carretera atraviesa unos cantiles rocosos donde debíamos ver collalba pía y no nos falló, un bonito macho de movimientos nerviosos y espasmósdicos. Y en Cheia fuimos a la cantera del pueblo donde suelen verse bandos gigantes de estorninos rosados. Aquella tarde aún no habían llegado, pero sí disfrutamos de una hembra de collalba isabel con dos pollos crecidos. Un ornitólogo local nos comentó que los rosados suelen aparecer a finales de mayo y que aún era un poco pronto. Satisfechos pusimos rumbo a nuestro hotel en Mamaia.
18 de mayo.-
Es conocido que los jardines de la zona residencial de Mamaia, pegada al mar Negro, es lugar ideal para observación de paseriformes en migración y había que dedicar alguna horita a este menester. A primera hora conectamos el oído en una calle arbolada al lado del hotel y en unos 100 metros localizamos un papamoscas papirrojo, un zarcero pálido de la raza oriental, una curruca zarcerilla y, el boom de la mañana, un zarcero escita, todos visto de lujo ¡¡¡menudo inicio de día!!! Y también otros más habituales como colirrojo real, verderón, jilguero, papamoscas gris, etc. Después de esto dejamos el Hotel Splendid - algo apenados por no volver a ver a las chicas de recepción- y tomamos dirección norte. Al pasar por Ovidiu vimos en el cielo una impresionante madeja de aves que resultó ser un millar de pelícanos comunes volando en círculos, ofreciendo una observación inmejorable. Mientras contemplamos el vuelo acompasado de los pelícanos, un alcaudón chico curioseaba a nuestro alrededor. Y de allí a Ceamurlia de Jos, a ver que nos brindaban sus extensas llanuras y campos de labor. Vimos cigüeña blanca, calandria, alondra y alguna que otra lavandera tipo feldegg.
Avanzaba la mañana y teníamos el bosque de Babadag muy cerca. No teníamos mucho tiempo pero sí el suficiente para entrar en su interior, disfrutar de lo majestuoso de esa masa forestal y comernos un bocata en algún lugar de ensueño. Allí teníamos que sacar carbonero lúgubre y éste no se hizo de rogar, dejándose ver bastante cerca. Además buen repertorio de especies, como mosquitero silbador, zarcero icterino –ambos en un lugar paradisiaco-, azor, pico picapinos, totovía, escribano hortelano, pito cano, mosquitero común, trepador azul, carbonero palustre y ratonero común. Mientras el palustre ocupa las áreas más densas del interior del bosque, el lúgubre se mueve en las más externas, menos densas y más adehesadas. Qué lástima dejar aquel lugar tan bonito, pero teníamos que estar a media tarde en los lagos de Plopul para ir cubriendo objetivos. Pasamos por Enisala y vimos pelícano ceñudo y común, porrón pardo y común, pato colorado y fumarel común y cariblanco. Y a las cinco de la tarde, con puntualidad británica, llegamos al primero de los lagos a trabajar, Beibugeac. Montamos los teles y, de tirón, tres adultos majestuosos de gavión cabecinegro, uno acicalándose y los otros dos en actitud de reposo. Allí un montón de especies como archibebe claro, zarapito trinador, un macho de cernícalo patirrojo, fumareles cariblanco, común y aliblanco, una colonia de cría de charrán común, y algunas canasteras comunes tanto en vuelo como posadas. Comenté a la peña que podía haber alguna canastera alinegra por allí y, después de un rato de cuidada observación, sacamos al menos dos canasteras alinegras ¡¡guau!!. Después, un ornitólogo del lugar nos comentó que el año pasado hubo canastera alinegra en ese lago, merodeando y chequeando el lugar, aunque no llegó a criar. Contentos dirección al cercano lago Saraturi, donde sacamos también un buen número de aves: gaviotas cabecinegra, cáspica y patiamarilla, pagaza piconegra, focha, friso, rabudo, silbón, de nuevo los tres fumareles, porrón pardo, etc. Y de allí a Murighiol, en busca del tercer lago y de alojamiento. Nos quedamos en el Hotel Halmyris, bastante sencillito -y también con una simpática recepcionista-. Y, antes de oscurecer, hubo tiempo para llegar a la laguna y echar una ojeada. Lo más espectacular fue observar una agrupación cercana a dos mil cisnes vulgares, aunque ninguno de ellos parecía dedicarse a tareas reproductivas. De camino al lago vimos perdiz pardilla y alcaraván en unos pastos cercanos a la carretera y, de vuelta, chotacabras gris (sólo oído) y collalba pía, ésta a pocos metros del hotel, sobre una valla.
19 de mayo.-
Como siempre, a primera hora, estábamos disfrutando del frescor de la mañana y de los pájaros. Hicimos una escapadita antes del desayuno y localizamos, cerca del hotel, un macho de carricero políglota desgañitándose y dejándose ver y oír muy bien. También alcaudón chico y dorsirrojo, curruca zarcerilla y algún cormorán pigmeo en vuelo. Tocaba dejar el alojamiento para ir cubriendo etapas. Una mini-parada en Nufaru nos regaló el primer ruiseñor ruso (sólo oído), camino de Tulcea. Llegados a esta última localidad queríamos ir dirección Macin pero un error de cálculo nos hizo tomar la carretera a Agighiol. A unos 10 km. nos percatamos de que íbamos en dirección equivocada y retrocedimos nuevamente a Tulcea, viendo por el camino el primer ratonero moro. Nos aseguramos y cogimos la carretera adecuada, aquella que nos llevaría a pasar por Nalbant, Izvoarele, Horia y Greci, y que íbamos a tomar en busca de renombradas estepas y rapaces. Y no defraudó ya que conseguimos ver varios ejemplares de ratonero moro y un ratonero que mostraba caracteres de estepa, así como gavilán griego. Entre Greci y Macin paramos para comernos el bocata e intentar ver halcón sacre, aunque sin éxito con esta rapaz (la parada fue breve). De todas maneras, por estas llanadas y en los roquedos que la limitan localizamos una pareja preciosa de ratonero moro, un gavilán griego macho que no se cortaba en vuelos de exhibición, una pareja de collalba isabel cebando a sus pollos crecidos, pardillos comunes y tres cigüeñas negras en vuelo. Y después del aperitivo, con el sol tórrido sobre nuestras cabezas, de nuevo la Opel con aire acondicionado y algún kilómetro por delante para pasar la tarde en el bosque de Luncavita. Hicimos una breve parada en una cantera del camino y observamos un atrevido alcotán que la visitó en un par de ocasiones, suponemos en busca de los pequeños nidificantes de la misma: gorrión común y molinero. También por allí abejaruco y carraca.
Y aún teníamos tres horas de luz que queríamos pasar en el bosque de Luncavita. Nos lo tomamos con calma y decidimos saborearlo, relajadamente. Pico sirio en los chopos del camino, papamoscas gris, tórtola europea, zarcero icterino, cópula de alcaudón chico, pico picapinos, alcaudón dorsirrojo, paloma torcaz y un buen repertorio de rapaces: pomerana con una presa, ratoneros de estepa y común, y hasta cuatro ratoneros moros. Y como guinda al pastel, guión de codornices. Nos disponíamos a pasar los últimos minutos en un clarito del bosque cuando vino a mis oídos el famoso crex-crex. ¡Atención, tenemos un guión a nuestro lado! Llegamos a escuchar hasta tres aves distintas. A los pocos minutos un guión levantó el vuelo y nos dio una pasada de reconocimiento a pocos metros ¡fantástico! Quería saber quiénes éramos y, agradecido, nos regaló algo después otra nueva pasada. Con noche casi echada dejamos el lugar apenados por su belleza y por su sonido, sobre todo porque el guión seguía con su repetitivo reclamo. Después nos dijeron que allí no es reproductor, sólo migrante. Hicimos noche en el Hotel Delta, en Tulcea.
20 de mayo.-
Estábamos a las puertas del Danubio y habíamos quedado con Andu, guía de Diana Travel, para acceder a su interior. Nos llevó en una barca muy cómoda, con techo y todo para protegernos del sol y del calor. Además, una barca exclusiva para nuestro grupo. El Delta es inmenso y las distancias son muy grandes. Nosotros estaríamos allí de nueve de la mañana a seis de la tarde, y nos propuso ir al lago Fortuna por el canal central, dirección Maliuc, e ir parando en lugares idóneos. Por el camino vimos cormorán grande, moritos, paloma zurita, un cuervo acosado por una corneja cenicienta, martín pescador, garceta común, las omnipresentes y abundantes carracas (nos dijo Andu que en el humedal están especializadas en comer pequeños anfibios), y los omnipresentes y abundantísimos cucos (estuvieron casi por todos lados a lo largo de nuestro viaje). También ruiseñor ruso, mito, charrán común, fumareles común y cariblanco, seis pigargos adultos -preciosos en vuelo con su cola blanca-, y más y más cormorán pigmeo. Empezamos a verlos pescando en el agua, en grupos numerosos, y después desplazándose a los árboles, a descansar, mostrándose igual que en las imágenes que todos conocemos del Delta. El cormorán grande es más común en el exterior, donde el nivel del agua es mayor, y el cormorán pigmeo es frecuente en el interior, donde el nivel del agua es menor y abundan los peces pequeños. También localizamos un cisne vulgar con tres pollos, garza real, grupos de pelícanos comunes en vuelo y solitarios pelícanos ceñudos en agua, sobre todo en el lago Fortuna y alrededores. La fase de engalanamiento de los ceñudos es a finales de invierno, por lo que ahora no se ven tan bonitos como en las guías. También zampullín chico y cuellinegro, porrón moñudo y pardo, ánsar común, azulón, cerceta carretona, somormujo lavanco, y pitos cano y negro. Impresionante fue también observar una colonia mixta de grajas y cernícalos patirrojos en el interior del Delta, sobre árbol inundado, así como las dos sorpresas que Andu nos tenía guardadas: una hembra de porrón osculado con seis preciosos patitos, y cinco parejas de somormujo cuellirrojo, la mayoría con pollos y, una de ellas, con tres de ellos sobre sus espaldas ¡¡inolvidable!!. Llegamos a puerto sobre las ocho de la tarde y despedimos el día viendo una gaviota cáspica adulta que descansaba sobre una embarcación. Noche en el Hotel Tulcea, a orillas del mismo puerto.
21 de mayo.-
Como siempre, antes del desayuno, paseo pajaril. En el puerto alguna gaviota cáspica, reidora, y un alcotán cazando aviones. Después había que afrontar una larga y aburrida jornada de coche hasta los Cárpatos, hacia Bran, donde pasaríamos las próximas jornadas. Tomamos dirección Braila y fuimos dejando, a nuestra derecha, lugares interesantes como Somova y Parches, sin tiempo para dedicarles apenas unos minutos. Una mini-parada en un pequeño lago antes de entrar a Braila nos ofreció cormorán grande y pigmeo, más alcaudón chico. Cruzamos el Danubio por Braila, en un ferry, y después tomamos dirección a Buzau. Al salir de esta población hicimos otra mini-parada en un pequeño pueblo, con abundantes jardines, setos y huertos, y vimos curruca gavilana -aunque no demasiado bien para ser la única del tour-. Seguimos hacia Ploiesti, convirtiéndose en un suplicio la travesía de poblaciones. Y sobre las cuatro de la tarde arribamos a Sinaia, región de los Maramures, entrada a los Alpes de Transilvania, donde nos detuvimos a comer. Nos acompañaron en el bocadillo cuervo, petirrojo, trepador azul, reyezuelo listado y pinzones, estos con su reclamo distintivo y muy diferente al que hacen en nuestra tierra. Después paseo por Rasnov (calandrias en sus prados), Zarnesti y alrededores, dejándonos embaucar por la belleza de aquellas tierras y de sus castillos, añadiendo algunas especies más a la lista como zorzal común, acentor, mosquitero común, carbonero garrapinos, mirlo, herrerillo, picogordo, arrendajo, colirrojo real, etc. Nos alojamos en el Hotel Villa Bran Ebro, en Bran, regentado por un zaragozano, donde nos recibieron con una sangría.
22 de mayo.-
Una gozada amanecer en los Cárpatos y escuchar desde la cama el sonoro reclamo del zorzal real que después veríamos sin problema en los jardines del hotel. Dimos un paseo por el pueblo, siguiendo la estela del río, y observamos colirrojo tizón, mito casi cabeciblanco ¡¡qué guapo!!, currucas zarcerilla y capirotada, pico picapinos, carbonero común criando a su prole en el tubo de una valla. Tras el desayuno cogimos la furgoneta y dirección a Podu Dambovitei. Por el camino hicimos una parada para contemplar la belleza de aquellas montañas y, de paso, ver al bisbita arbóreo cantar como loco desde lo alto de una picea. Una vez en Podu Dambovitei tomamos una pista hacia Satic, paralela a una arbolada ribera aquerenciada al parque nacional Piatra Craiului. Allí sacamos cuervo, lavandera cascadeña, una hembra de gavilán común, ratonero común, carbonero garrapinos, mosquitero común, mirlo acuático, pito real, chochín, arrendajo y cascanueces, que se perdió rápido por la falda arbolada de una ladera.
Volvimos de Podu a Bran, aunque hicimos una parada antes de Fundata para tomar el bocadillo. Comimos en la unión de un fresco prado verde y un cerrado bosquete, observando refriegas entre verdecillos y lúganos. Tras el bocata, paseo por el bosque donde tuvimos carbonero garrapinos, reyezuelo listado y un fantástico papamoscas papirrojo que nos deleitó largamente con su canto y con su presencia.
De allí a las afueras de Zarnesti, donde lo más relevante fue águila real y una pareja de cascanueces ¡casi ná!. En el hotel celebramos nuestros éxitos brindando con unas cervecitas.
23 de mayo.-
Tristes por acabar el itinerario marcado recogimos las maletas y tomamos camino a Bucarest. La mañana estaba lluviosa, pero nos dio un respiro a la altura de Gorgota que lógicamente aprovechamos. Curruca zarcerilla, cuco persiguiendo a una oropéndola, carricero políglota cantando de lo lindo, cigüeña negra, zorzal común y, en un laguito cercano, chorlitejo chico y lavandera tipo feldegg. Y el mejor final para el viaje, una pareja de águila imperial oriental, en mayúsculas, que se acercó a darnos la despedida ¡¡¡increíble!!! La vimos durante unos minutos, en vuelo pausado, perdiéndose posteriormente tras unos árboles. No podíamos pedir nada mejor para terminar nuestro periplo rumano.
Autoría de fotos:
--pelícano ceñudo, cormorán pigmeo y somormujo cuellirrojo: Rai
--lavandera boyera: Alfonso
--escribano cabecinegro: Miguel
--grupo: Josema

martes, 24 de febrero de 2009

Gaviota de Ross en La Mancha 2009

Si me hubieran dicho cuando estaba viendo la hembra de Búho nival en Texel –Holanda- que el próximo “mega-bimbo” para apuntarme iba a ser una Gaviota de Ross en la Mancha húmeda, a más de 600 km de la costa, no le hubiera dado el menor crédito. Y en cambio así fue. Apareció la noticia, increíble en un principio, y al constatarse su veracidad era obligado hacer una visita a las lagunas de Alcázar de San Juan, a disfrutar de esta pequeña gaviota rosada que debía haber viajado varios miles de kilómetros para llegar al interior peninsular. Salimos de Sevilla a temprana hora del lunes 23 de febrero, y sobre las 10 de la mañana ya estábamos gozando de la laguna de La Veguilla y de toda su fauna alada, en especial de la ross que picoteaba relajada sobre la superficie. La gaviota nos ofreció un buen repertorio de imágenes, dejándose ver casi dos horas de manera ininterrumpida. Y de allí, plenos de satisfacción, nos fuimos a Villafranca de los Caballeros, a seguir pasándolo bien con el pajareo y, sobre todo, con los bigotudos. Y para aprovechar el día un poco más, si cabe, decidimos ver anochecer en la Sierra de Andujar, donde disfrutamos a tope de sus encantos. En resumen, una escapada de casi mil kilómetros que nos supo a gloria. Estuvimos allí Manolo Romero, Fernando del Valle, Ricardo Martín-Baylo y un servidor. María José Valencia, Xurxo, Samu Peregrina y Gonzalo Lage me informaron muy amablemente de la ubicación de la ross.
Autor de foto: Paco Chiclana

martes, 10 de febrero de 2009

Holanda 2009











































EXCURSION ORNITOLOGICA A HOLANDA 2009
por Paco Chiclana
Del 29 al 31 de enero
Participantes: Mario Martín, Ricardo Martín-Baylo, Fernando del Valle y Francisco Chiclana.
Amanecer en el entorno de un lago parcialmente helado con el ánimo de ver porrón coacoxtle y observar, entre otras lindezas, a un avetoro caminar lentamente sobre el hielo, a una becada dibujar su figura en la luz de la mañana, a acuáticas tan interesantes como porrón osculado, serreta grande y cisne cantor, y sentir, a la vez, en nuestras caras el gustoso frío del Mar del Norte, es todo un lujo que no se repite muy a menudo.
Hemos pasado tres días observando aves en Holanda y deleitándonos, además, con todo lo bueno que te ofrece aquella tierra. Aunque recorrimos gran parte del país, el esfuerzo pajaril lo centramos en el extremo noroeste, concretamente en los alrededores de Den Helder.
El objetivo principal era observar la hembra de búho nival que llegó hace algunas semanas a Texel, la primera y más grande de las islas que componen el archipiélago de Frisia, y fue logrado en una bonita mañana fría y soleada. Para ello nos desplazamos a un pólder cercano a Cocksdorp, donde la localizamos tras algunos intentos. Nos embargó una intensa sensación de placer cuando la tuvimos ante nuestros ojos. Además, el lugar era paradisíaco, con pastos repletos de barnaclas carinegras -bernicla y hrota-. Subidos al muro que separa el pólder del mar, pudimos contemplar eideres de todos los colores, bisbita costero, pardillo piquigualdo y un numerosísimo grupo de agujas colipintas bailando todas al unísono –pienso que superaban los tres mil ejemplares-.
El segundo objetivo era ver bandos de gansos donde no fueran todos ánsares comunes, como ocurre en la península. Y lo conseguimos en varias ocasiones, siendo la más impactante la que tuvo lugar en un pólder entre Stroe y Smerp, disfrutando de careto grande –albifrons-, campestre –rossicus- y barnaclas cariblanca, carinegra y canadiense. A su alrededor, varios zorzales reales alimentándose en las praderitas, junto a cisne vulgar y a un elegante azor vigilante en su posadero. También saltamos de alegría y compartimos felicitaciones cuando logramos ver ánsar chico en un pólder al norte de Camperduin, antes de llegar a Petten. Verlos caminar, alimentarse y moverse entre caretos grandes fue espectacular. Junto a ellos decenas de gaviotas canas y argénteas, con plumajes varios.
Y más y más aves, y más y más buenos momentos, como cuando alucinamos con el mar helado en Ijsselmeer. Seguro que dejará también huella imborrable en nuestra memoria las visiones de cisne chico –un grupo de adultos y un primer invierno en Texel-, de gaviota groenlandesa –en vuelo sobre un parque en Den Helder-, de perdiz pardilla –por fin las pude ver a placer en un prado al sur de Utrech-, de serreta chica –un precioso macho en un lago en Anna Paulowna-, de ratonero calzado –a las afueras de Eindhoven-, de corneja casera –en un puerto cercano a Rotterdam- , y de los atractivos y exóticos porrón albeola y serreta capuchona.
Como logística, decir que volamos con Ryanair desde Madrid a Eindhoven y viceversa, que cogimos una Ford con gran maletero que nos permitió meter todo el material, y que dormimos –aunque poco- en la cadena Stayokay. De Sevilla salimos en coche la tarde del día 28, y regresamos la tarde del día 1 de febrero. Holanda es pequeña y es rápido cruzarla de norte a sur si vas por autopista, pero al ser un país superpoblado el exceso de gente, casas, bicicletas y coches por todos sitios ralentiza mucho el moverte entre poblaciones. Gozamos de buen tiempo aunque frío, soleado y sólo nublado a veces. Por último, me queda agradecer toda la información que nos facilitaron Dani L Velasco, José Miguel Alonso Pumar, Rafa Armada, Rafa Romero y Javier Portillo (a quien conocí en Texel), y la tranquilidad que mostraron los gansos y que nos permitió observarles a relativa corta distancia, sin molestarles. También es obligado decir que http://www.waarneming.nl/ fue una herramienta crucial para localizar a las aves. Aconsejo llevar información actualizada, las coordenadas y los planos que nos regala esta web, ideal para reconocer el sitio buscado. Y, finalmente, decir que Holanda es un destino perfecto para ir unos días en invierno, que seguramente repetiré en el futuro. Está cerca y te permite anotar en el cuaderno de campo un buen número de especies inusuales por el sur.
Autor de fotos.-
--búho nival, ánsares campestre y careto, barnaclas carinegras, serretas capuchona y chica, y cisne cantor: Fernando del Valle
--grupo: Ricardo Martín-Baylo

domingo, 8 de febrero de 2009

Láridos en Huelva 2009
















































Hasta 13 especies de gaviotas en unas horas de observación en el dique Juan Carlos I de Huelva, en la mañana del día 7 de febrero. Como bien decía mi amigo Manolo Villaécija, la calidad y la cantidad iban unidas de la mano. Destacaban sobre manera los varios cientos de gaviotas tridáctilas (en su mayoría adultos) que se dejaron ver jugando en el rompeolas. Los gaviones hiperbóreo y atlántico, y las gaviotas groenlandesa, argéntea, patiamarilla, sombría, enana, cana, picofina, cabecinegra, de Audouin y reidora, se sumaron a la fiesta, acompañadas de otras aves marinas como pagaza piquirroja, págalos grande y parásito, paiño común...y todo condimentado con una luz especial. Las marismas del Odiel han vuelto a sorprender y han superado todas las expectativas. Y el día 14 aún seguían bastantes por allí.

Autor de fotos: Paco Chiclana (todas son del día 7 de febrero, a excepción de la gaviota hiperbórea adulta que es del día 14 de ese mes, y de la gaviota groenlandesa -kumlieni- que es del día 12 de marzo).