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martes, 19 de julio de 2011

Turquía 2011

grupo en Birecik © A Barragán

acentor de Radde © JA Lama

trepador de Kruper © JA Lama

abejaruco papirrojo © JA Lama

escribano cabecinegro © JA Lama

ibis eremita © JA Lama

gorrión de garganta amarilla © JA Lama

gorrión del mar Muerto © JA Lama

martín pescador de Esmirna © JA Lama

zarcero de Upcher © JA Lama

mosquitero del Cáucaso © JA Lama

mosquitero verde © JA Lama

chorlitejo mongol grande © JA Lama

curruca de Menetríes © JA Lama

alondra cornuda © JA Lama

estornino rosado © JA Lama

petirrojo gorgiblanco © JA Lama



EXCURSION ORNITOLÓGICA A TURQUIA
por Paco Chiclana

DEL 13 AL 22-05-11

Participantes:
-José Antonio Lama
-Oscar Rodríguez
-Alfonso Barragán
-Paco Chiclana

Especies destacables.- gallo lira del Caúcaso, perdigallo del Caspio, francolín común, perdiz chukar, perdiz gorgigrís, cormorán pigmeo, ibis eremita, águila imperial oriental, ratonero moro, gavilán griego, chorlitejo mongol grande, avefría espolada, tórtola senegalesa, autillo de Bruce, martín pescador de Esmirna, martín pescador Pío, abejaruco papirrojo, pico sirio, pico dorsiblanco, terrera asiática, calandria bimaculada, alondra cornuda, acentor de Radde, petirrojo gorgiblanco, collalba Isabel, collalba rubia oriental, collalba de Finsch, collalba kurda, buitrón elegante, curruca zarcerilla, curruca mirlona oriental, curruca de Menetríes, zarcero grande, zarcero de Upcher, zarcero pálido oriental, mosquitero oriental, mosquitero del Caúcaso, mosquitero verde, papamoscas papirrojo, papamoscas collarino, carbonero lúgubre, trepador de Kruper, trepador rupestre, trepador armenio, alcaudón chico, bulbul cabecinegro, tordino iraquí, corneja cenicienta, estornino rosado, gorrión del mar Muerto, gorrión pálido, gorrión de garganta amarilla, pardillo piquigualdo, verdecillo carinegro, camachuelo carminoso, camachuelo rosado, escribano ceniciento, escribano cinéreo, escribano cabecinegro.

Resumen.-
Viajamos desde Sevilla a Madrid con Iberia, y desde allí a Adana, escala en Estambul, con Turkish Airlines. El billete nos salió caro, alrededor de 550 euros.
En Adana teníamos alquilada con Europcar una Hyundai Starex, que resultó demasiado grande, cara e incómoda, pero la oferta de coches en esa ciudad era muy baja y no tuvimos más opciones. El precio para toda la semana fue de 1.200 euros. Tan sólo tuvimos una autopista en el sur (entre Adana y Gaziantep) para la que fue necesario comprar una tarjeta en la misma vía de la que se descontaba saldo en los peajes. El resto de las carreteras dejaban mucho que desear; igual te encontrabas tramos muy buenos que tramos horribles, además de que prácticamente todas estaban en obras, a lo que se añade que muchos turcos conducían como les parecía, sin atenerse a las normas. En el coche recorrimos unos 3.700 Km. siendo la ruta, a grandes rasgos, Adana, Durnalik, Birecik, Yesilkent, Dermikazic, Sultan Marshes, Nemrut Dagi, Sivrikaya y Adana nuevamente, siempre en la Turquía del Este o asiática. Hicimos noche en Adana (1ª), Gaziantep (2ª y 3ª), Cukurbag (4ª), Malatya (5ª), Erzurum (6ª), Ikizdere (7ª), Sivas (8ª) y aeropuertos de Adana y Estambul (9ª). Teníamos reservado alojamiento para las cuatro primeras noches, lo que resultó muy cómodo. En cambio fue casi una pesadilla buscar hotel para las noches restantes ya que la oferta era bastante reducida. En las ciudades pequeñas no había nada aceptable, y en las grandes pocos hoteles y todos en el centro, siendo necesario cruzar toda la ciudad para llegar a ellos. La media nos ha salido a 45 euros por cabeza en habitación doble, con cena y desayuno incluido. Otro problema para buscar alojamiento era que prácticamente nadie hablaba inglés, teniendo que recurrir generalmente a los gestos y al google traductor. El gasoil también estaba caro (alrededor de 1,5 euros/litro), por lo que sumado al alojamiento y comida, el resultado final ha sido un viaje algo caro, por encima de lo presupuestado, aunque ha merecido mucho la pena, tanto por las especies observadas como por los escenarios maravillosos que nos hemos encontrado. Además, hemos visitado gran parte del país conociendo su cultura, su gastronomía, sus gentes, sus costumbres, su desarrollo social y económico, etc.
Dedicamos todas las horas de luz al pajareo, a excepción de aquellas que pasábamos dentro de la Hyundai en los desplazamientos. Amanecía sobre las cinco de la mañana y anochecía sobre las siete de la tarde.
Casi todo el tiempo hemos estado por encima de los 1.000 metros de altitud dado que es un país muy montañoso, con paisajes nevados casi siempre en el horizonte. Ello se ha traducido en temperaturas agradables, no elevadas, a excepción del día que pasamos en Birecik donde el calor apretó de lo lindo. En el norte, en las montañas nevadas de Sivrikaya, tuvimos que tirar en cambio de ropa de abrigo. Casi todos los días nos llovió algo a la hora del bocadillo y gozamos de buen tiempo en general. Para la preparación del viaje, y hoja de ruta, utilicé la información que me facilitaron amigos como Oscar Gutiérrez y Rafa Romero, un report de los hermanos Portillo y algún consejo de Dani López Velasco, a quienes quedo muy agradecido. También utilicé las Gosney –Eastern Turkey y Ankara to Birecik-, varios report bajados de internet resultando muy útiles el de Christoph Moning y Gerlinde Taurer (septiembre 09) y, especialmente, el de Klaus Malling Olsen (mayo 05, 06 y 07). Llevábamos un navegador que resultó muy eficaz y un mapa de carreteras de Cartographia con escala 1:900.000, adquirido previamente en España. De no haber llevado navegador el mapa habría sido insuficiente ya que no recoge pequeños pueblos y pequeñas carreteras. Aprovecho para reseñar que en Turquía hay tanto pueblos sin nombre como varios pueblos bautizados con el mismo, lo que puede complicar la cosa.
Turquía es un buen destino para la observación ornitológica al ofrecer muchas posibilidades. Hicimos la ruta clásica que discurre por el este del país, aunque no tuvimos tiempo suficiente para visitar el lago Van y alrededores, lo que quedará para un posterior viaje, quizás unido a las montañas de Georgia. Tampoco tocamos el Delta del Goksu ya que no nos iba a ofrecer ninguna especie nueva. Y ni nos planteamos ir a Cizre por la avefría india ya que conllevaba realizar un desvío demasiado grande para el tiempo disponible. En la preparación del viaje estudié la posibilidad de entrar por Adana y salir por Erzurum, aunque nos salía mucho más caro, por lo que fue Adana la puerta de entrada y salida del país, vía Estambul.
La Turquía del Este es bastante rural y pobre, aunque emergente y en crecimiento, y dentro de poco posiblemente será un país bastante fuerte. La moneda es la lira turca (TL), que cotiza en España con un cambio aproximado de 0,5 euros. En la mayoría de los hoteles aceptaban el pago en euros.
Viaje ideal, y diría imprescindible, para los amantes de las aves del Paleártico.
Sólo haré referencia a las especies que me han parecido interesantes y no a todas las observadas.


13 de mayo.-
Salimos de Sevilla a las 7:00 horas y llegamos a Adana a las 21:30 horas. Recogimos maletas, coche y rápidos al hotel a descansar un poquito.

14 de mayo.-
A primera hora salíamos del hotel ansiosos de pajareo. Adana –ya aparecida en la Iliada de Homero- está al sur del país, a unos 30 km de la costa, al suroeste de los montes Tauro, siendo conocida por albergar tierras muy fértiles. Mientras abandonábamos la ciudad algún compañero empezó a bimbar con corneja cenicienta, tórtola senegalesa y bulbul cabecinegro. Nuestro primer destino eran las huertas de Durnalik y nos moríamos por llegar lo más pronto posible (las dos horas de autopista –E 90- se nos hicieron interminables). Esta zona forma un círculo entre los pueblos de Yesilce, Durnalik e Isikli, a media hora de Gaziantep, y resulta sumamente interesante para observar un buen número de especialidades turcas. Justo de después de Yesilce hay una cantera con tráfico intenso de camiones, pero no aguantábamos más y nos tiramos de la furgo en busca de pájaros. Huertas y buenas laderas de monte mediterráneo eran el escenario, adornado con un montón de aves. Imaginaba que el petirrojo gorgiblanco iba a ser el primer bimbazo general del viaje y así fue, un precioso macho que vino a exhibirse a nuestro lado. Poco después eran varios los petirrojos que se movían por la zona, entre persecuciones de machos y hembras. Y más alegrías para el cuerpo: zarcero de Upcher y zarcero grande a placer, curruca mirlona oriental, escribano cabecinegro, una familia de mitos de garganta oscura–subespecie tephronotus-, un par de ratoneros moros en el cielo, y nosotros alucinados. La furgo la habíamos dejado mal aparcada, mucho camión ruidoso y, ya algo saciados de pajareo, decidimos movernos a algún sitio más tranquilo. Para ello cogimos una pequeña pista de tierra que hay justo pasado Durnalik, y que se interna en unas animadas huertas con algún regatillo de agua. Nos detuvimos en el primero que encontramos y disfrutamos del bullicio de aves a su alrededor: una pareja de escribano cinéreo –subespecie semenowi de machos muy amarillentos-, zarcero grande, currucas zarcerilla y zarcera, bulbul cabecinegro, carbonero común –subespecie intermedius, más pálido-, entre otros. En las huertas había mucho lugareño trabajando y nos ofrecían generosamente lo poco que tenían, además de su amado té (le llaman chai). Apretaba el hambre y pensamos en subir a Isikli en busca de algo de alimento. Para ello se coge el carril que asciende a la cantera y que se reconoce por el tráfico de camiones y, una vez en el alto, se toma la pista hacia el pueblo, distante también muy pocos kilómetros. Compramos algo de pan, fruta y fiambre turca, bastante picante y casi incomestible, y nos hicimos el bocata en el coche ya que fuera llovía tela. Poco después de la lluvia, interesante paseo por el alto entre Durnalik e Isikli: alcaudones común –subespecie niloticus, de gran mancha blanca en primarias- y dorsirrojo, collalba rubia oriental, alzacola –subespecie syriacus, bastante más grisácea que la nuestra-, escribano ceniciento y el único carbonero lúgubre del viaje, perteneciente a la subespecie anatoliae, de píleo y garganta algo más oscuros. Descendimos un poco en busca de las laderas de monte mediterráneo del ascenso y no defraudaron: curruca zarcerilla y zarcero de Upcher cantando y marcando territorio, las primeras perdices chukar y varios escribanos cinéreos también reclamando pareja, y los también omnipresentes escribanos cabecinegros. Y un bonito trepador armenio, bastante grandote, con ceba en dirección a su nido, mostrándose en lo alto de una roca. Poco después, otro bonito paseo por el alto con más petirrojos gorgiblancos y el primer trepador rupestre en un cortado rocoso, también con ceba. Casi al caer la tarde volvimos a Isikli en busca de agua y, para terminar el día, intentamos subir a unos altos que quedan a la derecha del pueblo viniendo de Durnalik. Esos altos se ven bien desde la misma aldea y son mencionados como paisaje lunar en distintos trip-reports, y para ello se debe enganchar la pista un poco antes de salir del pueblo. La subida fue entretenida mientras varios pastores bajaban de la montaña recogiendo su ganado. Halcón peregrino, collalba rubia oriental, curruca mirlona oriental, zarcero de Upcher, escribanos cabecinegro y cinereo, gorrión chillón, trepador armenio, petirrojo gorgiblanco, etc. Personalmente buscaba con ahínco a gorriones pálidos, citados algunos años en esa zona. Es una especie complicada, escasa y no regular, y así se comportó ya que sólo conseguí escuchar alguno. Casi de noche regresamos en busca de la furgo, cansados pero contentos, aunque menos que los niños que jugaban felices en las calles con mucho menos recursos que los niños occidentales, mientras el almuédano llamaba a la oración desde la mezquita (hasta en la más pequeña aldea había un minarete para convocar a las cinco oraciones diarias obligatorias). Saliendo de Isikli, dirección Yesilce, vimos un par de chotacabras grises cuando todos los gatos son pardos. Dormimos en Gaziantep, posiblemente el lugar donde se emplazó la ciudad helenística de Antioquia de los Montes Tauro. Algo curioso es que a la entrada de cualquier ciudad hay un cartel indicador con el número de habitantes y la altitud a la que se encuentra.

15 de mayo.-
Hoy tocaba Birecik, lugar mítico para aquellos que leemos sobre pajareo en otros países por ser el mejor lugar para ver perdiz gorgigrís, gorrión de garganta amarilla o ibis eremita, por ejemplo. Salimos del hotel muy temprano y ya a las seis de la madrugada la calle era un hervidero de gente. Curioso este país donde hay personas en las calles a todas horas, con las tiendas de ropa o fruterías abiertas las veinticuatro horas, con gente cortándose el pelo a las doce de la noche, con albañiles enluciendo paredes a la una de la madrugada, con una generosidad abrumadora en sus gentes que no deja de sorprender a los que nos consideramos hijos de la Europa civilizada.
Birecik es una ciudad grande en comparación con los pequeños pueblos que habíamos conocido el día anterior. La alcanzamos algo tarde para la consecución del primer objetivo propuesto que era la perdiz gorgigrís, dado que es sabido que hay que estar en el wadi principal o Wadi Ibis a primerísima hora. Este wadi es un cauce estrecho, encajonado, casi seco, que parte justo al lado de la entrada al Centro de recuperación del Ibis eremita, regentado por WWF. El guía del centro, que sí habla inglés y es bastante simpático, nos explicó que la perdiz, escasa, suele verse a unos dos kilómetros de caminata y, que tras los primeros paseantes, suele irse a lo alto de las paredes del barranco. Y estaba en lo cierto, ya que a la distancia mencionada vimos dos perdices volar en los altos de la pared. Aprovechamos un pequeño camino trazado en la ladera, supongo por pastores, y subimos arriba desde donde vimos nuevamente a las perdices aunque no tan bien como hubiéramos querido. Decidimos volver pero relajadamente para disfrutar de las aves que habíamos escuchado o visto fugazmente en nuestra ida. Y así vimos más zarcero de Upcher, un mínimo de tres preciosos machos de curruca de Menetríes –subespecie rubescens, con menos rosa en garganta y pecho-, mucho gorrión chillón, bastante carraca, ratonero moro y alguna pareja de ibis eremita criando en los cortados arenosos. Y llegados a los pistacheros, que hay junto a la entrada del wadi, echamos una ojeada a los gorriones y se localizó un espectacular macho de gorrión de garganta amarilla que se dejó hasta fotografiar. Y justo al lado, en los pinares de la entrada, un pico sirio reclamando y tamborileando, que también se dejó ver bastante bien. Apretaba el calor y nos acercamos a las orillas del río Euphrates a la búsqueda de fruta fresca, aunque antes compramos algunas camisetas y recuerdos en unos puestos a la entrada del centro de recuperación del Ibis eremita. Los últimos ibis salvajes se extinguieron en 1989 y la población actual se mantiene en régimen de semi-cautividad, criando gran parte de ellos en el interior del centro, en unos grandes cajones, y el resto en cortados de los alrededores.
A eso de media mañana nos fuimos a la ribera del Euphrates a la búsqueda de los tordinos iraquíes. La zona buena es la que queda justo frente a la ubicación del centro del ibis, en la orilla opuesta, en las graveras o canteras (en la misma orilla del archiconocido Hotel Merkelam –aparecido en casi todos los trip-reports-, cruzado el puente). Como era de esperar, según todos las crónicas leídas, las temperaturas en esta ciudad, cercana a la frontera con Siria, suelen ser elevadas. Muy bonito río que nos ofreció cormorán pigmeo, martín pescador Pío, avefría espolada –una parejita-, una gran masa de aviones zapadores criando en una islita, corneja cenicienta y algunos buitrones elegantes insistentes con su canto. Como apretaba el lorenzo, nos fuimos a unas huertas en la misma orilla, buscando la sombra, y pudimos ver bastante gorrión del Mar Muerto, escribano cabecinegro, corneja cenicienta y alzacola –ssp syriacus-. Y a eso de las dos de la tarde, con el sol picando fuerte, se escucha el canto del francolín, miramos alrededor y lo vemos en lo alto de un montículo, desgañitándose. Lo cierto es que no dábamos crédito ya que lo pensábamos buscar a la caída de la tarde, como es tradicional, y no a esa hora tan calurosa y central del día (supongo que tendría las hormonas totalmente revueltas). Estábamos muy contentos con la orilla del río pero teníamos que buscar un refugio para comer a la sombra, y nos fuimos a Birecik, a una pizzería. Después nos dimos una vuelta por el Gulhane Tea Gardens, lugar de referencia para el Autillo de Bruce o persa, a ver qué se cocía. Estaba repleto de lugareños tomando té y jugando a un curioso juego de mesa; preguntamos a los camareros y nos enviaron a un chico que sabía inglés y nos dijo que los autillos persas seguían allí, aunque últimamente los habían fotografiado con flash y se habían asustado y movido de ubicación. Dimos una vuelta a ver si se veía alguno por los tradicionales lugares de descanso –alrededor de la fuente azul- o de cazadero –esquina suroeste del parque-, pero no tuvimos suerte, y decidimos irnos para volver a la noche. En los jardines del café vimos varios mosquiteros orientales mientras buscábamos a los autillos. Pusimos la directa y nos largamos nuevamente a la orilla opuesta al Centro del ibis eremita donde, aparentemente, se movían los tordinos. Cuando llegamos nos encontramos con que se había levantado un fuerte viento, bastante molesto, y con unos birders que acababan de ver a uno de los tordinos. Nos colocamos en puntos estratégicos y conseguimos ver, algunos mejor que otros, al escondedizo tordino durante unos segundos. La tarde se volvió fresca, con cielo cubierto, lo que pareció gustar bastante a los francolines de la zona ya que mucho antes de oscurecer teníamos un coro de ellos, con hasta tres distintos machos emitiendo su canto ronco a ver cual se escuchaba más fuerte, y dejándose ver perfectamente. Mientras buscábamos nuevamente a los tordinos, vimos varios ejemplares de gorrión del mar Muerto, con algunos machos preciosos. Los mismos birders que nos anunciaron al primer y único tordino, poco después nos pasaron la localización de un par de abejarucos papirrojos que estaban en una pequeña hoya de terreno cercana, refugiados de la ventolera reinante. Dos pájaros preciosos que nos dejaron boquiabiertos. De nuevo, en la orilla del Euphrates, varios carriceros comunes de la subespecie fuscus, de partes inferiores más pálidas.
Caída la noche fuimos nuevamente a la búsqueda del Autillo de Bruce. Como he comentado antes, el lugar típico es el Guhlane Tea Gardens. Este café está en la orilla del Euphrates, junto a otros cafés, terrazas y parques situados a lo largo del río, en una especie de paseo fluvial. El día en cuestión era domingo y aquello estaba atestado de gente a nuestra llegada, sobre las 19,30 h de la tarde. Vimos moverse un búho chico, algún chotacabras gris y, ante tanto ruido de personal, decidimos ir a cenar algo y dar tiempo a que se despejara la zona. Volvimos a las 21 horas y ya había algunos birders apostados en los cazaderos, justo en la parte sur del café Guhlane, al otro lado de la valla. Al llegar nos dijeron que lo habían visto en tres ocasiones, aunque sólo fugazmente. Significaba ello que los autillos pasaban de la gente y del ruido y que se ponían activos al ocaso, independientemente de que hubiera más o menos movida por allí. Tuvimos que esperar casi una hora hasta que lo vimos volar y posarse sobre nuestras cabezas, dejándose ver relativamente bien, al mismo tiempo que en la terraza de enfrente sonaba una rumba catalana ¡increíble!. Dormimos nuevamente en Gaziantep.

16 de mayo.-
Tocaba moverse hacia las montañas de Demirkazic, y a primera hora levantamos el campamento y nos pusimos mano a la obra. Tomamos la carretera que asciende hacia el norte por Kahramanmaras y Goksum y nos desviamos hacia Tufanbeyli por la 815, y fue un acierto. Hicimos la primera parada en Yesilkent, pequeño pueblo con un prado precioso a su alrededor a 1.550 metros de altitud. Eran varias las calandrias bimaculadas que se afanaban en tareas de cortejo mostrándose divinamente. A media mañana nos comimos unas frutas observando al lado de la furgona lavandera boyera, subespecie feldegg, collalba Isabel y un bando de unos veinte estorninos rosados que nos sobrevolaron varias veces -éstos hicieron que el aperitivo de media mañana supiera aún mejor-. Los kilómetros que nos quedaban hacia Tufanbeyli estuvieron repletos de alcaudones chicos, con uno cada cien metros más o menos –nunca he visto una densidad tan elevada- y, a partir de allí, curiosamente, el alcaudón abundante fue el dorsirrojo. Y de Tufanbeyli a Guzeli nos paramos en el primer pinar que vimos en busca del trepador de Kruper y tardamos segundos en verlo –una chulada de pájaro-. Y también petirrojo gorgiblanco y una hembra de papamoscas collarino. Apretaba el hambre y nos paramos a comer en el primer puerto de montaña que ascendimos –dirección Develi-, con curruca zarcerilla, escribano hortelano y azor, entre otros. Y queríamos llegar a Cukurbag antes de que anocheciera para hacer una parada en Pinarbaci, y así lo hicimos. Sobre las cinco de la tarde estábamos en la pequeña aldea de Pinarbaci con prismáticos y teles preparados. Justo al lado del cementerio parte una pista de tierra que asciende ligeramente frente a un buen cortado rocoso. Ideal para collalba de Finsch, que vimos sin mucho problema –un precioso macho- y un buen número de aves de montaña como verdecillo carinegro –un bonito grupo de machos y hembras que deambulaban de aquí para allá con los machos reventones de celo y las hembras totalmente embobadas ante aquellos bellezones-, perdiz chukar, y los primeros gorriones alpinos ¡lugar inolvidable! Y casi anochecido a Demirkazic, en busca de la pensión del guía Basar Safak, en Cukurbag, donde íbamos a alojarnos. La pensión se llama Oz Safak Pansion. Es un guía joven, bastante simpático y que habla inglés –importante allí- y que te lleva a ver perdigallo del caspio. Su dirección electrónica para contacto es ozsafak@hotmail.com
La pensión está en un paraje de ensueño, en medio de las montañas Aladag (el pico más alto es de 3.767 metros). Son unas montañas muy conocidas por su belleza, por la espectacularidad de sus paisajes, por sus rutas senderistas y por sus aves, en especial por la relativa facilidad para ver perdigallo del caspio de la mano de Basar Safak. Nos recibió este chico, nos alojamos y cenamos bastante pronto, con una luna llena en el horizonte que nos dejó alucinados, oyendo a la vez autillo europeo. ¡Ah! Y nos tomamos las primeras cervezas turcas marca Efes, bastante buena. Tempranito a dormir ya que a las tres de la mañana se tocaba diana. Basar Safak nos dijo que llevaba varios días lloviendo en la zona y que no había podido subir en busca del perdigallo, pero que los pronósticos para mañana eran de tiempo soleado ¡cojonudo!

17 de mayo.-
A las tres de la mañana ya llevaba algún tiempo despierto pensando en la aventura del día. Desayunamos y, bien pertrechados para contrarrestrar el frío, nos subimos al tractor de Basar. Una hora de ascenso en el tractor en busca de las montañas, y con los claros del día ya estábamos escuchando a los perdigallos. Empiezan a cantar los machos en los puntos más elevados de las montañas y, poco a poco, van descendiendo en busca de hembras. El entorno era inolvidable. Mientras oíamos a los perdigallos, teníamos a nuestro lado acentor de Radde, numeroso, collalba gris –subespecie libanotica, de machos algo más claritos-, roquero rojo y bastante gorrión alpino y acentor alpino en los neveros –acentores de la subespecie montana, menos estriados en partes superiores-. A los pocos minutos fueron dejándose ver los gallos y conseguimos ver bastante bien cuatro perdigallos del Caspio, incluida una pareja en la pared rocosa de nuestra espalda, y alguna chukar cantando también en las cimas más altas. También camachuelo rosado –subespecie sanguineus, de nuca amarronada- y algún verdecillo carinegro en vuelo. A las nueve, más o menos, de nuevo al tractor y a la pensión en busca del desayuno y de las maletas. Habíamos acordado con Basar 45 euros por cabeza, aunque nos salió más caro debido a que pagamos en euros y el cambio no fue favorable, y a que habíamos reservado para cinco y al final fuimos sólo cuatro los viajeros. Sobre el mediodía, de nuevo carretera. La idea era conducir hasta Malatya y hacer una parada en la Sultan Marshes o Sultan Sazligi para observar a la terrera asiática o mongol, recientemente separada de la terrera marismeña. Llegamos a Ovaciftlik y rápidamente estábamos a la entrada de las marismas. Un cartel indicaba que no se podía acceder en vehículo, pero desde la misma entrada vimos dos terreras asiáticas muy bien (Calandrella cheelensis aharoni), alguna collalba Isabel y varios estorninos rosados alimentándose (buen año de rosados). Al lado de la entrada está Sultan Pansiyon, Bird Paradise, donde dan comida típica de la zona, y de allí nos vino un señor ofreciéndose como guía para observar aves en las marismas. Le dijimos que sólo estábamos interesados en ver chorlitejo mongol grande y dijo que esta temporada había bastante, aunque ante nuestras dudas decidió llamar a otro hombre que decía ser un buen guía. A los veinte minutos estaba allí –hablaba buen inglés- y nos aseguró ver en un par de horas, como mucho, varias parejas reproductoras de mongol grande, aunque a un precio abusivo (150 euros). Regateamos pero no conseguimos rebaja, por lo que exprimimos los bolsillos y nos montamos en un Lada niva bastante cascado para adentrarnos en las marismas del Sultán. Aquello era un espectáculo de vida –parecía que habíamos vuelto a Doñana pero rodeados de montañas nevadas- y nosotros dando saltos dentro del Lada que estaba tan cascado que a los pocos minutos se le cayó hasta el tubo de escape. Nos temíamos lo peor, pero este tipo consiguió llevarnos hasta una praderita donde había una pareja preciosa de chorlitejo mongol grande con tres pollitos. Los vimos con el tele para no molestarlos y le pedimos al guía volver ya que no creíamos que el Lada aguantara mucho más tiempo andando. El mongol que vimos pertenece a la subespecie columbinus, de menor talla en el pico. Casi echamos la casa por la ventana pero decidimos comer en el restaurante para descansar un poquito y huir del calor, y tomarnos también unas Efes. Y de nuevo a la carretera. ¡Ah! Al lado del restaurante un majestuoso búho chico descansando en uno de los pocos árboles del lugar, y también un mochuelo de la subespecie indigena, de coloración algo más clara que los europeos. Llegamos a Malatya, ciudad situada al suroeste de Turquía, al pie de las montañas del Contra-Tauro, entrada la noche, bastante cansados del madrugón y de bastantes horas en la incómoda furgona. Nos costó cruzar la ciudad ya que había mucho tráfico y jaleo por estar en época electoral, y nos costó encontrar hotel. Al final tuvimos suerte y dormimos en un hotelazo.

18 de mayo.-
Hoy tocaba el monte Nemrut (Nemrut Dagi) en la mañana. Alcanza algo más de 2.000 metros de altitud y está situado cerca de Adiyaman, también al sureste de Turquía. Forma parte de los montes Tauro y es el punto más alto al norte de Mesopotamia. Es una montaña conocida por albergar estatuas de leones, águilas y dioses armenios, griegos y persas, pertenecientes a una importante tumba del siglo I a.C. situada en su cima, mandada construir por el rey Antioco I. Pajarilmente famosa por ser hábitat de una población importante de collalba kurda o colirroja. Ambos alicientes obligaban a citarnos ineludiblemente con ella. Es muy importante no confundir este monte con un volcán de igual nombre situado cerca de Tatvan, al oeste del lago Van.
Salimos temprano del hotel e hicimos nuestra primera parada una vez alcanzada la zona desnuda de la montaña. En nuestro ascenso habíamos dejado atrás parajes verdes, con abundante vegetación y con caudalosos arroyos, y bastante obra en la carretera que hacía un poco suplicio el conducir. Y como digo, nuestra primera parada pajaril fue en la zona desnuda coincidiendo con un macho de collalba kurda a nuestra izquierda. Parón y bajada de la furgo para ver relajadamente a este bonito pájaro. Había una apisonadora trabajando cerca y no era el sitio ideal para pajarear un rato, por lo que seguimos ascendiendo unos minutos más. Y nueva parada con más collalba kurda, macho y hembra, collalba de Finsch –bonito macho que competía en elegancia con el macho de kurda-, trepador rupestre, perdiz chukar, roquero rojo, escribano ceniciento y calandria bimaculada, otro espectacular pájaro que no cesaba de cantar, de moverse de un lado para otro, de transportar ceba y de llamar nuestra atención –se movía en una ladera escarpada con roca y algo de vegetación de bajo porte-. Seguimos ascendiendo, casi siempre acompañados por un grupo numeroso de mujeres montadas a caballo que hacían sucesivas paradas en busca de hierbas que introducían en sus talegas. Todas ellas con velo en sus cabezas, las jóvenes con telas más coloridas. Aprovecho para comentar que la gran mayoría de las mujeres turcas iban con el pelo cubierto, y a medida que avanzaba la edad aumentaba también la cobertura de la cara, y la oscuridad de sus ropas. Los hombres mayores vestían los típicos pantalones turcos oscuros, sobre todo en zonas rurales. Y volviendo a las aves, hicimos otra parada un poco antes de la cima, con colirrojo tizón –un par de individuos con caracteres intermedios entre ochruros y semirufus, rojizos en partes ventrales-, gorrión alpino, chova piquigualda, más collalba kurda, más trepador rupestre, escribanos cinéreo y hortelano, petirrojo gorgiblanco –curioso verlo tan alto-, un grupo de estorninos rosados en vuelo, y unas más que alucinantes alondras cornudas –subespecie penicillata- que nos dejaron más que boquiabiertos. Muy interesante comprobar que son distintas a las noruegas o las marroquíes, por ejemplo. Y la última parada la efectuamos justo en todo lo alto, haciéndonos unas fotines con las estatuas de piedra, mientras merodeaba una hembra de collalba kurda entre nosotros. He leído que los amaneceres y atardeceres allí son espectaculares, por lo que habrá que volver algún día para contemplarlos. A nuestros pies el enorme embalse Ataturk.
Algo después del mediodía era hora de volver y de hacer kilómetros en busca de Erzurum. Así lo hicimos y, un poco antes de Malatya, decidimos coger un atajo para ahorrar algo de carretera. Según el mapa, la carretera no debía ser buena, pero pasando por Turge y Kale podíamos adelantar algo y aventajar camino. Nuestro navegador nos decía que no lo hiciéramos, pero se trataba de “atrochar” y de ser valientes. Bueno, casi una hora después tuvimos que volver ya que era imposible seguir por ser la carretera intransitable. Pero tuvimos una gran sorpresa, casi uno de los mejores momentos del viaje. Escuchamos en unos árboles cercanos un griterío pajaril brutal que, en principio, parecía de gorriones. A la vez, la pista y el campo cercano estaban totalmente cubiertos por miles de pequeños saltamontes que iban en una descomunal manifestación. Nos bajamos de la furgo para averiguar qué pasaba y nos quedamos atónitos cuando vimos que empezaban a salir de los árboles centenares de estorninos rosados que se dirigían al suelo para ponerse tibios de saltamontes. En unos minutos el cielo se cubrió de estorninos y el espectáculo de color y sonido era indescriptible, tanto que calculamos que los rosados podían sumar más de dos mil aves. En la periferia de ellos, más especies también aprovechando la coyuntura, entre las que sacamos camachuelo carminoso y un más que probable gorrión pálido (aunque éste no se dejó ver el tiempo suficiente para certificarlo al cien por cien). Después de la gozada, comimos en un bar de carretera y camino a Erzurum pasando por Elazig y Azcale. Íbamos mal de tiempo y no hicimos más paradas de pajareo, a pesar de atravesar tramos muy buenos para gaviotas y charranes. Sólo nos permitimos unos minutos antes de caer la tarde en un exuberante valle, con amplia cobertura vegetal y con dos carracas posadas en una rama, proporcionando un toque de color azul –curioso verlas en estos ambientes tan verdes cuando en nuestro sur la vemos siempre en interior de amarillos secarrales-. No encontramos hotel decente hasta Erzurum, donde llegamos casi de madrugada. Hicimos paradas previas en algunos hoteles (no sé si se les puede llamar así realmente) que encontramos al cruzar pequeñas poblaciones pero eran muy cutres y pasamos de ellos. Recuerdo que en una pequeña población fuimos a la policía en busca de información sobre alojamiento, y nos recibieron amablemente, nos dieron bombones y todo, y llamaron por teléfono a un “hotel”, pero cuando llegamos al mismo nos faltó tiempo para salir pitando de lo sucio que estaba.

19 de mayo.-
Erzurum es una gran ciudad, al norte del Kurdistan, región histórica de Armenia, situada por encima de los 2.000 m de altitud, por lo que en la mañana hacía bastante fresquito. Abandonamos pronto el hotel y saliendo de la ciudad avistamos bastantes grajas. Nuestro deseo inmediato era llegar pronto a Gelinkaya, pequeña aldea de los montes pónticos que aparece en todos los reports como el mejor sitio para ver mosquitero montano o del Caúcaso. El sitio era encantador, pequeña aldea en un valle precioso, rodeada de montañas nevadas, con un arroyo de agua fresca bien boscoso, y con áreas encharcadas aledañas. El mosquitero montano no tardó en aparecer y se mostró bastante bien, además de ser numeroso. Y además pico sirio, papamoscas papirrojo, curruca zarcerilla y bastante camachuelo carminoso, subespecie kubanensis, machos muy rojizos en partes inferiores. Había carminosos cantando y otros en migración, agrupados a escribanos hortelanos. También estorninos pintos de la subespecie tauricus, aparentemente más oscuros y con más irisaciones. Y dejamos Gelinkaya a nuestro pesar ya que queríamos llegar a Sivrikaya a la hora del almuerzo. Mientras subíamos el primer puerto vimos a través de las lunas de la furgona una gran rapaz en el cielo y frenazo rápido y bajada de la furgo –por la zona no había nada de tráfico-. Pusimos a trabajar teles y prismáticos y el resultado fue exitoso, un inmaduro de águila imperial oriental que suponemos pertenecerá a la población existente entre Van y Erzurum. Continuamos ruta e hicimos otra breve parada en Ispir donde vimos arrendajo de cara blanca, grupo atricapilla, escribano cabecinegro y un fugaz gavilán griego que dejó a más de uno con la miel en los labios. Empezó a llover y de nuevo a la furgo. Dirección Sivrikaya más sorpresas como águila real, ratonero moro –curioso comprobar el gran tamaño de estos busardos orientales, subespecie rufinus, en comparación con los norteafricanos-, y camachuelo rosado. Coronamos el puerto de Ovitdagi (Ovitdagi gecidi), de algo más de 2.600 m de altitud, por un paso abierto por los quitanieves y con tiempo soleado, aunque muy frío. Había leído mucho sobre los montes pónticos (por algunos conocidos como los Alpes pónticos) y por fin estaba allí. Es una cordillera majestuosa del norte de Turquía cuyo extremo oriental se adentra en Georgia. Miraba alrededor y todo eran enormes montañas nevadas en sus cimas ¡un paraíso aún virgen!. Mucha nieve y nosotros pendientes de los calveros y deshielos buscando pajarillo. Y muy entretenido ya que vimos alondra cornuda –ssp penicillata- cantando y alimentándose directamente sobre la nieve ¡alucinante!, gorrión alpino, acentor alpino y bisbita alpino de la subespecie coutelli, más estriado y menos rosado que el europeo. De repente entró una niebla del carajo y adiós al sol y a los pájaros. Descendimos unos metros dirección Sivrikaya y paramos en cuanto tuvimos un mínimo rayo de sol, con una buena pared a nuestra derecha. Y sorpresa, escuchamos el canto del perdigallo y localizamos, a eso de las tres de la tarde, una pareja cantando y exhibiéndose en lo alto de un risco, no muy lejos de nuestra posición (con los teles se veían muy bien). El macho cantaba orgulloso de la hembra que tenía a sus pies. De nuevo la niebla y decidimos descender hasta Sivrikaya, unos pocos kilómetros más abajo, para comernos el bocata. Al llegar allí llovía a mares. Comimos en la furgo como pudimos y con la visita de Mustafa Sari, conocidísimo guía de la zona que te lleva a ver el gallo lira del Caúcaso. Sivrikaya es una pequeña aldea, y Mustafa vive al lado del puente de piedra que cruza la carretera. En cuando nos vio se acercó a ofrecerse como guía. Nos dijo también que está construyendo una casa para alojar a los birders. Todo eso a base de gestos y de un inglés básico que chapurrea. No quedamos en nada ya que queríamos intentar los gallos liras por nuestra cuenta, antes de concertar una cita con Mustafa. De varios reports leídos tenía la idea de que los gallos no deben andar muy altos. Además, la Gosney refleja algún punto donde indica que los gallos liras se pueden ver desde la carretera, siempre que el tiempo lo permita. Es un sitio donde las nieblas son frecuentes y la visibilidad puede verse afectada considerablemente. Le dije a la peña que si la lluvia nos dejaba unos minutos sacaba algún gallo lira en los huecos que quedaban libres de rododendros. Nosotros estábamos al lado del puente de piedra que cruza la carretera, en Sivrikaya, un poco antes del minarete, y con un pequeño arroyo que bajaba de la montaña, a nuestra derecha. Frente a nosotros montañas con nieve en las cumbres, neveros aislados, y laderas cubiertas de rododendros, con calveros entre las masas de vegetación. Monté el tele en un descuido de la lluvia y ¡bimbo! un gallo lira del Cáucaso alimentándose en el suelo. Se lo dije a los compañeros y no me creían, hasta que miraron a través del tele. Seguimos escrutando las laderas, tanto a derecha como a izquierda, y había más gallos ¡increíble!, y algunos bastante cerca, dejándose ver muy bien. La tarde despejó, nada de lluvia ni de niebla, y sacamos varios gallos liras desde Sivrikaya hasta un poco antes de llegar al puerto de Ovitdagi, buscándolos en las calveros de rododendros que había en las laderas (un poco antes de llegar al puerto las paredes son desnudas, sin rododendros, algo más verticales y desaparecen los liras). Vimos gallos liras haciendo cortejo, exhibiéndose, levantando la cola, dando saltos y elevándose para dejarse ver, volando entre territorios, con escaramuzas entre machos, parejas alimentándose, etc., y sin necesidad de meternos en su terreno y molestarles. La tarde transcurría de lo más interesante, en un ambiente perfecto. También observamos mosquitero común de la subespecie abietinus, corneja cenicienta, un grupo de pardillos piquigualdos en vuelo, lavanderas blancas y boyeras –subespecie flava-, y un solitario triguero a esas alturas. En los valles de montaña hay refugios de pastores nómadas que van siendo ocupados a medida que se va retirando la nieve y produciendo el deshielo. La gran mayoría de ellos disponían de unas cuantas vacas en busca de pastos frescos, por cierto vacas bastante delgadas y pequeñas. Dormimos en un precioso hotel de montaña en Ikizdere.

20 de mayo.-
A primerísima hora estaba dando una vuelta por el entorno que rodeaba al hotel-spa donde habíamos dormido. La gama de verdes era abrumadora, y la exuberancia de la vegetación relajaba el alma, con algunos camachuelos carminosos dando un toque de color. El arroyo que descendía cercano al hotel recogía un caudal tremendo, casi ensordecedor. Estaba contemplando la fuerza del agua cuando descubro a un pollo de mirlo acuático reclamando comida, y al lado el adulto aportando ceba. Éste se zambullía en el centro del cauce donde la corriente era muy fuerte, y en más de una ocasión temí por su vida ya que el agua lo desplazaba río abajo bastantes metros y lo dejaba “machacado”. Por cierto, el mirlo acuático pertenece a la subespecie caucasicus, ligeramente más pálida que la europea. Y después del desayuno nos fuimos en busca del mosquitero verde a la carretera entre Ikzidere y Sivrikaya, en concreto a la zona de árboles que rodea al Hotel Génesis. Este hotel son unas cabañas de madera, que en mayo estaban cerradas aún, y que aparece indicado en la carretera como Otel Camlik (Génesis se reseña pero en letra pequeña, y no es visible a no ser que te fijes detalladamente). En la mayoría de los reports se recoge que los jardines de este hotel son muy buenos para el mosquitero verde, y para allá fuimos, aunque realmente no tiene jardines, pero sí una densa masa de coníferas a su derecha. Y nos metimos en busca del pajarín. En principio estábamos un poco desconcertados ya que esperábamos encontrar al mosquitero en bosque caducifolio, pero finalmente lo localizamos tras una búsqueda de una media hora. Parecía tarea difícil ya que el bosque era cerrado y oscuro, pero vimos una parejita y la seguimos hasta que se posó uno de ellos en una pequeña rama de un claro y nos dejó hasta fotografiarlo. En el bosque escuchamos un pico dorsiblanco y vimos camachuelo común y lúgano. El haber sacado mosquitero verde allí nos evitó ir a buscarlo al monasterio de Sumela, y ya debíamos emprender el camino de vuelta. Hicimos muchos kilómetros hasta llegar a Sivas, ciudad turca situada al este de la península de Anatolia, donde habíamos decidido dormir, previo una buena cena y unas buenas cervecitas Efes para celebrar nuestro exitoso viaje. El grupo cervecero Efes bautizó así su marca en honor a la antigua ciudad de Éfeso (en turco Efes). Por el camino cigüeña negra, abejero, ratonero moro, etc. Al llegar a Sivas vimos que una rueda de la furgona estaba bastante baja, y después de la cena comprobamos que estaba pinchada, por lo que teníamos trabajo al amanecer.

21 de mayo.-
A primera hora tocaba cambiar la rueda de la furgona. Llovía y se preveía una mojada. Buscamos herramientas para la tarea y uno de los tornillos se resistía a salir con la llave que tenía el coche. Afortunadamente muchos establecimientos están abiertos muy temprano, y a las 6,30 h de la mañana el vendedor de una tienda de repuestos cercana no sólo nos prestó una llave de cruceta para el tornillo rebelde, sino que nos ayudó muchísimo con una generosidad fuera de lo habitual. Sorprendente el buen corazón de estas gentes.
Teníamos que llegar hasta Adana, pero queríamos hacer una mini-parada turística en la Capadocia que resultó, además, muy fructífera pajarilmente hablando. Estuvimos en el valle de Goreme y sacamos las fotos típicas a sus formaciones geológicas –tobas calcáreas de formas caprichosas tras millones de años de erosión- a la vez que éramos testigos de cortejos y cantos de collalbas Isabel. También escribano cabecinegro, zarcero de Upcher, mucho vencejo real, y nosotros un poco tristes porque se terminaba el periplo turco. Además, Capadocia –como es bien sabido- es una zona muy turística y aquello estaba abarrotado de coches y gente, cosa que no nos agradaba mucho después de los días de pajareo en lugares mucho más relajados. Y además, nos acababan de clavar una multa por exceso de velocidad -por 10 km- que, personalmente, me mosqueó bastante. Las carreteras están casi todas en obras, algunas con indicaciones y otras carentes de ellas, pero en esa zona turística hay controles móviles para cazar al personal. Pienso que también deberían poner policías en otras zonas donde se conduce temerariamente, con el acojone propio de los que vamos por allí la primera vez. Y volviendo al pajareo, que es lo nuestro, nos plantamos en Adana sobre las tres de la tarde. Nos quedaban un par de horas de luz y decidimos invertirlas en observar martín pescador de Esmirna. Es escaso en Turquía y la mejor zona para verlo es al sur de Adana. Para ello partimos de la gran mezquita de Adana (la más grande de Turquía) y tomamos dirección Karatas (por la 815). Si ponemos el cuentakilómetros a cero, al llegar al kilómetro 8 atravesaremos un gran canal (justo antes del cruce hay una factoría de Pepsi a la izquierda). Cruzamos el canal e inmediatamente tomamos la carretera estrecha que sale a la derecha, quedando también el canal a la derecha. Unos metros más adelante, la carretera curva a la izquierda. Nosotros seguimos primero por la pista de tierra –a pie- que continua paralela al canal, después de girar la carretera a la izquierda, y allí vimos el primer Esmirna, volando de un lado a otro y posándose en las ramas bajas de los árboles de ribera. El canal estaba bastante sucio pero muy bien para aves. Por la zona también tórtola senegalesa, zarcero pálido oriental, bulbul cabecinegro, pico sirio, etc. Dado que aún teníamos tiempo, decidimos continuar por la carretera que giraba a la izquierda, y que un poco más adelante discurría paralela a otro canal, ahora a su izquierda. Pues bien, vimos hasta doce distintos Esmirna posados en el tendido eléctrico, en los árboles, en vuelo, y también un martín pescador Pío. Zona de huertas muy interesante para las aves, y muy entretenida. Por allí también corneja cenicienta, buitrón elegante, etc. Estábamos dentro del delta del Tarsus, aunque ya sí que se nos echó la noche encima y no pudimos llegar hasta la desembocadura del río Seyhan en el mediterráneo. El final se nos venía también encima y era hora de preparar las maletas para el aeropuerto. Cruzamos Adana de noche y la gran mezquita se veía deslumbrante, sumamente atractiva. Llegamos al aeropuerto, dejamos el coche y nos fuimos a tomar unas cervezas y a cenar algo, y a prepararnos para esperar la larga noche y las largas horas de vuelta a casa. A las 3 de la madrugada cogimos el avión hacia Estambul, y allí a las 8 de la mañana (22 de mayo) hasta Madrid, adonde aterrizamos sobre el mediodía. Y algo después para Sevilla.