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martes, 6 de octubre de 2009

Cabo de San Vicente, Portugal

He visitado el Cabo de San Vicente en varias ocasiones, pero la realizada los días 26 y 27 de octubre de 2014 revistieron un encanto especial. Fui acompañado por mi mujer y realmente estuvimos sólo algo más de 24 horas, aunque resultaron muy fructíferas. La playa do Martihnal, en Sagres, tenía citado un correlimos de Bonaparte los días previos, y fui para allá en su búsqueda. Al llegar parecía imposible relocalizarlo ya que el lugar estaba a tope de gente, muy concurrido y con mucho bullicio en la playa. Monté el tele y empezé el chequeo avistando especies interesantes como bisbita alpino, lavandera cascadeña y un gritón torcecuello que reclamaba insistentemente desde la espesura que rodea al lago. Con la puesta de sol la gente abandonó la playa y el limícola entró a alimentarse con un grupo de chorlitejos patinegros. La alegría fue total e insuperable cuando le eché el ojo. Quise perpetuar el momento tomando algunas fotos con el móvil a través del telescopio, ya casi en la oscuridad. Son bastante deficientes pero válidas como testigo de las conversaciones que mantuvieron el divagante americano y el patinegro luso. 


Otro acontecimiento pletórico fue la observación de aves marinas desde el Cabo. Trenes continuos de alcatraces -mayoritariamente adultos-, págalos grandes, pardelas baleares  y negrones fueron las especies más habituales. Aunque el momento más entrañable fue al amanecer, cuando chovas piquirrojas y colirrojos tizones se acercaron a cotillear mi actividad. 


Los pinares de La Cabranosa dieron también una alegría suprema con dos mosquiteros bilistados que se alimentaban entre comunes y totovías. Lástima que mi cámara de fotos no me acompañara en ese momento, cuando uno de ellos se exhibió bastante bien. Curiósamente apenas emitieron reclamos en la hora de observación, cosa totalmente opuesta a los bilistados que vi y escuché en Ouessant, Francia. 
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Estoy completamente enamorado del Cabo de San Vicente y de la Punta de Sagres,
áreas más al oeste en el sur peninsular. De ellos me gusta todo: como se
pelea la tierra con el mar y descarga su fiereza contra el cantil
rocoso, como el viento modela el paisaje y doblega al arbusto más
rebelde, como se aproximan las nubes y descargan sobre
el faro, como las aves te sorprenden en cualquiera de esos confines...Allí
las pelágicas parecen serlo menos y se acercan a la costa para saborear estos encantos. Aunque cierto es que para observar bien algunas de las especies que aparecen en las magníficas fotos de Goyo, así como algunas de paíños -común, de Wilson y de Madeira- tuvimos que adentrarnos algunas millas en el mar (octubre de 2009).

Autor de fotos (paisaje, págalos pomarino, grande y parásito, párdelas balear, capirotada, cenicienta y sombría): Goyo Para