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viernes, 5 de junio de 2009

Rumanía 2009








































EXCURSION ORNITOLÓGICA A RUMANIA
por Paco Chiclana
Del 16 al 23 de mayo de 2009

-.-.Participantes (según foto superior, de izquierda a derecha): Miguel Angel Carvajal, José Manuel Marín, Alfonso Barragán, Francisco Chiclana y Raimundo Martín.

.-.Especies destacables: somormujo cuellirrojo, cormorán pigmeo, pelícanos ceñudo y común, cisne vulgar, porrón osculado, gavilán griego, ratoneros moro y de estepa, pigargo, águila imperial oriental, águila pomerana, cernícalo patirrojo, perdiz pardilla, guión de codornices, canastera alinegra, correlimos falcinelo, gavión cabecinegro, gaviota cáspica, fumarel aliblanco, pito cano, pico sirio, lavandera boyera sbp feldegg, ruiseñor ruso, collalbas isabel y pía, zorzal real, carriceros agrícola y políglota, zarceros icterino, pálido oriental y escita, currucas zarcerilla y gavilana, mosquitero silbador, papamoscas papirrojo, carbonero lúgubre, alcaudón chico, cascanueces, corneja cenicienta y escribano cabecinegro.

Resumen.-
Viajamos desde Sevilla a Madrid, y desde allí a Bucarest, con Iberia. En Madrid, en la T-4, nos encontramos todo el grupo ya que procedíamos de distintos lugares. Los billetes de avión los adquirimos a primeros de año a un precio bastante barato, 70 euros Madrid-Bucarest, ida y vuelta.
En la capital rumana teníamos alquilada con Europcar una Opel Vivaro, grande y confortable. El precio para toda la semana fue de 540 euros. En el coche recorrimos unos 1700 Km. siendo la ruta, a grandes rasgos, la región de Dobrogea (tres días), interior del Delta del Danubio (un día) y Cárpatos (dos días). Hicimos noche en Mamaia, Murighiol, Tulcea y Bran.
Dedicamos muchas horas diarias al pajareo al amanecer a las cinco de la mañana y anochecer cerca de las nueve de la noche.
La temperatura ha sido similar a la que tenemos en Andalucía a mediados de mayo, algo fresca en horas extremas y calurosa en horas centrales. Sólo nos llovió algo la tarde que llegamos y la mañana de regreso, por lo que gozamos de buen tiempo en general. Para la preparación del viaje, y hoja de ruta, utilicé la información que me facilitaron amigos como Alex Onrubia, Dani López Velasco, Oscar Gutierrez, Gorka Belamendía, Alvaro Diaz Pastor, Andrés Requejo y J. A. Sencianes, a quienes quedo agradecido. También hice uso de algunos libros de dónde ver aves, guías de campo, mapas y de información colgada en internet.
Rumanía es un buen destino para la observación ornitológica al ofrecer muchas posibilidades. Personalmente me hubiera quedado observando aves entre Dobrogea y el Delta, pasando de subir a los Cárpatos, ya que el desplazamiento entre Tulcea y Brasov requiere casi un día de viaje y el tiempo es oro. Las carreteras son regulares y se emplean muchas horas en los desplazamientos, siendo obligado atravesar poblaciones y demás, con la consiguiente pérdida de tiempo. A veces hay que tomar ferrys para cruzar el Danubio y no siempre vienen bien los horarios. La ruta que nosotros realizamos en una semana la ofrecen los tour operadores ornitológicos para un total de diez días. Es un país fácil para ver aves, sin ayuda de guías locales, sólo necesitándose ésta para entrar en el Delta del Danubio al ser imprescindible moverse en barco, catamarán o similar. Nosotros contratamos un guía para el Delta que incluía visita en barco, comida y alojamiento. Lo hicimos con Diana Travel y resultó bastante satisfactorio.
Rumanía es un país pobre, en vías de desarrollo, donde se aprecia muy bien la diferencia entre regiones. En Dobrogea es notoria la pobreza, siendo reflejo de ello el transporte que utilizan: carro de madera tirado por caballo para el más pobre, un Dacia cascado (parecido a los antiguos Renault 12) para los no tan pobres, y un Dacia Logan para los más pudientes. En cambio, en los Cárpatos, zona de Brasov y Bran (lugar de ubicación del famoso castillo del conde Drácula) el bienestar es también patente (buenas viviendas y buenos coches).
El coste total de la semana de observación ornitológica por Rumanía ha sido de unos 600 euros por cabeza. La moneda de Rumanía no cotiza en España y el viajero se ve obligado a cambiar euros una vez llega al país. Nosotros lo hicimos en el aeropuerto, y aconsejamos preguntar en las distintas oficinas que hay al variar bastante el valor de unas a otras.
Se contabilizaron alrededor de 175 especies, de las que un buen puñado no se pueden ver en nuestra tierra.
Viaje ideal, y diría imprescindible, para los amantes de las aves del Paleártico.

16 de mayo.-
Llegamos a Bucarest a las tres de la tarde y mientras recogimos maletas, cambiamos moneda y demás historias, no cesamos de mirar por las ventanas del aeropuerto en busca de fauna alada. Y así vimos las primeras urracas, grajas, grajillas y cornejas cenicientas del viaje. Cruzamos la ciudad y, por fin, tomamos camino a Constanta, a Mamaia, a la costa del Mar Negro, donde habíamos reservado hotel para las dos primeras noches. Al poco de salir de la capital sobrevoló un halcón el coche, en vuelo muy rápido, dándome la impresión de que podía un peregrino. Algo más adelante, a un par de horas de camino, hicimos la primera parada en unos campos de cereal. Ansiosos de pájaros, disfrutamos de los primeros alcaudones dorsirrojos (muy comunes posteriormente) y gorriones morunos, mientras escuchamos codornices y calandrias. En el cielo observamos el enfrentamiento de un cernícalo vulgar y un halcón grande, posiblemente sacre, aunque no pudimos identificar bien a éste por la mala luz que tuvimos en ese momento. Un poco más adelante cogimos el cruce hacia Calarasi. Ya en esta ciudad, con Bulgaria frente a nosotros, y el gran Danubio por medio, observamos los también primeros pelícanos comunes en el río, acompañados de gaviotas patiamarillas. En los alrededores, una bonita carraca (también abundante posteriormente) y el primer alcaudón chico (algunos `bimbaban´ de lo lindo). Después tomamos un cruce cercano hacia una fábrica de carnes y embutidos (Aldis), atravesando un pequeño y rico bosquete donde sacamos pico sirio, pito cano y pito negro. Por el cielo vencejo, golondrina común y una daúrica. Por la zona curruca zarcera, tórtola turca, faisán, espátula, martinete y garza imperial. Casi anochecido volvimos hacia la autovía y tomamos dirección Mamaia, llegando ya bien entrada la noche. Nos alojamos en el Hotel Splendid.
17 de mayo.-
Con las primeras luces del día estábamos en marcha y camino de la playa en busca de gaviotas. Vimos algunas cáspicas, de varias edades, entre grupos de patiamarillas (poco después un ornitólogo local nos dijo que la mayoría de las gaviotas en estas playas del Mar Negro son cáspicas). Satisfechos del paseo pre-desayuno nos fuimos al hotel, escoltados por estorninos pintos, para recuperar energías en el buffet. Después a Navodari y a las piscinas de la refinería. Allí disfrutamos con los acrocephalus: en pocos minutos vimos carricero común y políglota, tordal y carricerín común…y bigotudos por todos lados. También alcaudón chico, escribano palustre, pájaro moscón, cisne vulgar, porrón pardo, gaviota enana, ostrero, y las primeras lavanderas boyeras: subespecies feldegg y dombrowskii, un híbrido entre ellas, y otro posible híbrido de feldegg con thumbergi. La mayoría de las que vimos en días sucesivos serían machos tipo feldegg. En arbustos cercanos localizamos un zarcero pálido de la raza oriental. Y pusimos rumbo al siguiente destino, Vadu y las zonas húmedas entre esta población y el Mar Negro. Allí más alcaudón chico y dorsirrojo, tarro blanco, cigüeñuela, avoceta, archibebe común, una inmensa colonia de cría de charrán común, los primeros pelícanos en vuelo, tanto comunes como ceñudos, correlimos común, zarapitín, menudo y, la joya de la mañana, varios correlimos falcinelos que vimos a huevo y en plumaje nupcial ¡¡no dábamos crédito!!. También chorlitejo patinegro, combatiente, ánsar común, lavandera blanca, garceta grande, avefría, garcilla cangrejera, gallineta, alcaraván, bigotudo, canastera común y boyeras tipos feldegg. En cuanto a rapaces, los primeros cernícalos patirrojos y la primera águila pomerana. A esas horas, sobre las dos de la tarde, el calor apremiaba y se acumulaban las tareas, como buscar una sombra para comerse el bocata, llegar a las lagunas de Istria y Nuntasi, etc. Hicimos una breve parada en el lago Istria y allí vimos cisne vulgar, un enfrentamiento de una pareja de patirrojos con un cernícalo vulgar y un ratonero que mostraba caracteres de estepa. Al no escucharse carricero agrícola decidimos ir al cercano lago Nuntasi en su búsqueda, encontrándolo sin problema, a la vez que nos sobrevolaron una pareja de pelícanos ceñudos y una nube de aviones zapadores. Mientras nos comiamos el bocata vimos bigotudo, buscarla unicolor, carricero tordal, un aguilucho lagunero con presa, etc. Y para refrescarnos un poquito buscamos el aire acondicionado de la furgoneta mientras haciamos el camino de Sacele a Gura Dobrogea. Es una pista de tierra que atraviesa parte de la zona rural de la región de Dobrogea, área bastante pobre donde se aprecia claramente que aquellas gentes necesitan ayuda inmediata. Por allí, triguero, cogujada común, calandria y abundante alcaudón dorsirrojo -muchos de ellos con pollos-. Y tras esto, un bonito y espectacular macho de escribano cabecinegro nos ayudó a salir del sopor de la tarde ¡¡¡menudo bimbazo!!! Estaba cantando en un campo de colza y el escenario era espectacular. Justo al lado de su posadero la hembra apareció en varias ocasiones con ceba en el pico, dejándose caer entre la vegetación. Contentísimos seguimos la ruta apareciendo después la primera collalba isabel en un pradito de escasa vegetación. Junto a ella una collalba gris con ceba. Y de Gura Dobrogea a Targusor, bonita ruta que atraviesa unos espacios maravillosos con mezcla de estepa y bosque. Allí el primer gavilán griego, un elegante macho que nos dio una pasada cercana (después veríamos más gavilanes griegos, siendo todos machos). Por la zona oropéndola (abundante durante todo el viaje), paloma torcaz, ruiseñor común, curruca zarcerilla y escribano hortelano, entre otros.
Era domingo y a la tarde había bastante gente campeando, en plan dominguero, pero no fue obstáculo para ver aves. De Targusor a Cheia la carretera atraviesa unos cantiles rocosos donde debíamos ver collalba pía y no nos falló, un bonito macho de movimientos nerviosos y espasmósdicos. Y en Cheia fuimos a la cantera del pueblo donde suelen verse bandos gigantes de estorninos rosados. Aquella tarde aún no habían llegado, pero sí disfrutamos de una hembra de collalba isabel con dos pollos crecidos. Un ornitólogo local nos comentó que los rosados suelen aparecer a finales de mayo y que aún era un poco pronto. Satisfechos pusimos rumbo a nuestro hotel en Mamaia.
18 de mayo.-
Es conocido que los jardines de la zona residencial de Mamaia, pegada al mar Negro, es lugar ideal para observación de paseriformes en migración y había que dedicar alguna horita a este menester. A primera hora conectamos el oído en una calle arbolada al lado del hotel y en unos 100 metros localizamos un papamoscas papirrojo, un zarcero pálido de la raza oriental, una curruca zarcerilla y, el boom de la mañana, un zarcero escita, todos visto de lujo ¡¡¡menudo inicio de día!!! Y también otros más habituales como colirrojo real, verderón, jilguero, papamoscas gris, etc. Después de esto dejamos el Hotel Splendid - algo apenados por no volver a ver a las chicas de recepción- y tomamos dirección norte. Al pasar por Ovidiu vimos en el cielo una impresionante madeja de aves que resultó ser un millar de pelícanos comunes volando en círculos, ofreciendo una observación inmejorable. Mientras contemplamos el vuelo acompasado de los pelícanos, un alcaudón chico curioseaba a nuestro alrededor. Y de allí a Ceamurlia de Jos, a ver que nos brindaban sus extensas llanuras y campos de labor. Vimos cigüeña blanca, calandria, alondra y alguna que otra lavandera tipo feldegg.
Avanzaba la mañana y teníamos el bosque de Babadag muy cerca. No teníamos mucho tiempo pero sí el suficiente para entrar en su interior, disfrutar de lo majestuoso de esa masa forestal y comernos un bocata en algún lugar de ensueño. Allí teníamos que sacar carbonero lúgubre y éste no se hizo de rogar, dejándose ver bastante cerca. Además buen repertorio de especies, como mosquitero silbador, zarcero icterino –ambos en un lugar paradisiaco-, azor, pico picapinos, totovía, escribano hortelano, pito cano, mosquitero común, trepador azul, carbonero palustre y ratonero común. Mientras el palustre ocupa las áreas más densas del interior del bosque, el lúgubre se mueve en las más externas, menos densas y más adehesadas. Qué lástima dejar aquel lugar tan bonito, pero teníamos que estar a media tarde en los lagos de Plopul para ir cubriendo objetivos. Pasamos por Enisala y vimos pelícano ceñudo y común, porrón pardo y común, pato colorado y fumarel común y cariblanco. Y a las cinco de la tarde, con puntualidad británica, llegamos al primero de los lagos a trabajar, Beibugeac. Montamos los teles y, de tirón, tres adultos majestuosos de gavión cabecinegro, uno acicalándose y los otros dos en actitud de reposo. Allí un montón de especies como archibebe claro, zarapito trinador, un macho de cernícalo patirrojo, fumareles cariblanco, común y aliblanco, una colonia de cría de charrán común, y algunas canasteras comunes tanto en vuelo como posadas. Comenté a la peña que podía haber alguna canastera alinegra por allí y, después de un rato de cuidada observación, sacamos al menos dos canasteras alinegras ¡¡guau!!. Después, un ornitólogo del lugar nos comentó que el año pasado hubo canastera alinegra en ese lago, merodeando y chequeando el lugar, aunque no llegó a criar. Contentos dirección al cercano lago Saraturi, donde sacamos también un buen número de aves: gaviotas cabecinegra, cáspica y patiamarilla, pagaza piconegra, focha, friso, rabudo, silbón, de nuevo los tres fumareles, porrón pardo, etc. Y de allí a Murighiol, en busca del tercer lago y de alojamiento. Nos quedamos en el Hotel Halmyris, bastante sencillito -y también con una simpática recepcionista-. Y, antes de oscurecer, hubo tiempo para llegar a la laguna y echar una ojeada. Lo más espectacular fue observar una agrupación cercana a dos mil cisnes vulgares, aunque ninguno de ellos parecía dedicarse a tareas reproductivas. De camino al lago vimos perdiz pardilla y alcaraván en unos pastos cercanos a la carretera y, de vuelta, chotacabras gris (sólo oído) y collalba pía, ésta a pocos metros del hotel, sobre una valla.
19 de mayo.-
Como siempre, a primera hora, estábamos disfrutando del frescor de la mañana y de los pájaros. Hicimos una escapadita antes del desayuno y localizamos, cerca del hotel, un macho de carricero políglota desgañitándose y dejándose ver y oír muy bien. También alcaudón chico y dorsirrojo, curruca zarcerilla y algún cormorán pigmeo en vuelo. Tocaba dejar el alojamiento para ir cubriendo etapas. Una mini-parada en Nufaru nos regaló el primer ruiseñor ruso (sólo oído), camino de Tulcea. Llegados a esta última localidad queríamos ir dirección Macin pero un error de cálculo nos hizo tomar la carretera a Agighiol. A unos 10 km. nos percatamos de que íbamos en dirección equivocada y retrocedimos nuevamente a Tulcea, viendo por el camino el primer ratonero moro. Nos aseguramos y cogimos la carretera adecuada, aquella que nos llevaría a pasar por Nalbant, Izvoarele, Horia y Greci, y que íbamos a tomar en busca de renombradas estepas y rapaces. Y no defraudó ya que conseguimos ver varios ejemplares de ratonero moro y un ratonero que mostraba caracteres de estepa, así como gavilán griego. Entre Greci y Macin paramos para comernos el bocata e intentar ver halcón sacre, aunque sin éxito con esta rapaz (la parada fue breve). De todas maneras, por estas llanadas y en los roquedos que la limitan localizamos una pareja preciosa de ratonero moro, un gavilán griego macho que no se cortaba en vuelos de exhibición, una pareja de collalba isabel cebando a sus pollos crecidos, pardillos comunes y tres cigüeñas negras en vuelo. Y después del aperitivo, con el sol tórrido sobre nuestras cabezas, de nuevo la Opel con aire acondicionado y algún kilómetro por delante para pasar la tarde en el bosque de Luncavita. Hicimos una breve parada en una cantera del camino y observamos un atrevido alcotán que la visitó en un par de ocasiones, suponemos en busca de los pequeños nidificantes de la misma: gorrión común y molinero. También por allí abejaruco y carraca.
Y aún teníamos tres horas de luz que queríamos pasar en el bosque de Luncavita. Nos lo tomamos con calma y decidimos saborearlo, relajadamente. Pico sirio en los chopos del camino, papamoscas gris, tórtola europea, zarcero icterino, cópula de alcaudón chico, pico picapinos, alcaudón dorsirrojo, paloma torcaz y un buen repertorio de rapaces: pomerana con una presa, ratoneros de estepa y común, y hasta cuatro ratoneros moros. Y como guinda al pastel, guión de codornices. Nos disponíamos a pasar los últimos minutos en un clarito del bosque cuando vino a mis oídos el famoso crex-crex. ¡Atención, tenemos un guión a nuestro lado! Llegamos a escuchar hasta tres aves distintas. A los pocos minutos un guión levantó el vuelo y nos dio una pasada de reconocimiento a pocos metros ¡fantástico! Quería saber quiénes éramos y, agradecido, nos regaló algo después otra nueva pasada. Con noche casi echada dejamos el lugar apenados por su belleza y por su sonido, sobre todo porque el guión seguía con su repetitivo reclamo. Después nos dijeron que allí no es reproductor, sólo migrante. Hicimos noche en el Hotel Delta, en Tulcea.
20 de mayo.-
Estábamos a las puertas del Danubio y habíamos quedado con Andu, guía de Diana Travel, para acceder a su interior. Nos llevó en una barca muy cómoda, con techo y todo para protegernos del sol y del calor. Además, una barca exclusiva para nuestro grupo. El Delta es inmenso y las distancias son muy grandes. Nosotros estaríamos allí de nueve de la mañana a seis de la tarde, y nos propuso ir al lago Fortuna por el canal central, dirección Maliuc, e ir parando en lugares idóneos. Por el camino vimos cormorán grande, moritos, paloma zurita, un cuervo acosado por una corneja cenicienta, martín pescador, garceta común, las omnipresentes y abundantes carracas (nos dijo Andu que en el humedal están especializadas en comer pequeños anfibios), y los omnipresentes y abundantísimos cucos (estuvieron casi por todos lados a lo largo de nuestro viaje). También ruiseñor ruso, mito, charrán común, fumareles común y cariblanco, seis pigargos adultos -preciosos en vuelo con su cola blanca-, y más y más cormorán pigmeo. Empezamos a verlos pescando en el agua, en grupos numerosos, y después desplazándose a los árboles, a descansar, mostrándose igual que en las imágenes que todos conocemos del Delta. El cormorán grande es más común en el exterior, donde el nivel del agua es mayor, y el cormorán pigmeo es frecuente en el interior, donde el nivel del agua es menor y abundan los peces pequeños. También localizamos un cisne vulgar con tres pollos, garza real, grupos de pelícanos comunes en vuelo y solitarios pelícanos ceñudos en agua, sobre todo en el lago Fortuna y alrededores. La fase de engalanamiento de los ceñudos es a finales de invierno, por lo que ahora no se ven tan bonitos como en las guías. También zampullín chico y cuellinegro, porrón moñudo y pardo, ánsar común, azulón, cerceta carretona, somormujo lavanco, y pitos cano y negro. Impresionante fue también observar una colonia mixta de grajas y cernícalos patirrojos en el interior del Delta, sobre árbol inundado, así como las dos sorpresas que Andu nos tenía guardadas: una hembra de porrón osculado con seis preciosos patitos, y cinco parejas de somormujo cuellirrojo, la mayoría con pollos y, una de ellas, con tres de ellos sobre sus espaldas ¡¡inolvidable!!. Llegamos a puerto sobre las ocho de la tarde y despedimos el día viendo una gaviota cáspica adulta que descansaba sobre una embarcación. Noche en el Hotel Tulcea, a orillas del mismo puerto.
21 de mayo.-
Como siempre, antes del desayuno, paseo pajaril. En el puerto alguna gaviota cáspica, reidora, y un alcotán cazando aviones. Después había que afrontar una larga y aburrida jornada de coche hasta los Cárpatos, hacia Bran, donde pasaríamos las próximas jornadas. Tomamos dirección Braila y fuimos dejando, a nuestra derecha, lugares interesantes como Somova y Parches, sin tiempo para dedicarles apenas unos minutos. Una mini-parada en un pequeño lago antes de entrar a Braila nos ofreció cormorán grande y pigmeo, más alcaudón chico. Cruzamos el Danubio por Braila, en un ferry, y después tomamos dirección a Buzau. Al salir de esta población hicimos otra mini-parada en un pequeño pueblo, con abundantes jardines, setos y huertos, y vimos curruca gavilana -aunque no demasiado bien para ser la única del tour-. Seguimos hacia Ploiesti, convirtiéndose en un suplicio la travesía de poblaciones. Y sobre las cuatro de la tarde arribamos a Sinaia, región de los Maramures, entrada a los Alpes de Transilvania, donde nos detuvimos a comer. Nos acompañaron en el bocadillo cuervo, petirrojo, trepador azul, reyezuelo listado y pinzones, estos con su reclamo distintivo y muy diferente al que hacen en nuestra tierra. Después paseo por Rasnov (calandrias en sus prados), Zarnesti y alrededores, dejándonos embaucar por la belleza de aquellas tierras y de sus castillos, añadiendo algunas especies más a la lista como zorzal común, acentor, mosquitero común, carbonero garrapinos, mirlo, herrerillo, picogordo, arrendajo, colirrojo real, etc. Nos alojamos en el Hotel Villa Bran Ebro, en Bran, regentado por un zaragozano, donde nos recibieron con una sangría.
22 de mayo.-
Una gozada amanecer en los Cárpatos y escuchar desde la cama el sonoro reclamo del zorzal real que después veríamos sin problema en los jardines del hotel. Dimos un paseo por el pueblo, siguiendo la estela del río, y observamos colirrojo tizón, mito casi cabeciblanco ¡¡qué guapo!!, currucas zarcerilla y capirotada, pico picapinos, carbonero común criando a su prole en el tubo de una valla. Tras el desayuno cogimos la furgoneta y dirección a Podu Dambovitei. Por el camino hicimos una parada para contemplar la belleza de aquellas montañas y, de paso, ver al bisbita arbóreo cantar como loco desde lo alto de una picea. Una vez en Podu Dambovitei tomamos una pista hacia Satic, paralela a una arbolada ribera aquerenciada al parque nacional Piatra Craiului. Allí sacamos cuervo, lavandera cascadeña, una hembra de gavilán común, ratonero común, carbonero garrapinos, mosquitero común, mirlo acuático, pito real, chochín, arrendajo y cascanueces, que se perdió rápido por la falda arbolada de una ladera.
Volvimos de Podu a Bran, aunque hicimos una parada antes de Fundata para tomar el bocadillo. Comimos en la unión de un fresco prado verde y un cerrado bosquete, observando refriegas entre verdecillos y lúganos. Tras el bocata, paseo por el bosque donde tuvimos carbonero garrapinos, reyezuelo listado y un fantástico papamoscas papirrojo que nos deleitó largamente con su canto y con su presencia.
De allí a las afueras de Zarnesti, donde lo más relevante fue águila real y una pareja de cascanueces ¡casi ná!. En el hotel celebramos nuestros éxitos brindando con unas cervecitas.
23 de mayo.-
Tristes por acabar el itinerario marcado recogimos las maletas y tomamos camino a Bucarest. La mañana estaba lluviosa, pero nos dio un respiro a la altura de Gorgota que lógicamente aprovechamos. Curruca zarcerilla, cuco persiguiendo a una oropéndola, carricero políglota cantando de lo lindo, cigüeña negra, zorzal común y, en un laguito cercano, chorlitejo chico y lavandera tipo feldegg. Y el mejor final para el viaje, una pareja de águila imperial oriental, en mayúsculas, que se acercó a darnos la despedida ¡¡¡increíble!!! La vimos durante unos minutos, en vuelo pausado, perdiéndose posteriormente tras unos árboles. No podíamos pedir nada mejor para terminar nuestro periplo rumano.
Autoría de fotos:
--pelícano ceñudo, cormorán pigmeo y somormujo cuellirrojo: Rai
--lavandera boyera: Alfonso
--escribano cabecinegro: Miguel
--grupo: Josema