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domingo, 8 de noviembre de 2009

Ouessant (Bretaña francesa) 2009




























Ouessant (Bretaña francesa) 2009
Del 23 al 26 de octubre
Participantes: Fernando del Valle y Francisco Chiclana

“...mosquitero bilistado y estornino rosado en la misma plaza de Lampaul, eso es Ouessant en estado puro…” . Este comentario de mi amigo Alfonso Rodrigo –extreme birding- inclinó la balanza definitivamente. De este otoño no pasaba la visita a esta pequeña isla de la Bretaña francesa. Otro buen amigo, Fernando del Valle, también se vio tentado por esta oferta pajaril y se unió al proyecto. Ouessant apenas tiene mil habitantes, mide ocho kilómetros de largo por cuatro de ancho, y es la tierra habitada más occidental de Francia. Marca tradicionalmente la entrada sur al Canal de la Mancha y es conocida en el mundillo pajaril por reunir en su seno, a mediados de octubre, un buen número de rarezas y un buen número de ornitólogos buscándolas, mayoritariamente franceses. Y así, nos fuimos a Francia en busca de aventura.
23 de octubre.- El primer día lo invertimos en llegar a Le Conquet, cerca de Brest, en el litoral atlántico. Volamos de Sevilla a París y allí alquilamos un coche para recorrer los seiscientos kilómetros que nos separaban de la costa. Por el camino vimos bonitos lugares, como Sant Brieuc, y bonitas escenas para recordar, como un grupo de gaviotas canas alimentándose en un pradito precioso. La lluvia nos recibió a la llegada y no nos había abandonado aún al amanecer del día siguiente. Nos alojamos en un bonita casa rural rodeada de un bosquete muy chulo.
24 de octubre.- En el puerto, a pesar del cielo gris y el viento frío, el ambiente era de lo más arrebatador. Como muestra, un par de gaviones adultos se enzarzaban en una pelea para apropiarse de un hermoso cangrejo. Del enfrentamiento eran testigos gaviotas argénteas, vuelvepiedras y bisbitas costeros que rebuscaban entre las algas del muelle. El interior de la estación marítima se iba llenando de birders cargados con material óptico y guías de aves. Nos habían dicho que se podía dejar el coche en el aparcamiento que hay junto al puerto, pero del todo imposible. Tiene cabida sólo para unos pocos coches y suele completarse a muy temprana hora. Nosotros lo estacionamos en un aparcamiento libre que hay tras el cercano ayuntamiento (la mayoría son zonas azules y te permiten dejar el coche un máximo de cuatro horas). Sobre las 9,30 de la mañana embarcamos con una mar bastante agitada (el trayecto dura algo más de una hora). El ferry –de la compañía Penn Ar Bed- hizo también escala en el archipiélago de Molène, con un nutrido bando de ostreros que coloreaba las salpicadas rocas. Como por arte de magia, las nubes se esfumaron al llegar a Ouessant y el sol se abrió paso entre ellas. Allí no se puede alquilar un coche y es necesario moverse en bici. Para llegar al albergue de jóvenes, donde nos quedamos la segunda noche, tomamos uno de los taxi-furgoneta que esperan la llegada del barco. También hay un autobús, pero el taxi tiene la ventaja de que te acerca al mismo alojamiento. Los taxis suelen completarse bastante rápido y no es aconsejable desembarcar de los últimos. En la plaza de Lampaul, al lado de la iglesia, hay un supermercado para provisión de alimentos y un taller para alquiler de bicis. La isla tiene 61 metros como cota máxima, pero el pedalear continuamente de un lado para otro, cargado de material, acaba pasando factura al final de la tarde. A última hora localizamos una tienda al lado del albergue que anunciaba alquiler de coches sin carnet –TopGarage Kerebe, teléfonos 0628296221 y 0298488133-, pero ya era tarde. De todas maneras, moverte en bici por la isla es un clásico que hay que conservar. Un trámite previo es pasar por el albergue de ornitólogos para anotar los registros de las últimas rarezas localizadas, pero nos lo saltamos y nos hicimos nuestra propia ruta en base a los datos que habíamos bajado de internet http://ouessant.observado.org/waarnemingen_all_wg3.php?groep=1. Nos marcamos unos objetivos poco exigentes que empezaban con disfrutar de un mosquitero bilistado que había a la afueras de Lampaul, en Kerhuel, y que llevaba allí varios días sedimentado. De allí nos fuimos a Park Raden, al lado de Port Arland (Porz Arland en bretón) en busca de más bilistados y de un camachuelo carminoso que se dejaba ver relativamente bien. También observamos un grupo de frailecillos sobre las olas, y cormoranes moñudos soleándose. Nos calló la noche mientras veíamos un estornino rosado desde la iglesia del pueblo. De allí al albergue, a quitarnos las botas de agua que nos estaban cociendo los pies. Es recomendable calzarlas si se pretende buscar pajarillos en los encharcados bosques de tamarindos, donde a veces el sonido ambiente es el gruñido del rascón, pero se hace pesado el llevarlas si hace calor. Más tarde nos dimos un pequeño homenaje cenando en un restaurante en Porz Noan, con unos deliciosos calamares a la Armórica, típicos de la zona, regados con unas cervezas marca Britt.
25 de octubre.- El tercer día amaneció soleado y cálido. Decidimos pasar la mañana entre Ti Korn y Ar Runiou, al sureste de la isla, majestuosos lugares que nos ofrecieron escribano nival y foca gris. Sus costas escarpadas, el tapiz verdoso y el sonido del mar nos hacían sentir en la gloria. La hora del bocadillo la pasamos nuevamente en Park Raden (hasta cuatro inornatus había en esos momentos). Y a las 6 de la tarde embarcamos de regreso. La estancia en la isla -de algo más de un día- sólo nos permitió recorrer su mitad este, pero fue suficiente para entender porqué es tan famosa en el mundillo ornitológico-viajero, y porqué muchos birders son fieles a su cita con ella todos los años. Ver gaviones posados sobre casitas coquetamente decoradas, tupidos helechos repletos de acentores y chochines, mosquiteros bilistados por doquier, el saber que en cualquier momento te puedes encontrar con cualquier rareza, etc, etc, acaba atrapándote. En el ferry de vuelta nos situamos nuevamente en la cubierta y a los pocos minutos ya añorábamos la isla. Para consolarnos, nos hicieron compañía un par de alcas y algunos alcatraces. Desembarcamos y cogimos rápido el coche rumbo a Le Mans, a un par de horas de París, donde queríamos pasar la noche.
26 de octubre.- La mañana del cuarto día esperamos el avión de vuelta a casa en La Courneuve, un gran parque urbano situado cerca del aeropuerto Charles de Gaulle, al norte de la ciudad. Allí nos entretuvimos con cornejas, reyezuelos sencillos, palomas zuritas, la variedad centroeuropea del mito, un esquivo pito cano... Y vuelta a casa. Por último, sólo me resta agradecer a Rafa Armada, Ferrán López, Alfonso Rodrigo y Dani L. Velasco la información que nos facilitaron antes de la partida, a Aurelien Audevard por el envío de algún sms esclarecedor durante la estancia en la isla, a Eugenia por mantenernos al tanto de los últimos registros colgados en internet y, como no, a Fernando, ya que sin su francés hubiera sido imposible desenvolvernos allí. Sobra decir que observamos muchas más especies que las mencionadas en el report, pero las he obviado para no extenderme demasiado.
Autor de fotos.- grupo, paisaje de Ouessant, Lampaul, gaviota argéntea, gavión y escribano nival: Fernando del Valle

2 comentarios:

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...
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