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martes, 19 de julio de 2011

Turquía 2011

EXCURSION ORNITOLÓGICA A TURQUIA 2011
por Paco Chiclana

DEL 13 AL 22-05-11

Participantes: José Antonio Lama, Oscar Rodríguez, Alfonso Barragán y Paco Chiclana

grupo en Birecik (c) Oscar Rodríguez


Especies destacables.- gallo lira del Caúcaso, perdigallo del Caspio, francolín común, perdiz chukar, perdiz gorgigrís, cormorán pigmeo, ibis eremita, águila imperial oriental, ratonero moro, gavilán griego, chorlitejo mongol grande, avefría espolada, tórtola senegalesa, autillo de Bruce, martín pescador de Esmirna, martín pescador Pío, abejaruco papirrojo, pico sirio, pico dorsiblanco, terrera asiática, calandria bimaculada, alondra cornuda, acentor de Radde, petirrojo gorgiblanco, collalba Isabel, collalba rubia oriental, collalba de Finsch, collalba kurda, buitrón elegante, curruca zarcerilla, curruca mirlona oriental, curruca de Menetríes, zarcero grande, zarcero de Upcher, zarcero pálido oriental, mosquitero oriental, mosquitero del Caúcaso, mosquitero verde, papamoscas papirrojo, papamoscas collarino, carbonero lúgubre, trepador de Kruper, trepador rupestre, trepador armenio, alcaudón chico, bulbul cabecinegro, tordino iraquí, corneja cenicienta, estornino rosado, gorrión del mar Muerto, gorrión pálido, gorrión de garganta amarilla, pardillo piquigualdo, verdecillo carinegro, camachuelo carminoso, camachuelo rosado, escribano ceniciento, escribano cinéreo, escribano cabecinegro.



acentor de Radde © JA Lama

trepador de Kruper © JA Lama

abejaruco papirrojo © JA Lama

escribano cabecinegro © JA Lama

ibis eremita © JA Lama

gorrión de garganta amarilla © JA Lama

gorrión del mar Muerto © JA Lama

martín pescador de Esmirna © JA Lama

zarcero de Upcher © JA Lama

mosquitero del Cáucaso © JA Lama

mosquitero verde © JA Lama

chorlitejo mongol grande © JA Lama

curruca de Menetríes © JA Lama

alondra cornuda © JA Lama

estornino rosado © JA Lama

petirrojo gorgiblanco © JA Lama



Resumen.-
Viajamos desde Sevilla a Madrid con Iberia, y desde allí a Adana, escala en Estambul, con Turkish Airlines. El billete nos salió caro, alrededor de 550 euros.
En Adana teníamos alquilada con Europcar una Hyundai Starex, que resultó demasiado grande, cara e incómoda, pero la oferta de coches en esa ciudad era muy baja y no tuvimos más opciones. El precio para toda la semana fue de 1.200 euros. Tan sólo tuvimos una autopista en el sur (entre Adana y Gaziantep) para la que fue necesario comprar una tarjeta en la misma vía de la que se descontaba saldo en los peajes. El resto de las carreteras dejaban mucho que desear; igual te encontrabas tramos muy buenos que tramos horribles, además de que prácticamente todas estaban en obras, a lo que se añade que muchos turcos conducían como les parecía, sin atenerse a las normas. En el coche recorrimos unos 3.700 Km. siendo la ruta, a grandes rasgos, Adana, Durnalik, Birecik, Yesilkent, Dermikazic, Sultan Marshes, Nemrut Dagi, Sivrikaya y Adana nuevamente, siempre en la Turquía del Este o asiática. Hicimos noche en Adana (1ª), Gaziantep (2ª y 3ª), Cukurbag (4ª), Malatya (5ª), Erzurum (6ª), Ikizdere (7ª), Sivas (8ª) y aeropuertos de Adana y Estambul (9ª). Teníamos reservado alojamiento para las cuatro primeras noches, lo que resultó muy cómodo. En cambio fue casi una pesadilla buscar hotel para las noches restantes ya que la oferta era bastante reducida. En las ciudades pequeñas no había nada aceptable, y en las grandes pocos hoteles y todos en el centro, siendo necesario cruzar toda la ciudad para llegar a ellos. La media nos ha salido a 45 euros por cabeza en habitación doble, con cena y desayuno incluido. Otro problema para buscar alojamiento era que prácticamente nadie hablaba inglés, teniendo que recurrir generalmente a los gestos y al google traductor. El gasoil también estaba caro (alrededor de 1,5 euros/litro), por lo que sumado al alojamiento y comida, el resultado final ha sido un viaje algo caro, por encima de lo presupuestado, aunque ha merecido mucho la pena, tanto por las especies observadas como por los escenarios maravillosos que nos hemos encontrado. Además, hemos visitado gran parte del país conociendo su cultura, su gastronomía, sus gentes, sus costumbres, su desarrollo social y económico, etc.
Dedicamos todas las horas de luz al pajareo, a excepción de aquellas que pasábamos dentro de la Hyundai en los desplazamientos. Amanecía sobre las cinco de la mañana y anochecía sobre las siete de la tarde.
Casi todo el tiempo hemos estado por encima de los 1.000 metros de altitud dado que es un país muy montañoso, con paisajes nevados casi siempre en el horizonte. Ello se ha traducido en temperaturas agradables, no elevadas, a excepción del día que pasamos en Birecik donde el calor apretó de lo lindo. En el norte, en las montañas nevadas de Sivrikaya, tuvimos que tirar en cambio de ropa de abrigo. Casi todos los días nos llovió algo a la hora del bocadillo y gozamos de buen tiempo en general. Para la preparación del viaje, y hoja de ruta, utilicé la información que me facilitaron amigos como Oscar Gutiérrez y Rafa Romero, un report de los hermanos Portillo y algún consejo de Dani López Velasco, a quienes quedo muy agradecido. También utilicé las Gosney –Eastern Turkey y Ankara to Birecik-, varios report bajados de internet resultando muy útiles el de Christoph Moning y Gerlinde Taurer (septiembre 09) y, especialmente, el de Klaus Malling Olsen (mayo 05, 06 y 07). Llevábamos un navegador que resultó muy eficaz y un mapa de carreteras de Cartographia con escala 1:900.000, adquirido previamente en España. De no haber llevado navegador el mapa habría sido insuficiente ya que no recoge pequeños pueblos y pequeñas carreteras. Aprovecho para reseñar que en Turquía hay tanto pueblos sin nombre como varios pueblos bautizados con el mismo, lo que puede complicar la cosa.
Turquía es un buen destino para la observación ornitológica al ofrecer muchas posibilidades. Hicimos la ruta clásica que discurre por el este del país, aunque no tuvimos tiempo suficiente para visitar el lago Van y alrededores, lo que quedará para un posterior viaje, quizás unido a las montañas de Georgia. Tampoco tocamos el Delta del Goksu ya que no nos iba a ofrecer ninguna especie nueva. Y ni nos planteamos ir a Cizre por la avefría india ya que conllevaba realizar un desvío demasiado grande para el tiempo disponible. En la preparación del viaje estudié la posibilidad de entrar por Adana y salir por Erzurum, aunque nos salía mucho más caro, por lo que fue Adana la puerta de entrada y salida del país, vía Estambul.
La Turquía del Este es bastante rural y pobre, aunque emergente y en crecimiento, y dentro de poco posiblemente será un país bastante fuerte. La moneda es la lira turca (TL), que cotiza en España con un cambio aproximado de 0,5 euros. En la mayoría de los hoteles aceptaban el pago en euros.
Viaje ideal, y diría imprescindible, para los amantes de las aves del Paleártico.
Sólo haré referencia a las especies que me han parecido interesantes y no a todas las observadas.

13 de mayo.-
Salimos de Sevilla a las 7:00 horas y llegamos a Adana a las 21:30 horas. Recogimos maletas, coche y rápidos al hotel a descansar un poquito.

14 de mayo.-
A primera hora salíamos del hotel ansiosos de pajareo. Adana –ya aparecida en la Iliada de Homero- está al sur del país, a unos 30 km de la costa, al suroeste de los montes Tauro, siendo conocida por albergar tierras muy fértiles. Mientras abandonábamos la ciudad algún compañero empezó a bimbar con corneja cenicienta, tórtola senegalesa y bulbul cabecinegro. Nuestro primer destino eran las huertas de Durnalik y nos moríamos por llegar lo más pronto posible (las dos horas de autopista –E 90- se nos hicieron interminables). Esta zona forma un círculo entre los pueblos de Yesilce, Durnalik e Isikli, a media hora de Gaziantep, y resulta sumamente interesante para observar un buen número de especialidades turcas. Justo de después de Yesilce hay una cantera con tráfico intenso de camiones, pero no aguantábamos más y nos tiramos de la furgo en busca de pájaros. Huertas y buenas laderas de monte mediterráneo eran el escenario, adornado con un montón de aves. Imaginaba que el petirrojo gorgiblanco iba a ser el primer bimbazo general del viaje y así fue, un precioso macho que vino a exhibirse a nuestro lado. Poco después eran varios los petirrojos que se movían por la zona, entre persecuciones de machos y hembras. Y más alegrías para el cuerpo: zarcero de Upcher y zarcero grande a placer, curruca mirlona oriental, escribano cabecinegro, una familia de mitos de garganta oscura–subespecie tephronotus-, un par de ratoneros moros en el cielo, y nosotros alucinados. La furgo la habíamos dejado mal aparcada, mucho camión ruidoso y, ya algo saciados de pajareo, decidimos movernos a algún sitio más tranquilo. Para ello cogimos una pequeña pista de tierra que hay justo pasado Durnalik, y que se interna en unas animadas huertas con algún regatillo de agua. Nos detuvimos en el primero que encontramos y disfrutamos del bullicio de aves a su alrededor: una pareja de escribano cinéreo –subespecie semenowi de machos muy amarillentos-, zarcero grande, currucas zarcerilla y zarcera, bulbul cabecinegro, carbonero común –subespecie intermedius, más pálido-, entre otros. En las huertas había mucho lugareño trabajando y nos ofrecían generosamente lo poco que tenían, además de su amado té (le llaman chai). Apretaba el hambre y pensamos en subir a Isikli en busca de algo de alimento. Para ello se coge el carril que asciende a la cantera y que se reconoce por el tráfico de camiones y, una vez en el alto, se toma la pista hacia el pueblo, distante también muy pocos kilómetros. Compramos algo de pan, fruta y fiambre turca, bastante picante y casi incomestible, y nos hicimos el bocata en el coche ya que fuera llovía tela. Poco después de la lluvia, interesante paseo por el alto entre Durnalik e Isikli: alcaudones común –subespecie niloticus, de gran mancha blanca en primarias- y dorsirrojo, collalba rubia oriental, alzacola –subespecie syriacus, bastante más grisácea que la nuestra-, escribano ceniciento y el único carbonero lúgubre del viaje, perteneciente a la subespecie anatoliae, de píleo y garganta algo más oscuros. Descendimos un poco en busca de las laderas de monte mediterráneo del ascenso y no defraudaron: curruca zarcerilla y zarcero de Upcher cantando y marcando territorio, las primeras perdices chukar y varios escribanos cinéreos también reclamando pareja, y los también omnipresentes escribanos cabecinegros. Y un bonito trepador armenio, bastante grandote, con ceba en dirección a su nido, mostrándose en lo alto de una roca. Poco después, otro bonito paseo por el alto con más petirrojos gorgiblancos y el primer trepador rupestre en un cortado rocoso, también con ceba. Casi al caer la tarde volvimos a Isikli en busca de agua y, para terminar el día, intentamos subir a unos altos que quedan a la derecha del pueblo viniendo de Durnalik. Esos altos se ven bien desde la misma aldea y son mencionados como paisaje lunar en distintos trip-reports, y para ello se debe enganchar la pista un poco antes de salir del pueblo. La subida fue entretenida mientras varios pastores bajaban de la montaña recogiendo su ganado. Halcón peregrino, collalba rubia oriental, curruca mirlona oriental, zarcero de Upcher, escribanos cabecinegro y cinereo, gorrión chillón, trepador armenio, petirrojo gorgiblanco, etc. Personalmente buscaba con ahínco a gorriones pálidos, citados algunos años en esa zona. Es una especie complicada, escasa y no regular, y así se comportó ya que sólo conseguí escuchar alguno. Casi de noche regresamos en busca de la furgo, cansados pero contentos, aunque menos que los niños que jugaban felices en las calles con mucho menos recursos que los niños occidentales, mientras el almuédano llamaba a la oración desde la mezquita (hasta en la más pequeña aldea había un minarete para convocar a las cinco oraciones diarias obligatorias). Saliendo de Isikli, dirección Yesilce, vimos un par de chotacabras grises cuando todos los gatos son pardos. Dormimos en Gaziantep, posiblemente el lugar donde se emplazó la ciudad helenística de Antioquia de los Montes Tauro. Algo curioso es que a la entrada de cualquier ciudad hay un cartel indicador con el número de habitantes y la altitud a la que se encuentra.

15 de mayo.-
Hoy tocaba Birecik, lugar mítico para aquellos que leemos sobre pajareo en otros países por ser el mejor lugar para ver perdiz gorgigrís, gorrión de garganta amarilla o ibis eremita, por ejemplo. Salimos del hotel muy temprano y ya a las seis de la madrugada la calle era un hervidero de gente. Curioso este país donde hay personas en las calles a todas horas, con las tiendas de ropa o fruterías abiertas las veinticuatro horas, con gente cortándose el pelo a las doce de la noche, con albañiles enluciendo paredes a la una de la madrugada, con una generosidad abrumadora en sus gentes que no deja de sorprender a los que nos consideramos hijos de la Europa civilizada.
Birecik es una ciudad grande en comparación con los pequeños pueblos que habíamos conocido el día anterior. La alcanzamos algo tarde para la consecución del primer objetivo propuesto que era la perdiz gorgigrís, dado que es sabido que hay que estar en el wadi principal o Wadi Ibis a primerísima hora. Este wadi es un cauce estrecho, encajonado, casi seco, que parte justo al lado de la entrada al Centro de recuperación del Ibis eremita, regentado por WWF. El guía del centro, que sí habla inglés y es bastante simpático, nos explicó que la perdiz, escasa, suele verse a unos dos kilómetros de caminata y, que tras los primeros paseantes, suele irse a lo alto de las paredes del barranco. Y estaba en lo cierto, ya que a la distancia mencionada vimos dos perdices volar en los altos de la pared. Aprovechamos un pequeño camino trazado en la ladera, supongo por pastores, y subimos arriba desde donde vimos nuevamente a las perdices aunque no tan bien como hubiéramos querido. Decidimos volver pero relajadamente para disfrutar de las aves que habíamos escuchado o visto fugazmente en nuestra ida. Y así vimos más zarcero de Upcher, un mínimo de tres preciosos machos de curruca de Menetríes –subespecie rubescens, con menos rosa en garganta y pecho-, mucho gorrión chillón, bastante carraca, ratonero moro y alguna pareja de ibis eremita criando en los cortados arenosos. Y llegados a los pistacheros, que hay junto a la entrada del wadi, echamos una ojeada a los gorriones y se localizó un espectacular macho de gorrión de garganta amarilla que se dejó hasta fotografiar. Y justo al lado, en los pinares de la entrada, un pico sirio reclamando y tamborileando, que también se dejó ver bastante bien. Apretaba el calor y nos acercamos a las orillas del río Euphrates a la búsqueda de fruta fresca, aunque antes compramos algunas camisetas y recuerdos en unos puestos a la entrada del centro de recuperación del Ibis eremita. Los últimos ibis salvajes se extinguieron en 1989 y la población actual se mantiene en régimen de semi-cautividad, criando gran parte de ellos en el interior del centro, en unos grandes cajones, y el resto en cortados de los alrededores.
A eso de media mañana nos fuimos a la ribera del Euphrates a la búsqueda de los tordinos iraquíes. La zona buena es la que queda justo frente a la ubicación del centro del ibis, en la orilla opuesta, en las graveras o canteras (en la misma orilla del archiconocido Hotel Merkelam –aparecido en casi todos los trip-reports-, cruzado el puente). Como era de esperar, según todos las crónicas leídas, las temperaturas en esta ciudad, cercana a la frontera con Siria, suelen ser elevadas. Muy bonito río que nos ofreció cormorán pigmeo, martín pescador Pío, avefría espolada –una parejita-, una gran masa de aviones zapadores criando en una islita, corneja cenicienta y algunos buitrones elegantes insistentes con su canto. Como apretaba el lorenzo, nos fuimos a unas huertas en la misma orilla, buscando la sombra, y pudimos ver bastante gorrión del Mar Muerto, escribano cabecinegro, corneja cenicienta y alzacola –ssp syriacus-. Y a eso de las dos de la tarde, con el sol picando fuerte, se escucha el canto del francolín, miramos alrededor y lo vemos en lo alto de un montículo, desgañitándose. Lo cierto es que no dábamos crédito ya que lo pensábamos buscar a la caída de la tarde, como es tradicional, y no a esa hora tan calurosa y central del día (supongo que tendría las hormonas totalmente revueltas). Estábamos muy contentos con la orilla del río pero teníamos que buscar un refugio para comer a la sombra, y nos fuimos a Birecik, a una pizzería. Después nos dimos una vuelta por el Gulhane Tea Gardens, lugar de referencia para el Autillo de Bruce o persa, a ver qué se cocía. Estaba repleto de lugareños tomando té y jugando a un curioso juego de mesa; preguntamos a los camareros y nos enviaron a un chico que sabía inglés y nos dijo que los autillos persas seguían allí, aunque últimamente los habían fotografiado con flash y se habían asustado y movido de ubicación. Dimos una vuelta a ver si se veía alguno por los tradicionales lugares de descanso –alrededor de la fuente azul- o de cazadero –esquina suroeste del parque-, pero no tuvimos suerte, y decidimos irnos para volver a la noche. En los jardines del café vimos varios mosquiteros orientales mientras buscábamos a los autillos. Pusimos la directa y nos largamos nuevamente a la orilla opuesta al Centro del ibis eremita donde, aparentemente, se movían los tordinos. Cuando llegamos nos encontramos con que se había levantado un fuerte viento, bastante molesto, y con unos birders que acababan de ver a uno de los tordinos. Nos colocamos en puntos estratégicos y conseguimos ver, algunos mejor que otros, al escondedizo tordino durante unos segundos. La tarde se volvió fresca, con cielo cubierto, lo que pareció gustar bastante a los francolines de la zona ya que mucho antes de oscurecer teníamos un coro de ellos, con hasta tres distintos machos emitiendo su canto ronco a ver cual se escuchaba más fuerte, y dejándose ver perfectamente. Mientras buscábamos nuevamente a los tordinos, vimos varios ejemplares de gorrión del mar Muerto, con algunos machos preciosos. Los mismos birders que nos anunciaron al primer y único tordino, poco después nos pasaron la localización de un par de abejarucos papirrojos que estaban en una pequeña hoya de terreno cercana, refugiados de la ventolera reinante. Dos pájaros preciosos que nos dejaron boquiabiertos. De nuevo, en la orilla del Euphrates, varios carriceros comunes de la subespecie fuscus, de partes inferiores más pálidas.
Caída la noche fuimos nuevamente a la búsqueda del Autillo de Bruce. Como he comentado antes, el lugar típico es el Guhlane Tea Gardens. Este café está en la orilla del Euphrates, junto a otros cafés, terrazas y parques situados a lo largo del río, en una especie de paseo fluvial. El día en cuestión era domingo y aquello estaba atestado de gente a nuestra llegada, sobre las 19,30 h de la tarde. Vimos moverse un búho chico, algún chotacabras gris y, ante tanto ruido de personal, decidimos ir a cenar algo y dar tiempo a que se despejara la zona. Volvimos a las 21 horas y ya había algunos birders apostados en los cazaderos, justo en la parte sur del café Guhlane, al otro lado de la valla. Al llegar nos dijeron que lo habían visto en tres ocasiones, aunque sólo fugazmente. Significaba ello que los autillos pasaban de la gente y del ruido y que se ponían activos al ocaso, independientemente de que hubiera más o menos movida por allí. Tuvimos que esperar casi una hora hasta que lo vimos volar y posarse sobre nuestras cabezas, dejándose ver relativamente bien, al mismo tiempo que en la terraza de enfrente sonaba una rumba catalana ¡increíble!. Dormimos nuevamente en Gaziantep.

16 de mayo.-
Tocaba moverse hacia las montañas de Demirkazic, y a primera hora levantamos el campamento y nos pusimos mano a la obra. Tomamos la carretera que asciende hacia el norte por Kahramanmaras y Goksum y nos desviamos hacia Tufanbeyli por la 815, y fue un acierto. Hicimos la primera parada en Yesilkent, pequeño pueblo con un prado precioso a su alrededor a 1.550 metros de altitud. Eran varias las calandrias bimaculadas que se afanaban en tareas de cortejo mostrándose divinamente. A media mañana nos comimos unas frutas observando al lado de la furgona lavandera boyera, subespecie feldegg, collalba Isabel y un bando de unos veinte estorninos rosados que nos sobrevolaron varias veces -éstos hicieron que el aperitivo de media mañana supiera aún mejor-. Los kilómetros que nos quedaban hacia Tufanbeyli estuvieron repletos de alcaudones chicos, con uno cada cien metros más o menos –nunca he visto una densidad tan elevada- y, a partir de allí, curiosamente, el alcaudón abundante fue el dorsirrojo. Y de Tufanbeyli a Guzeli nos paramos en el primer pinar que vimos en busca del trepador de Kruper y tardamos segundos en verlo –una chulada de pájaro-. Y también petirrojo gorgiblanco y una hembra de papamoscas collarino. Apretaba el hambre y nos paramos a comer en el primer puerto de montaña que ascendimos –dirección Develi-, con curruca zarcerilla, escribano hortelano y azor, entre otros. Y queríamos llegar a Cukurbag antes de que anocheciera para hacer una parada en Pinarbaci, y así lo hicimos. Sobre las cinco de la tarde estábamos en la pequeña aldea de Pinarbaci con prismáticos y teles preparados. Justo al lado del cementerio parte una pista de tierra que asciende ligeramente frente a un buen cortado rocoso. Ideal para collalba de Finsch, que vimos sin mucho problema –un precioso macho- y un buen número de aves de montaña como verdecillo carinegro –un bonito grupo de machos y hembras que deambulaban de aquí para allá con los machos reventones de celo y las hembras totalmente embobadas ante aquellos bellezones-, perdiz chukar, y los primeros gorriones alpinos ¡lugar inolvidable! Y casi anochecido a Demirkazic, en busca de la pensión del guía Basar Safak, en Cukurbag, donde íbamos a alojarnos. La pensión se llama Oz Safak Pansion. Es un guía joven, bastante simpático y que habla inglés –importante allí- y que te lleva a ver perdigallo del caspio. Su dirección electrónica para contacto es ozsafak@hotmail.com
La pensión está en un paraje de ensueño, en medio de las montañas Aladag (el pico más alto es de 3.767 metros). Son unas montañas muy conocidas por su belleza, por la espectacularidad de sus paisajes, por sus rutas senderistas y por sus aves, en especial por la relativa facilidad para ver perdigallo del caspio de la mano de Basar Safak. Nos recibió este chico, nos alojamos y cenamos bastante pronto, con una luna llena en el horizonte que nos dejó alucinados, oyendo a la vez autillo europeo. ¡Ah! Y nos tomamos las primeras cervezas turcas marca Efes, bastante buena. Tempranito a dormir ya que a las tres de la mañana se tocaba diana. Basar Safak nos dijo que llevaba varios días lloviendo en la zona y que no había podido subir en busca del perdigallo, pero que los pronósticos para mañana eran de tiempo soleado ¡cojonudo!

17 de mayo.-
A las tres de la mañana ya llevaba algún tiempo despierto pensando en la aventura del día. Desayunamos y, bien pertrechados para contrarrestrar el frío, nos subimos al tractor de Basar. Una hora de ascenso en el tractor en busca de las montañas, y con los claros del día ya estábamos escuchando a los perdigallos. Empiezan a cantar los machos en los puntos más elevados de las montañas y, poco a poco, van descendiendo en busca de hembras. El entorno era inolvidable. Mientras oíamos a los perdigallos, teníamos a nuestro lado acentor de Radde, numeroso, collalba gris –subespecie libanotica, de machos algo más claritos-, roquero rojo y bastante gorrión alpino y acentor alpino en los neveros –acentores de la subespecie montana, menos estriados en partes superiores-. A los pocos minutos fueron dejándose ver los gallos y conseguimos ver bastante bien cuatro perdigallos del Caspio, incluida una pareja en la pared rocosa de nuestra espalda, y alguna chukar cantando también en las cimas más altas. También camachuelo rosado –subespecie sanguineus, de nuca amarronada- y algún verdecillo carinegro en vuelo. A las nueve, más o menos, de nuevo al tractor y a la pensión en busca del desayuno y de las maletas. Habíamos acordado con Basar 45 euros por cabeza, aunque nos salió más caro debido a que pagamos en euros y el cambio no fue favorable, y a que habíamos reservado para cinco y al final fuimos sólo cuatro los viajeros. Sobre el mediodía, de nuevo carretera. La idea era conducir hasta Malatya y hacer una parada en la Sultan Marshes o Sultan Sazligi para observar a la terrera asiática o mongol, recientemente separada de la terrera marismeña. Llegamos a Ovaciftlik y rápidamente estábamos a la entrada de las marismas. Un cartel indicaba que no se podía acceder en vehículo, pero desde la misma entrada vimos dos terreras asiáticas muy bien (Calandrella cheelensis aharoni), alguna collalba Isabel y varios estorninos rosados alimentándose (buen año de rosados). Al lado de la entrada está Sultan Pansiyon, Bird Paradise, donde dan comida típica de la zona, y de allí nos vino un señor ofreciéndose como guía para observar aves en las marismas. Le dijimos que sólo estábamos interesados en ver chorlitejo mongol grande y dijo que esta temporada había bastante, aunque ante nuestras dudas decidió llamar a otro hombre que decía ser un buen guía. A los veinte minutos estaba allí –hablaba buen inglés- y nos aseguró ver en un par de horas, como mucho, varias parejas reproductoras de mongol grande, aunque a un precio abusivo (150 euros). Regateamos pero no conseguimos rebaja, por lo que exprimimos los bolsillos y nos montamos en un Lada niva bastante cascado para adentrarnos en las marismas del Sultán. Aquello era un espectáculo de vida –parecía que habíamos vuelto a Doñana pero rodeados de montañas nevadas- y nosotros dando saltos dentro del Lada que estaba tan cascado que a los pocos minutos se le cayó hasta el tubo de escape. Nos temíamos lo peor, pero este tipo consiguió llevarnos hasta una praderita donde había una pareja preciosa de chorlitejo mongol grande con tres pollitos. Los vimos con el tele para no molestarlos y le pedimos al guía volver ya que no creíamos que el Lada aguantara mucho más tiempo andando. El mongol que vimos pertenece a la subespecie columbinus, de menor talla en el pico. Casi echamos la casa por la ventana pero decidimos comer en el restaurante para descansar un poquito y huir del calor, y tomarnos también unas Efes. Y de nuevo a la carretera. ¡Ah! Al lado del restaurante un majestuoso búho chico descansando en uno de los pocos árboles del lugar, y también un mochuelo de la subespecie indigena, de coloración algo más clara que los europeos. Llegamos a Malatya, ciudad situada al suroeste de Turquía, al pie de las montañas del Contra-Tauro, entrada la noche, bastante cansados del madrugón y de bastantes horas en la incómoda furgona. Nos costó cruzar la ciudad ya que había mucho tráfico y jaleo por estar en época electoral, y nos costó encontrar hotel. Al final tuvimos suerte y dormimos en un hotelazo.

18 de mayo.-
Hoy tocaba el monte Nemrut (Nemrut Dagi) en la mañana. Alcanza algo más de 2.000 metros de altitud y está situado cerca de Adiyaman, también al sureste de Turquía. Forma parte de los montes Tauro y es el punto más alto al norte de Mesopotamia. Es una montaña conocida por albergar estatuas de leones, águilas y dioses armenios, griegos y persas, pertenecientes a una importante tumba del siglo I a.C. situada en su cima, mandada construir por el rey Antioco I. Pajarilmente famosa por ser hábitat de una población importante de collalba kurda o colirroja. Ambos alicientes obligaban a citarnos ineludiblemente con ella. Es muy importante no confundir este monte con un volcán de igual nombre situado cerca de Tatvan, al oeste del lago Van.
Salimos temprano del hotel e hicimos nuestra primera parada una vez alcanzada la zona desnuda de la montaña. En nuestro ascenso habíamos dejado atrás parajes verdes, con abundante vegetación y con caudalosos arroyos, y bastante obra en la carretera que hacía un poco suplicio el conducir. Y como digo, nuestra primera parada pajaril fue en la zona desnuda coincidiendo con un macho de collalba kurda a nuestra izquierda. Parón y bajada de la furgo para ver relajadamente a este bonito pájaro. Había una apisonadora trabajando cerca y no era el sitio ideal para pajarear un rato, por lo que seguimos ascendiendo unos minutos más. Y nueva parada con más collalba kurda, macho y hembra, collalba de Finsch –bonito macho que competía en elegancia con el macho de kurda-, trepador rupestre, perdiz chukar, roquero rojo, escribano ceniciento y calandria bimaculada, otro espectacular pájaro que no cesaba de cantar, de moverse de un lado para otro, de transportar ceba y de llamar nuestra atención –se movía en una ladera escarpada con roca y algo de vegetación de bajo porte-. Seguimos ascendiendo, casi siempre acompañados por un grupo numeroso de mujeres montadas a caballo que hacían sucesivas paradas en busca de hierbas que introducían en sus talegas. Todas ellas con velo en sus cabezas, las jóvenes con telas más coloridas. Aprovecho para comentar que la gran mayoría de las mujeres turcas iban con el pelo cubierto, y a medida que avanzaba la edad aumentaba también la cobertura de la cara, y la oscuridad de sus ropas. Los hombres mayores vestían los típicos pantalones turcos oscuros, sobre todo en zonas rurales. Y volviendo a las aves, hicimos otra parada un poco antes de la cima, con colirrojo tizón –un par de individuos con caracteres intermedios entre ochruros y semirufus, rojizos en partes ventrales-, gorrión alpino, chova piquigualda, más collalba kurda, más trepador rupestre, escribanos cinéreo y hortelano, petirrojo gorgiblanco –curioso verlo tan alto-, un grupo de estorninos rosados en vuelo, y unas más que alucinantes alondras cornudas –subespecie penicillata- que nos dejaron más que boquiabiertos. Muy interesante comprobar que son distintas a las noruegas o las marroquíes, por ejemplo. Y la última parada la efectuamos justo en todo lo alto, haciéndonos unas fotines con las estatuas de piedra, mientras merodeaba una hembra de collalba kurda entre nosotros. He leído que los amaneceres y atardeceres allí son espectaculares, por lo que habrá que volver algún día para contemplarlos. A nuestros pies el enorme embalse Ataturk.
Algo después del mediodía era hora de volver y de hacer kilómetros en busca de Erzurum. Así lo hicimos y, un poco antes de Malatya, decidimos coger un atajo para ahorrar algo de carretera. Según el mapa, la carretera no debía ser buena, pero pasando por Turge y Kale podíamos adelantar algo y aventajar camino. Nuestro navegador nos decía que no lo hiciéramos, pero se trataba de “atrochar” y de ser valientes. Bueno, casi una hora después tuvimos que volver ya que era imposible seguir por ser la carretera intransitable. Pero tuvimos una gran sorpresa, casi uno de los mejores momentos del viaje. Escuchamos en unos árboles cercanos un griterío pajaril brutal que, en principio, parecía de gorriones. A la vez, la pista y el campo cercano estaban totalmente cubiertos por miles de pequeños saltamontes que iban en una descomunal manifestación. Nos bajamos de la furgo para averiguar qué pasaba y nos quedamos atónitos cuando vimos que empezaban a salir de los árboles centenares de estorninos rosados que se dirigían al suelo para ponerse tibios de saltamontes. En unos minutos el cielo se cubrió de estorninos y el espectáculo de color y sonido era indescriptible, tanto que calculamos que los rosados podían sumar más de dos mil aves. En la periferia de ellos, más especies también aprovechando la coyuntura, entre las que sacamos camachuelo carminoso y un más que probable gorrión pálido (aunque éste no se dejó ver el tiempo suficiente para certificarlo al cien por cien). Después de la gozada, comimos en un bar de carretera y camino a Erzurum pasando por Elazig y Azcale. Íbamos mal de tiempo y no hicimos más paradas de pajareo, a pesar de atravesar tramos muy buenos para gaviotas y charranes. Sólo nos permitimos unos minutos antes de caer la tarde en un exuberante valle, con amplia cobertura vegetal y con dos carracas posadas en una rama, proporcionando un toque de color azul –curioso verlas en estos ambientes tan verdes cuando en nuestro sur la vemos siempre en interior de amarillos secarrales-. No encontramos hotel decente hasta Erzurum, donde llegamos casi de madrugada. Hicimos paradas previas en algunos hoteles (no sé si se les puede llamar así realmente) que encontramos al cruzar pequeñas poblaciones pero eran muy cutres y pasamos de ellos. Recuerdo que en una pequeña población fuimos a la policía en busca de información sobre alojamiento, y nos recibieron amablemente, nos dieron bombones y todo, y llamaron por teléfono a un “hotel”, pero cuando llegamos al mismo nos faltó tiempo para salir pitando de lo sucio que estaba.

19 de mayo.-
Erzurum es una gran ciudad, al norte del Kurdistan, región histórica de Armenia, situada por encima de los 2.000 m de altitud, por lo que en la mañana hacía bastante fresquito. Abandonamos pronto el hotel y saliendo de la ciudad avistamos bastantes grajas. Nuestro deseo inmediato era llegar pronto a Gelinkaya, pequeña aldea de los montes pónticos que aparece en todos los reports como el mejor sitio para ver mosquitero montano o del Caúcaso. El sitio era encantador, pequeña aldea en un valle precioso, rodeada de montañas nevadas, con un arroyo de agua fresca bien boscoso, y con áreas encharcadas aledañas. El mosquitero montano no tardó en aparecer y se mostró bastante bien, además de ser numeroso. Y además pico sirio, papamoscas papirrojo, curruca zarcerilla y bastante camachuelo carminoso, subespecie kubanensis, machos muy rojizos en partes inferiores. Había carminosos cantando y otros en migración, agrupados a escribanos hortelanos. También estorninos pintos de la subespecie tauricus, aparentemente más oscuros y con más irisaciones. Y dejamos Gelinkaya a nuestro pesar ya que queríamos llegar a Sivrikaya a la hora del almuerzo. Mientras subíamos el primer puerto vimos a través de las lunas de la furgona una gran rapaz en el cielo y frenazo rápido y bajada de la furgo –por la zona no había nada de tráfico-. Pusimos a trabajar teles y prismáticos y el resultado fue exitoso, un inmaduro de águila imperial oriental que suponemos pertenecerá a la población existente entre Van y Erzurum. Continuamos ruta e hicimos otra breve parada en Ispir donde vimos arrendajo de cara blanca, grupo atricapilla, escribano cabecinegro y un fugaz gavilán griego que dejó a más de uno con la miel en los labios. Empezó a llover y de nuevo a la furgo. Dirección Sivrikaya más sorpresas como águila real, ratonero moro –curioso comprobar el gran tamaño de estos busardos orientales, subespecie rufinus, en comparación con los norteafricanos-, y camachuelo rosado. Coronamos el puerto de Ovitdagi (Ovitdagi gecidi), de algo más de 2.600 m de altitud, por un paso abierto por los quitanieves y con tiempo soleado, aunque muy frío. Había leído mucho sobre los montes pónticos (por algunos conocidos como los Alpes pónticos) y por fin estaba allí. Es una cordillera majestuosa del norte de Turquía cuyo extremo oriental se adentra en Georgia. Miraba alrededor y todo eran enormes montañas nevadas en sus cimas ¡un paraíso aún virgen!. Mucha nieve y nosotros pendientes de los calveros y deshielos buscando pajarillo. Y muy entretenido ya que vimos alondra cornuda –ssp penicillata- cantando y alimentándose directamente sobre la nieve ¡alucinante!, gorrión alpino, acentor alpino y bisbita alpino de la subespecie coutelli, más estriado y menos rosado que el europeo. De repente entró una niebla del carajo y adiós al sol y a los pájaros. Descendimos unos metros dirección Sivrikaya y paramos en cuanto tuvimos un mínimo rayo de sol, con una buena pared a nuestra derecha. Y sorpresa, escuchamos el canto del perdigallo y localizamos, a eso de las tres de la tarde, una pareja cantando y exhibiéndose en lo alto de un risco, no muy lejos de nuestra posición (con los teles se veían muy bien). El macho cantaba orgulloso de la hembra que tenía a sus pies. De nuevo la niebla y decidimos descender hasta Sivrikaya, unos pocos kilómetros más abajo, para comernos el bocata. Al llegar allí llovía a mares. Comimos en la furgo como pudimos y con la visita de Mustafa Sari, conocidísimo guía de la zona que te lleva a ver el gallo lira del Caúcaso. Sivrikaya es una pequeña aldea, y Mustafa vive al lado del puente de piedra que cruza la carretera. En cuando nos vio se acercó a ofrecerse como guía. Nos dijo también que está construyendo una casa para alojar a los birders. Todo eso a base de gestos y de un inglés básico que chapurrea. No quedamos en nada ya que queríamos intentar los gallos liras por nuestra cuenta, antes de concertar una cita con Mustafa. De varios reports leídos tenía la idea de que los gallos no deben andar muy altos. Además, la Gosney refleja algún punto donde indica que los gallos liras se pueden ver desde la carretera, siempre que el tiempo lo permita. Es un sitio donde las nieblas son frecuentes y la visibilidad puede verse afectada considerablemente. Le dije a la peña que si la lluvia nos dejaba unos minutos sacaba algún gallo lira en los huecos que quedaban libres de rododendros. Nosotros estábamos al lado del puente de piedra que cruza la carretera, en Sivrikaya, un poco antes del minarete, y con un pequeño arroyo que bajaba de la montaña, a nuestra derecha. Frente a nosotros montañas con nieve en las cumbres, neveros aislados, y laderas cubiertas de rododendros, con calveros entre las masas de vegetación. Monté el tele en un descuido de la lluvia y ¡bimbo! un gallo lira del Cáucaso alimentándose en el suelo. Se lo dije a los compañeros y no me creían, hasta que miraron a través del tele. Seguimos escrutando las laderas, tanto a derecha como a izquierda, y había más gallos ¡increíble!, y algunos bastante cerca, dejándose ver muy bien. La tarde despejó, nada de lluvia ni de niebla, y sacamos varios gallos liras desde Sivrikaya hasta un poco antes de llegar al puerto de Ovitdagi, buscándolos en las calveros de rododendros que había en las laderas (un poco antes de llegar al puerto las paredes son desnudas, sin rododendros, algo más verticales y desaparecen los liras). Vimos gallos liras haciendo cortejo, exhibiéndose, levantando la cola, dando saltos y elevándose para dejarse ver, volando entre territorios, con escaramuzas entre machos, parejas alimentándose, etc., y sin necesidad de meternos en su terreno y molestarles. La tarde transcurría de lo más interesante, en un ambiente perfecto. También observamos mosquitero común de la subespecie abietinus, corneja cenicienta, un grupo de pardillos piquigualdos en vuelo, lavanderas blancas y boyeras –subespecie flava-, y un solitario triguero a esas alturas. En los valles de montaña hay refugios de pastores nómadas que van siendo ocupados a medida que se va retirando la nieve y produciendo el deshielo. La gran mayoría de ellos disponían de unas cuantas vacas en busca de pastos frescos, por cierto vacas bastante delgadas y pequeñas. Dormimos en un precioso hotel de montaña en Ikizdere.

20 de mayo.-
A primerísima hora estaba dando una vuelta por el entorno que rodeaba al hotel-spa donde habíamos dormido. La gama de verdes era abrumadora, y la exuberancia de la vegetación relajaba el alma, con algunos camachuelos carminosos dando un toque de color. El arroyo que descendía cercano al hotel recogía un caudal tremendo, casi ensordecedor. Estaba contemplando la fuerza del agua cuando descubro a un pollo de mirlo acuático reclamando comida, y al lado el adulto aportando ceba. Éste se zambullía en el centro del cauce donde la corriente era muy fuerte, y en más de una ocasión temí por su vida ya que el agua lo desplazaba río abajo bastantes metros y lo dejaba “machacado”. Por cierto, el mirlo acuático pertenece a la subespecie caucasicus, ligeramente más pálida que la europea. Y después del desayuno nos fuimos en busca del mosquitero verde a la carretera entre Ikzidere y Sivrikaya, en concreto a la zona de árboles que rodea al Hotel Génesis. Este hotel son unas cabañas de madera, que en mayo estaban cerradas aún, y que aparece indicado en la carretera como Otel Camlik (Génesis se reseña pero en letra pequeña, y no es visible a no ser que te fijes detalladamente). En la mayoría de los reports se recoge que los jardines de este hotel son muy buenos para el mosquitero verde, y para allá fuimos, aunque realmente no tiene jardines, pero sí una densa masa de coníferas a su derecha. Y nos metimos en busca del pajarín. En principio estábamos un poco desconcertados ya que esperábamos encontrar al mosquitero en bosque caducifolio, pero finalmente lo localizamos tras una búsqueda de una media hora. Parecía tarea difícil ya que el bosque era cerrado y oscuro, pero vimos una parejita y la seguimos hasta que se posó uno de ellos en una pequeña rama de un claro y nos dejó hasta fotografiarlo. En el bosque escuchamos un pico dorsiblanco y vimos camachuelo común y lúgano. El haber sacado mosquitero verde allí nos evitó ir a buscarlo al monasterio de Sumela, y ya debíamos emprender el camino de vuelta. Hicimos muchos kilómetros hasta llegar a Sivas, ciudad turca situada al este de la península de Anatolia, donde habíamos decidido dormir, previo una buena cena y unas buenas cervecitas Efes para celebrar nuestro exitoso viaje. El grupo cervecero Efes bautizó así su marca en honor a la antigua ciudad de Éfeso (en turco Efes). Por el camino cigüeña negra, abejero, ratonero moro, etc. Al llegar a Sivas vimos que una rueda de la furgona estaba bastante baja, y después de la cena comprobamos que estaba pinchada, por lo que teníamos trabajo al amanecer.

21 de mayo.-
A primera hora tocaba cambiar la rueda de la furgona. Llovía y se preveía una mojada. Buscamos herramientas para la tarea y uno de los tornillos se resistía a salir con la llave que tenía el coche. Afortunadamente muchos establecimientos están abiertos muy temprano, y a las 6,30 h de la mañana el vendedor de una tienda de repuestos cercana no sólo nos prestó una llave de cruceta para el tornillo rebelde, sino que nos ayudó muchísimo con una generosidad fuera de lo habitual. Sorprendente el buen corazón de estas gentes.
Teníamos que llegar hasta Adana, pero queríamos hacer una mini-parada turística en la Capadocia que resultó, además, muy fructífera pajarilmente hablando. Estuvimos en el valle de Goreme y sacamos las fotos típicas a sus formaciones geológicas –tobas calcáreas de formas caprichosas tras millones de años de erosión- a la vez que éramos testigos de cortejos y cantos de collalbas Isabel. También escribano cabecinegro, zarcero de Upcher, mucho vencejo real, y nosotros un poco tristes porque se terminaba el periplo turco. Además, Capadocia –como es bien sabido- es una zona muy turística y aquello estaba abarrotado de coches y gente, cosa que no nos agradaba mucho después de los días de pajareo en lugares mucho más relajados. Y además, nos acababan de clavar una multa por exceso de velocidad -por 10 km- que, personalmente, me mosqueó bastante. Las carreteras están casi todas en obras, algunas con indicaciones y otras carentes de ellas, pero en esa zona turística hay controles móviles para cazar al personal. Pienso que también deberían poner policías en otras zonas donde se conduce temerariamente, con el acojone propio de los que vamos por allí la primera vez. Y volviendo al pajareo, que es lo nuestro, nos plantamos en Adana sobre las tres de la tarde. Nos quedaban un par de horas de luz y decidimos invertirlas en observar martín pescador de Esmirna. Es escaso en Turquía y la mejor zona para verlo es al sur de Adana. Para ello partimos de la gran mezquita de Adana (la más grande de Turquía) y tomamos dirección Karatas (por la 815). Si ponemos el cuentakilómetros a cero, al llegar al kilómetro 8 atravesaremos un gran canal (justo antes del cruce hay una factoría de Pepsi a la izquierda). Cruzamos el canal e inmediatamente tomamos la carretera estrecha que sale a la derecha, quedando también el canal a la derecha. Unos metros más adelante, la carretera curva a la izquierda. Nosotros seguimos primero por la pista de tierra –a pie- que continua paralela al canal, después de girar la carretera a la izquierda, y allí vimos el primer Esmirna, volando de un lado a otro y posándose en las ramas bajas de los árboles de ribera. El canal estaba bastante sucio pero muy bien para aves. Por la zona también tórtola senegalesa, zarcero pálido oriental, bulbul cabecinegro, pico sirio, etc. Dado que aún teníamos tiempo, decidimos continuar por la carretera que giraba a la izquierda, y que un poco más adelante discurría paralela a otro canal, ahora a su izquierda. Pues bien, vimos hasta doce distintos Esmirna posados en el tendido eléctrico, en los árboles, en vuelo, y también un martín pescador Pío. Zona de huertas muy interesante para las aves, y muy entretenida. Por allí también corneja cenicienta, buitrón elegante, etc. Estábamos dentro del delta del Tarsus, aunque ya sí que se nos echó la noche encima y no pudimos llegar hasta la desembocadura del río Seyhan en el mediterráneo. El final se nos venía también encima y era hora de preparar las maletas para el aeropuerto. Cruzamos Adana de noche y la gran mezquita se veía deslumbrante, sumamente atractiva. Llegamos al aeropuerto, dejamos el coche y nos fuimos a tomar unas cervezas y a cenar algo, y a prepararnos para esperar la larga noche y las largas horas de vuelta a casa. A las 3 de la madrugada cogimos el avión hacia Estambul, y allí a las 8 de la mañana (22 de mayo) hasta Madrid, adonde aterrizamos sobre el mediodía. Y algo después para Sevilla.

viernes, 25 de febrero de 2011

Países Bajos 2011

EXCURSIÓN ORNITOLÓGICA A LOS PAISES BAJOS 2011
por Paco Chiclana

Del 12 al 15 de febrero

Participantes: Fernando del Valle, Mario Martín, Ricardo Martín-Baylo, Raimundo Martín, Rafael García, José Antonio Lama y Paco Chiclana.


grupo © Paco Chiclana





Resumen.- A mediados de febrero un grupo de amigos nos regalamos una excursión ornitológica a los Países Bajos. La escapada sólo fue de tres días, pequeña pero suficiente para ver las aves que llevábamos en nuestra lista y gozar a tope de la belleza de aquellas tierras. Comenzamos el periplo en el norte de Bélgica y lo acabamos en el norte de Holanda, invirtiendo la mayor parte del tiempo en este segundo país. Nos acompañó el sol, el frio, la lluvia, el cielo azul, la niebla, el gris plomizo en el aire, en definitiva, un repertorio de lo más variado y enriquecedor. Disfrutamos de las aves, de los paisajes espectaculares, de la luz de esos países centroeuropeos, de la gastronomía, de la cerveza, de la cultura, de nuestra compañía. Tres días de intenso pajareo donde los prismáticos y telescopios no descansaron ni un minuto. Recorrimos alrededor de 1.300 kilómetros, siendo altamente recomendable alquilar coches en compañías donde el kilometraje no esté limitado. Volamos con Ryanair, Sevilla-Eindhoven y viceversa. Nos quedamos a dormir en los hospedajes de la cadena Staokay, concretamente en Bergem op Zoom, Haarlem y Valkenswaard. Estos alojamientos están especialmente orientados a gente joven y resultan económicos si se ocupan todas las camas de que disponen las habitaciones, cosa que no ha sido nuestro caso. Quiero resaltar especialmente que el éxito del viaje se lo debemos a Fernando del Valle, quien ha dedicado muchas horas a su preparación y, en especial, al seguimiento de las especies y localización a través de la web http://www.waarneming.nl/. Sobre el trip-report, decir que intentaré no repetir mucho las especies y que no haré mención a todas las observadas, sino sólo a aquellas más interesantes (trataré de no aburrir demasiado).

12 de febrero.-Aterrizamos en Eindhoven sobre las nueve de la mañana y nos fuimos raudos al norte de Bélgica, concretamente a Mechelen, donde teníamos localizada una barnacla cuellirroja sedimentada allí varios días. Prestamos especial interés a esta ave ya que la mayoría de las cuellirrojas que había eran muy móviles y no permanecían mucho tiempo en el mismo sitio. El lugar escogido por la barnacla eran unos extensos campos verdes con un gran encharcamiento en el centro. Tras unos minutos –horas para algunos- de nerviosismo al no verla, la localizamos finalmente cuando conseguimos ver en vuelo a un bando de barnaclas cariblancas donde suponíamos que debía estar integrada. Nos dirigimos al grupo de gansos y bingo, allí estaba rebosante de encanto. En el grupo también vimos ánsares campestres (subespecie rossicus), caretos (subespecie albifrons) y un par de tarros canelos, entre otros. Y en las inmediaciones bonitos grupos de barnaclas canadienses, tarros blancos, faisanes vulgares y gansos del Nilo. La peña quería apuntarse un archibebe patigualdo grande que había al sur de Holanda, en Colijnsplaat, y allí nos fuimos a la hora del bocata, consiguiendo grabarlo en las tarjetas de memoria de las digitales. Anochecía un poco antes de las seis de la tarde y aún quedaba algo de tiempo para el pajareo. Nos dirigimos a unos pólders cercanos, algo más al oeste, donde cerramos el día observando barnaclas carinegras (subespecie bernicla), porrones osculados y unos chulísimos zorzales reales que levantaron de unos pastos cercanos y fueron a posarse todos al mismo árbol, mirándonos con el rabillo del ojo y en posición de alerta.

13 de febrero.-
Amaneció a las ocho de la mañana y ya estábamos en el interior del parque nacional De Biesbosch, al sur del país, importantísimo espacio para migración e invernada de acuáticas. Sitio mágico donde los haya, debo reconocer que es uno de los lugares que más me han impactado por su grandeza. Las primeras luces del día venían acompañadas de una ligera niebla que le daba aún más atractivo. La primera escena pajaril fue la observación de un avetoro en la orla vegetal de una pequeña laguna, a la vez que nos sobrevolaron serretas chicas y cisnes cantores. Continuando la pista que se interna en el parque fuimos descubriendo hermosos bandos de ánsares caretos, tantos posados como en vuelo, y nosotros, boquiabiertos, intentado quedarnos con sus reclamos y movimientos. Aquí observamos el único ratonero calzado y las primeras serretas grandes. También ánsares comunes y campestres y varias garcetas grandes.
Y de allí nos movimos al norte, concretamente a Flevoland. Un pigargo inmaduro, una bandada de tres mil barnaclas cariblancas, un grupo mixto de cisnes chicos y cantores, algunos azores posados a la espera de pajarillos, ratoneros grandotes y muy pálidos, y muchas más especies mientras recuperábamos energías con unos bocatas. Y los fotógrafos sin darle descanso a las cámaras.
Los desplazamientos en coche, entre puntos de observación, eran sumamente entretenidos ya que los omnipresentes campos verdes nos ofrecían, de manera casi continuada, cisnes vulgares, gaviotas canas, palomas torcaces, cornejas, grajas, etc.
Aún nos quedaban un par de horas de luz y teníamos que esperar la noche en Camperduin, algo más al norte, lugar clásico para observar ánsares chicos. Allí fuimos y vimos hasta cinco ejemplares distintos, acompañados en una de las ocasiones de tres barnaclas carinegras subespecie hrota. El lugar elegido para ello fue Pettemerpolder.

14 de febrero.-
Esta mañana nos amaneció camino de Julianadorp, pequeña población cercana a Den Helder, donde se estaba citando últimamente un grupito de ampelis. Bajo una lluvia cansina recorrimos el pueblo hasta que dimos con ellos, cebándose bien en un arbusto de bayas rojas ¡cómo no! El recorrido también nos ofreció un bando de pardillos sizerines mezclados con lúganos, y varios pinzones reales.
Y seguíamos subiendo hacia el norte. Circulamos a través del puente que une las ciudades holandesas de Den Oever y Zurich, sobre Ijsselmeer, enorme lago artificial localizado en el centro de los Países Bajos y que es uno de los entrantes poco profundos del mar del Norte. Desde el mismo coche pudimos observar eíderes, negrones, colimbos, gaviones y gaviotas argénteas. Y justo al acabar el puente, en un pequeño puerto, disfrutamos de lo lindo con grandes números de serretas grandes y chicas, la única serreta mediana del viaje, y varios porrones osculados.
Y más ruta hacia el norte. Fuimos a Sneek en busca de un ánsar de Ross que se había registrado allí el día anterior, y lo vimos, inmaculado, acompañado de barnaclas cariblancas y ánsares piquicortos.
Era algo tarde para seguir ascendiendo y había que picar ya destino sur, algo apenados por no haber alcanzado la costa por encima de Groninger. De vuelta a Eindhoven, donde cogíamos el avión a la mañana siguiente, hicimos la última parada en un pólder en Flevoland, observando un inmenso bando de más de 2.000 porrones moñudos. La guinda al pastel fue contemplar el cortejo de seis porrones osculados que rivalizaban por hacerse con los favores de una presumida hembra.
Y como podéis imaginar, la visita a los Países Bajos en invierno es un viaje imprescindible para los amantes de las aves del Paleártico (algunos de nosotros ya hemos repetido).


ampelis © Fernando del Valle

porrón osculado © Fernando del Valle

ánsar de Ross © Fernando del Valle

barnacla cuellirroja © JA Lama

barnaclas cariblanca y carinegra © JA Lama

ánsar campestre © Rafa García

ánsar piquicorto © JA Lama

ánsar chico © Rafa García

ánsar careto © Rafa García

serreta grande © Rafa García

serreta chica © Rafa García

cisnes cántor y chico © Fernando del Valle

lunes, 24 de enero de 2011

Egipto 2011

EGIPTO 2011
por Paco Chiclana


con mi familia en las pirámides de Giza

Dios Horus en el tempo de Edfu


Hemos comenzado el año 2011 con un viaje al viejo Egipto. La idea era ver sus templos, esfinges, tumbas, pirámides, bucear en su cultura e intentar comprender por qué aquellas antiguas civilizaciones daban tanta importancia a la vida después de la muerte.
Siguiendo la ruta de los clásicos lugares históricos viajamos desde El Cairo hasta el alto Nilo, cerca de la frontera con Sudán. A la llegada en avión a Luxor ya apreciamos claramente como el gran río bañaba sus orillas y las cubría de un productivo manto verde, quedando el resto del país ocupado por el interminable desierto.
Ha sido un viaje turístico contratado con una agencia, con muchísimas visitas programadas y con las típicas limitaciones para el tiempo libre, pero siempre queda un hueco para algo no menos importante, las aves.
Descender por el Nilo y ver cómo se desenvuelve la vida en aquel país es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida, y prometo volver algún día.
Han sido muchas las aves registradas, pero sólo haré un breve comentario de las más interesantes para no extenderme demasiado:
---Garceta verde estriada: observé muy bien tres ejemplares mientras navegaba en una faluca por las aguas de Assuan.
---Tántalo africano: un ejemplar adulto volando sobre el lago Nasser, cerca de Abu Simbel.
---Ganso del Nilo: un gran grupo en una isleta aguas abajo de Luxor, y otro grupo de menor entidad en Assuan.
---Milano negro (subespecie aegyptius): varias aves diseminadas a lo largo del viaje.
---Halcón borní: un ejemplar adulto en unas terrazas del río.
---Calamón (subespecie madagascariensis): fácil de ver en las orillas del Nilo este gallo azul de partes superiores verdosas.
---Alcaraván senegalés: varias aves en laderas pedregosas siempre cerca del agua.
---Avefría espolada: común en la ribera del río, y también en campos de cultivo del interior.
---Ganga coronada: varios grupos de aves en el desierto núbico, cerca de Abu Simbel.
---Tórtola senegalesa: omnipresente a lo largo del viaje y muy aquerenciada al hombre.
---Martín pescador pío: habitual, a veces abundante, en el río. También visible en canales de riego y lagunas interiores.
---Avión roquero africano: realzaba la belleza de algunos templos como Abu Simbel, Phillae y Hatshepsut.
---Golondrina común (subespecie savignii): hirundínido de partes inferiores muy rojizas común en zonas habitadas.
---Lavandera boyera (subespecie lutea): me sonrió la suerte cuando localicé un ejemplar en una línea de barros en el Nilo, junto a lavanderas blancas.
---Bulbul naranjero: común en parques y jardines.
---Collalba negra de Brehm: observé algún ejemplar en el valle de los Reyes y en Abu Simbel.
---Curruca zarcerilla: algunas aves en jardines y avenidas.
---Mosquitero común (subespecie abietinus): varios ejemplares en zonas arboladas.
---Suimanga del Nilo: un bonito macho -en plumaje de eclipse- en un jardín del puerto de Assuan, y otro ejemplar a las afueras de Luxor, en una zona de huertas.
---Alcaudón real (subespecie elegans): como dice su apellido, elegante alcaudón visto en el aparcamiento de mi hotel en El Cairo, sito en el extrarradio.
---Corneja cenicienta: ubicua y omnipresente como la tórtola senegalesa, y muy cercana al hombre.
---Cuervo desertícola: tan solo un ejemplar en las cercanías del templo de Hatshepsut.

lunes, 19 de julio de 2010

Mar Báltico 2010



  MAR BALTICO 2010 
   por Paco Chiclana

 

A mediados de junio de 2010 cruzamos el mar Báltico a bordo del Costa Atlántica, un barco de Costa Cruceros. Junto a mis niñas y mi mujer viajamos de Copenhague a San Petesburgo, haciendo escala en Estocolmo, Tallín y Warnemunde-Rostock. El mar Báltico es un mar interior, abierto al mar del Norte, de poca profundidad y de mareas de pequeña amplitud, rodeado de un rosario de capitales sumamente atractivas. El objetivo del viaje era principalmente turístico-cultural, con tiempo para las aves y el relajo del alma. Han sido muchos los momentos reseñables, pero seré breve para no aburrir demasiado.
El escritor Hans Christian Andersen andaba por las llamativas y coloreadas casas del puerto de Copenhague en busca de inspiración, y por allí también nos movimos nosotros en busca de retazos de historia, compartiendo espacio con eideres y cisnes. Sobre los tejados del muelle, reclamos estridentes de adultos y jóvenes de gaviota cana llamaron nuestra atención al montar una fiesta siempre que se daban la bienvenida. Nos despedimos de la capital danesa en la Fuente de Gefion, lugar donde descansa la diosa que recogió en una noche parte de Suecia para crear Dinamarca.
Estocolmo es una de las más bellas capitales del mundo, edificada sobre catorce hermosas islas. Ciudad embriagadora repleta de verdor y bellos edificios, donde es fácil escuchar al zarcero icterino en alguno de sus parques. En el fiordo vimos serretas medianas con pollitos y barnacla cariblanca criando en sus laderas. La isla de Gotland, en el trayecto a Estocolmo, ofreció momentos inolvidables cada vez que cientos de alcas y araos cruzaron veloces ante la proa del barco.
Tallín, capital de Estonia, pequeña, medieval, pintoresca y coqueta, quizás haya sido la más impactante. La catedral ortodoxa de Alexander Nevsky nos dejó sin respiración por su belleza inigualable, y una frondosa franja de jardines en su entorno, hogar de zorzales reales, le proporcionaban aún más encanto. En las afueras, en una praderita con arbustos dispersos, un carricero de Blyth nos dio la despedida, junto a un bonito macho de lavandera boyera de la variedad xanthophrys.
Dejamos esta brillante ciudad situada a ochenta kilómetros al sur de Helsinki y el barco puso rumbo a San Petesburgo, capital cultural rusa por excelencia, salpicada de majestuosas iglesias y surcada por el grandioso río Neva, parada y fonda de charranes árticos. Al salir de la ciudad y adentrarnos en el Golfo de Finlandia nos sonrió la fortuna y tuvimos la inmensa suerte de ver a un par de gaviotas de Siberia (o Heuglini) descansando en un pequeño embarcadero, rodeadas de decenas de elegantes porrones moñudos.
Y de alli a Warnemunde, antiguo pueblo de pescadores y hoy concurrido balneario costero del norte de Alemania. A los pies del faro, junto a la desembocadura del río Warnow, nos detuvimos a contemplar los cambios de humor del Mar Báltico y las divertidas persecuciones y correrías entre gaviones y gaviotas argénteas. Despedimos el mar del ámbar descansando en uno de los famosos sillones playeros de mimbre que adornan esta playa báltica.
Autor de fotos (catedral de Alexander Nevski, gavión siguiendo al barco y gaviota argéntea en Tallín).- Paco Chiclana

viernes, 28 de mayo de 2010

Madeira 2010 (Zino´s Petrel Pelagic Expedition)





















EXCURSION ORNITOLOGICA A MADEIRA 2010
por Paco Chiclana

DEL 13 AL 18 DE MAYO


Participantes:
Andrés Requejo
Andrés Bermejo
Javier Ferreres
Oscar Llama
Andy Paterson
Raimundo Martín
Paco Chiclana

A mediados de mayo participamos en la primera Zino´s Petrel Pelagic Expedition organizada por Madeira Wind Birds. El objetivo principal de la misma era observar en el mar al escaso y amenazado Petrel de Zino, y el objetivo fue cumplido satisfactoriamente.
Para ello Catarina Fagundes y Hugo Romano, tour leaders de la empresa organizadora, habían programado tres salidas pelágicas con una media de diez horas diarias de duración. Los puntos de observación estaban situados entre quince y veinte millas de Madeira, y para llegar a ellos nos desplazábamos en una embarcación neumática semirrígida (RIB). Para atraer a las aves se utilizó un “chum” sólido, previamente fabricado con pescado fresco, que se disolvía lentamente -a excepción de uno que fue despedazado rápidamente por los mordiscos de una tintorera-. De esta manera conseguimos ver varios petreles de Zino (o Freira) y varios petreles de Fea (o Gon-gon), estos de pico más corto y robusto que empiezan a llegar en estas fechas a las áreas de reproducción de la isla Bugio, en Desertas. Fue todo un placer observar a estos petreles en mar abierto, jugando magistralmente con el viento y las olas, pero no lo fue menos ver a los simpatiquísimos paíños pechialbos dar saltitos sobre al agua, como si de mini canguros se tratara, y desplazarse graciosamente mientras se atiborraban con las migajas del chum ¡momentos inolvidables! Otros actores principales fueron pardelas chicas y pichonetas, paíños europeos, de Wilson y de Madeira, y petreles de Bulwer. Visitantes muy bien recibidos que nos proporcionaron imágenes también espectaculares fueron cachalotes –con un pequeñín entre ellos-, delfines manchados, zifio de Cuvier, tortuga boba, fragatas portuguesas y, entre las aves, gaviota de Sabine, falaropo picogrueso y charrán ártico, todos en plumaje nupcial.



















Otro momento muy gratificante fue cuando echamos el ancla frente a Deserta Grande, al caer la noche, para oír la llegada a las huras de las omnipresentes pardelas cenicientas. La compañía en la embarcación de afamados ornitólogos como Hadorah Sirihai y Steve Howell contribuyó a que los resultados de la expedición fueran inmejorables, aunque hubiera alcanzado nota cum laude si algún que otro día no hubiésemos acabado literalmente empapados.
Los ratos libres los aprovechábamos para observar otras joyas madeirenses. La pista entre Cruzinhas (en concreto, desde un pequeño puente de piedra al salir de la aldea) y la central hidroeléctrica de Faja de Nogueira, a los pies del mirador de Balcoes, Ribeiro Frio, ofreció unas posibilidades fabulosas para disfrutar de la avifauna propia del bosque de laurisilva como reyezuelos, pinzones y palomas trocaces o de Madeira. También visitamos el puerto de Funchal donde vimos un par de charranes rosados. La Punta de San Lorenzo también fue testigo de nuestra presencia, con muy buenas imágenes de tres especies de aves endémicas de la Macaronesia: bisbita caminero, canario y vencejo unicolor. Y en la pequeña charca de Lugar de Baixo, un ejemplar de cerceta de Carolina. Asimismo se han dejado ver, entre otras, las subespecies de lavandera cascadeña (schmitzi), gorrión chillón (madeirensis), curruca capirotada (heineken), pardillo (nana), mirlo (cabrerae), cernícalo vulgar (canariensis) y ratonero (harterti). Amigos que me facilitaron información sobre localizaciones en la isla han sido Gorka Ocio, José Pedro Portillo, Oriol Baena y Rafa Romero, a quienes quedo agradecido.
Y la guinda al pastel fue la visita nocturna al pico Areeiro para escuchar a los petreles de Zino en sus quehaceres amorosos. Es impresionante oírlos a 1800 metros de altura emitiendo sus llamadas de cortejo en vuelo, en una especie de noviazgo prematrimonial que llevan a cabo cuando tienen entre cuatro y seis años. Puedo asegurar que el escenario era de ensueño, con la niebla ascendiendo sigilosamente entre las cimas más altas y los petreles flirteando a la luz de las estrellas.
En cuanto a logística, comentar que nos alojamos en el hotel White Waters, en Machico, y que cada uno de nosotros llegó a Funchal con procedencias distintas. Yo volé desde Faro, vía Lisboa, con TAP y SATA. Aunque finalicé mi estancia en la isla el día 18, mis compañeros permanecieron allí unos días más.
Autores de fotos:
--paisaje, Echium candicans y pinzón.- Paco Chiclana
--grupo 1, petrel y paíño.- Andy Paterson
--grupo 2 y 3.- Raimundo Martín
Javier Ferreres ha subido un video a youtube cuyo enlace es

jueves, 15 de abril de 2010

Israel 2010










EXCURSION ORNITOLÓGICA A ISRAEL
2010
por Paco Chiclana

Fotos: José Ardaiz

DEL 13 AL 19-03-10

Especies destacables: piquero pardo, cormorán pigmeo, pelícano común, garceta dimorfa subespecie schistacea, ratoneros moro –subespecie rufinus- y de estepa, águilas pomerana, moteada y esteparia, aguilucho papialbo, francolín común, perdiz chucar y desértica, polluela bastarda, grulla damisela, hubara de Macqueenii, corredor, chorlitejo mongol grande -subespecie columbinus-, chorlito asiático chico, avefría espolada, archibebe fino, gavión cabecinegro, gaviotas ojiblanca, heuglini, cáspica y armenia, charrán arábigo, gangas moteada y de Lichtenstein, paloma bravía subespecie palestinae, tórtolas senegalesa y rabilarga, búho berberisco o real del desierto, cárabo de Hume, mochuelo subespecie lilith, chotacabras egipcio y núbico, martín pescador pío y de Esmirna, abejaruco verde, pico sirio, terreras sahariana –subespecie deserti- y colinegra, calandria bimaculada, alondra ibis, avión roquero africano, bisbitas piquilargo y gorgirrojo, lavandera boyera subespecies tipo feldegg, beema, superciliaris y dombrowskii, bulbul cabecinegro, robín negro de matorral, pechiazul subespecie svecica, collalbas Isabel, desértica, colinegra, rubia oriental, núbica, negra de Brehm y de Chipre, currucas mirlona oriental, zarcerilla, de Menetríes –subespecie rubescens-, de Rupell y cabecinegra –subespecie momus-, zarcero pálido oriental, buitrones desertícola y rabilargo, carricero egipcio, carricero común subespecie fuscus, mosquitero oriental, mosquitero común subespecie abietinus, alcaudón núbico, alcaudón real subespecie aucheri, suimanga palestina, tordino arábigo, arrendajo subespecie atricapillus, cornejas casera y cenicienta, cuervos colicorto y desertícola, estornino de Tristam, miná común, gorrión del Mar Muerto, pico de plata indio, camachuelos desertícola, trompetero y del sinaí, escribanos ceniciento y estriolado.

Resumen.-
Viajé con Alfonso Barragán desde Sevilla a Madrid, y desde allí a Tel Aviv, con Iberia. En Madrid, en la T-4, nos encontramos con los otros miembros del grupo, Alfonso Rodrigo y Gonzalo Lage. Los billetes de avión nos costaron unos 500 euros, ida y vuelta. Salimos de Sevilla la tarde del día 12, y el regreso lo iniciamos en Tel Aviv la tarde del día 19. Alquilamos un Mazda 5, con un precio para toda la semana de 400 euros. En el coche hicimos unos 2500 Km., recorriendo prácticamente todo el país. La ruta que realizamos en una semana es ideal para hacerla en unos diez días al permitir moverte más relajadamente. Dormimos, aunque poco, una noche en Tiberias (al norte del país), dos noches en Neot Hakikar (centro del país) y tres noches en Lotan (al sur). Dedicamos todas las horas de luz al pajareo, una media de doce al día, amaneciendo sobre las cinco y media de la mañana y anocheciendo sobre las seis de la tarde. Hicimos también un par de salidas nocturnas.
Los primeros días tuvimos mucho calor, siendo difícil pajarear en las horas centrales. A mitad de semana sufrimos un día de fuerte viento del sur –con densas nubes de arena- y posteriormente gozamos de días más fresquitos y agradables.
Para la preparación del viaje, y hoja de ruta, utilicé la información que me facilitaron amigos como Oscar Gutiérrez, Antonio Ceballos, Daniel López Velasco y José Ardaiz, a quienes quedo muy agradecido. También hice uso de algunos libros de dónde ver aves, guías de campo, mapas e información colgada en internet.
La moneda de Israel, el shekels (o NIS), no cotiza en España y el viajero se ve obligado a cambiar euros una vez llega al país. Nosotros lo hicimos en el aeropuerto.
Israel es un buen destino para la observación ornitológica al ofrecer muchas posibilidades. Está localizado en el Paleártico y ubicado en una ruta muy importante de migración para las aves de Europa y oeste de Asia, interaccionan allí tres regiones biogeográficas y tres continentes, y alberga una abundante variedad de hábitats y zonas climáticas.
Es un país fácil para ver aves, sin ayuda de guías locales, sólo necesitándose éstos para las aves nocturnas.
A pesar de ser un estado en conflictividad permanente con el mundo árabe no percibimos en ningún momento problemas de seguridad. Nos movimos con total libertad, aunque la presencia de militares armados por casi todos sitios y controles en carreteras fue algo normal.
Se contabilizaron alrededor de 190 especies de aves siendo muchas de ellas no observables en nuestra tierra, por lo que el viaje resultó sumamente exitoso.

13 de marzo.-
Aterrizamos en Tel Aviv a las cinco de la madrugada y la pérdida de una maleta demoró la salida del aeropuerto algo más de una hora. Ansiosos de ver aves, desde el mismo coche y mientras abandonábamos ciudad, observamos tórtola senegalesa, avefría espolada, corneja cenicienta y miná común, entre otros. La tórtola será común en zonas pobladas.
El primer destino era Maagan Mikhael, gran complejo de piscifactorías situado al norte del país, en la costa del Mediterráneo, unos 30 km. al sur de Haifa; llegamos allí en poco tiempo –por la carretera 2- y disfrutamos muchísimo con nuevas especies como buitrón rabilargo, bulbul cabecinegro, martines pescadores pío y de Esmirna, gaviota armenia (adultos e inmaduros), etc. A partir de aquí, el bulbul y el buitrón serán bastantes frecuentes en muy variados ambientes. Nos acercamos a la playa a echar una ojeada y las emociones fueron aumentando al observar un grupo de gaviones cabecinegros descansar en el mar. Carricero egipcio y curruca mirlona oriental fueron otras maravillas del humedal, así como carriceros comunes de la subespecie fuscus, más pálidos que los nuestros, y algún pechiazul de medalla roja–subespecie svecica-. Los arrendajos, subespecie atricapillus, de cabeza muy clarita se mostraron muy comunes y confiados.
El día se presentaba caluroso y decidimos tomar algo y dirigirnos a Hula, algo más al norte, aunque para ello dimos un rodeo y pasamos por el monte Gilboa, al sur de Bet Shean. Por el camino avistamos ratonero moro y águila moteada, especies escasas en el viaje, que sobrevolaban campos de cereal repletos de codornices, cigueñas negras y meloncillos. Los martines pescadores de Esmirna estaban hasta en el interior de los bosquetes y resultaba muy curioso observar a este conspicuo pájaro que parecía más una carraca que un martín, no necesariamente asociado a la presencia de agua.
Llegados al monte Gilboa no tardamos en ver perdiz chucar y suimanga palestina, así como hirax o damanes, ungulados de aspecto primitivo que parecían entrar en competencia territorial con las perdices. La suimanga será en el viaje una especie presente también en distintos ambientes, aunque nunca en número elevado.
Era el mediodía, hacía mucho calor y había que dirigirse a Hula, reserva natural compuesta de marisma, piscifactorías y campos de cultivo. Llegamos allí a la hora del bocata, alquilamos un pequeño vehículo eléctrico para recorrer la reserva e hicimos la primera parada en un bosquete cercano donde almorzamos en compañía de una pareja de pico sirio. Empezaban a llegar las grullas y no tardamos mucho en sacar un bonito ejemplar de grulla damisela ¡vaya primer día! En el humedal se dejó ver también pelícano común -un solitario ejemplar-, bisbita gorgirrojo, collalba Isabel, etc. Oímos varios ejemplares de francolín común, aunque no hubo tiempo para buscarlos detenidamente y observar alguno (un buen sitio era la cercana carretera 918). Tampoco hubo tiempo para polluelas, aunque alguna bastarda se escuchó al ocaso. En este humedal era frecuente el coipú o rata-nutria de agua. En contra de mi opinión, la visita al mediodía de los alrededores del monte Gilboa (en busca de una hembra de collalba colirroja que llevaba unos días sin verse) nos robó el tiempo necesario para disfrutar más de Hula o, bien, para intentar ver verdecillo sirio y trepador rupestre en el cercano Monte Hermon, en los altos del Golan.
Teníamos reservado alojamiento en Tiberias, Hotel Berger, al sur de Galilea, donde nos fuimos a la cama temprano después de las obligadas cervezas de refresco.

14 de marzo.-
Las primeras luces del día, algo después de las cinco de la mañana, las presenciamos en las laderas pedregosas del Monte Gilboa, ahora sí en el momento oportuno. La idea era escuchar y ver al bisbita piquilargo, y lo conseguimos sin mucho problema. Disfrutamos a tope de un macho que estuvo cantando y exhibiéndose un buen rato, posando en una piedra en compañía de otro bimbazo del viaje, un bonito ejemplar de escribano ceniciento. Para llegar a este lugar partimos de Tiberias hacia el sur -por la carretera 90- y al pasar Bet Shean cogimos una pequeña carretera hacia el oeste, dirección Nit David. Al tomar la carretera 669 y ver el cartel Maale Gilboa se entra en la carretera 6666 que sube hacia una cantera visible. Desde este cruce se asciende 2,8 km. hasta una curva pronunciada donde quedan a la izquierda unas piedras grandes. La primera observación del bisbita piquilargo fue posado en la misma defensa de la carretera, justo en la curva. Y después se estuvo moviendo por la zona, volando y descansando sobre rocas y arbustos. Aquí también vimos cuatro gacelas de montaña. Las currucas zarcerillas las cogimos en paso y fueron abundantísimas durante toda la semana, observando aquí las primeras. También en estas laderas vimos alguna curruca cabecinegra, subespecie momus, más pálida que la nuestra.
Desayunamos algo y partimos hacia Kfar Ruppin, otra zona de cultivos y piscifactorías todavía en la parte norte y verde del país. Aunque es un kibutz privado –comuna agrícola israelí- no hubo problemas para la visita. El tiempo de estancia allí fue corto pero suficiente para ver alguna variedad oriental de tarabilla común, cormorán pigmeo, carricero egipcio, etc.
Iba siendo hora de salir para el sur y seguimos para ello la famosísima carretera 90; entramos en Cisjordania, en el West Bank, donde el paisaje empezó a cambiar a los pocos kilómetros con la llegada del desierto puro y duro -que nos acompañaría casi en la totalidad del resto del viaje-. También cambiaban las gentes y ahora era frecuente el turbante palestino y el burka. Desde el mismo coche íbamos alucinando con la vía de migración de rapaces que hay a lo largo de la carretera 90. Cientos de ratoneros de estepa y águilas pomeranas viajaban hacia el norte, dejándose ver y estudiar perfectamente. En los cables eléctricos había bastante alcaudón real (subespecie aucheri) y los primeros abejarucos verdes, una preciosa pareja de cara azulada que anidaba en un resalte arenoso.
En el km. 270 efectuamos la primera toma de contacto con el desierto y montamos los telescopios unos minutos para mirar un cantil rocoso. Cuervo colicorto, estornino de Tristam, collalbas colinegra y desértica, iban sumándose a la lista de aves ¡la cosa prometía!
Este día era uno de esos de intenso calor que queda para el recuerdo. Y sobre la una de la tarde llegamos a otro de los puntos objetivo, Wadi Salvadora, desierto de Judea, frente al Mar Muerto. Los wadi son cauces secos de ríos, pedregosos y casi ausentes de vegetación. Este wadi está entre los kilómetros 250 y 251 de la carretera 90, según bajas a la derecha, y el itinerario para hacer está señalizado por unas marcas blancas y azules sobre las piedras. Unos metros más abajo, siguiendo la misma carretera y junto a un pequeño cartel que indica “Qedem”, también se puede acometer este wadi. Aquí lo ideal es hacer un recorrido a pie por el cañón que queda a la derecha, aunque la hora del día no era la ideal. Sudamos de lo lindo y conseguimos ver perdiz desértica, avión roquero africano, terrera sahariana y collalba negra de Brehm. En estos puntos suele haber algún bebedero perfecto para la observación de aves en periodos secos, pero el pasado invierno había sido muy lluvioso –también en Israel- y parecía haber demasiados puntos de agua para buscar el ideal.
Abandonamos Cisjordania con la presencia de cabras núbicas en unas paredes rocosas, comimos algo e hicimos una visita a otro wadi, en este caso Mishmar, algo más al sur. Dimos un breve paseo y sacamos una nueva especie, el buitrón desertícola, simpático pajarillo que se movía por el suelo con cara de cabreado.
En la tarde habíamos quedado con Yoav Perlman –guía ornitológico- para ver chotacabras núbico. El punto de encuentro era el cruce de la 90 con Neot Hakikar –otro kibutz judío-, donde nos alojaríamos las próximas dos noches. Allí nos vimos y tocamos primero unas balsas cercanas, paralelas a la 90, donde había porrón pardo y abejaruco verde. También vimos algunos nidos de gorrión del Mar Muerto en los tarajes, pero sin presencia de este paseriforme. Se había levantado un fuerte viento del sur, muy caluroso, cargado de fino polvo y arena que generaba una visibilidad casi nula. De todas maneras había que intentar el chotacabras núbico y Yoav nos llevó a unos campos de cultivo cercanos a Neot Hakikar, donde conseguimos ver hasta tres ejemplares de esta especie, en vuelo y posados. Satisfechos y agotados nos fuimos a descansar unas horas.

15 de marzo.-
Estábamos al sur del Mar Muerto y queríamos amanecer en Wadi Mishmar, interesante espacio donde habíamos estado brevemente la tarde anterior. Para ello nos levantamos muy temprano y sobre las cinco entrábamos en el wadi. Tuvimos algún problemilla para salir del kibutz (son zonas fortificadas y es necesario hacer alguna llamada para que te abran la puerta). Se preveía una mañana muy calurosa y así fue -a las ocho ya no se movía nada-. De todas maneras, tuvimos ocasión de ver en vuelo un par de camachuelos del sinaí y una visión fugaz de escribano estriolado. Al abandonar el wadi fuimos partícipes de uno de los momentos álgidos del viaje: un grupo de tordinos arábigos jugueteaban dentro de unas matas mientras nos sobrevolaban varias águilas esteparias y pomeranas, ratoneros moros y de estepa ¡no sabíamos a dónde mirar! ¡no dábamos crédito! ¡eso era Israel!
Y de allí nos fuimos a las cercanas balsas de Zohar –área de Ein Gedi- en busca del gorrión del Mar Muerto. De nuevo se levantó un viento fuerte del sur que impedía una agradable observación de aves. No obstante, conseguimos ver un macho de esta especie posado en la rama de un taraje ¡difícil este escaso pajarillo!
Continuamos por la carretera 90 dirección sur hasta alcanzar el km. 152 donde se halla Shizal Nature Reserve, a la izquierda, en el Valle de Arava. Hay una valla pero la cancela está abierta, justo en ese punto kilométrico, y se puede acceder a su interior a través de la pista. El fuerte viento seguía complicando la observación de aves, aunque conseguimos ver camachuelo desertícola (un grupo empeñado en refugiarse en una gran acacia), buitrón desertícola y perdiz desértica. También calandria bimaculada (un gran grupo cobijado a la sombra de una acacia, con los picos abiertos y casi asfixiadas).
Llegado el mediodía era imposible seguir en el campo con las envolventes nubes de arena, por lo que fuimos a comer a una estación de servicio cercana con la esperanza de que calmara el viento reinante. Algo después parecía que la visibilidad era algo mejor e hicimos otro intento a la reserva, sacando una hembra de alcaudón núbico (el único del viaje), escribano ceniciento, collalba colinegra, tordino cebando pollos y mucha curruca zarcerilla. Supongo que las muy deficientes condiciones meteorológicas nos impidieron localizar la escasísima curruca del Mar Rojo, citada en ese lugar, entre los kilómetros uno y dos pasada la cancela cercana a la carretera, en un área de acacias dispersas.

16 de marzo.-
Afortunadamente cambió el tiempo y la mañana fue mucho más fresquita y agradable, descendiendo la temperatura varios grados. Estábamos a la altura del km. 76 de la carretera 90 y cogimos una pista que sale a la izquierda, continuando por ella un kilómetro -más o menos- hasta llegar a un vallado con depósitos. Allí observamos un chotacabras egipcio con los primeros claros del día, obteniendo magníficas vistas de él. Esa zona es un pequeño pastizal en medio del desierto y la abundancia de aves es significativa. Mucha terrera común en paso, bisbita campestre, collalba desértica posada en la valla que delimita la frontera con Jordania, un grupo muy interesante de gangas moteadas (la coronada estaba muy difícil este año), un par de alondras ibis en las arenas jordanas -con un macho cantarín- y unos espectaculares aguiluchos papialbos (macho y hembra) que nos dejaron estudiarlos con todo detalle.
Desayunamos y fuimos al kibutz Lotan, unos kilómetros más al sur -en la carretera 90- donde nos alojaríamos las próximas tres noches. Dejamos el equipaje y rápidamente de nuevo de pajareo, en este caso a los campos de Yotvata, en el km 50, donde siempre hay algún birder manos a la obra. Son unos campos de cultivo de regadío muy próximos a la frontera jordana, rodeados de dunas y desierto, que suelen ser muy generosos y productivos. Encontramos mucho bisbita gorgirrojo y un precioso macho de aguilucho papialbo que posó para nosotros descaradamente; mientras intentábamos esquivar el encharcamiento que rodeaba el arbusto más grande de esos campos, un precioso robín negro de matorral se movía por su base saliendo esporádicamente al exterior.
Después otro salto más y nos pusimos en las famosas salinas del km. 20, también cercanas a la frontera jordana, pasado el mediodía. Allí muchas cosillas de interés destacando chorlitejo mongol grande -subespecie columbinus de pico no demasiado grande-, archibebe fino y las subespecies feldegg y beema de lavandera boyera.
Apretaba el hambre y decidimos comer algo en Eilat, en un Mcdonalds que nos cogía de paso (el restaurante estaba situado en un centro comercial y nos hicieron varios controles de seguridad hasta acceder a él). Después hicimos una rápida visita a la playa norte donde vimos un grupo de cornejas caseras, habituales en esta ciudad costera.
Y llegaba la hora de quedar con Noam Weiss –otro guía ornitológico- para la salida nocturna de ese día. La cita la teníamos en el km 19, donde entraban las gangas de Lienchestein a beber en la balsa situada allí, justo al lado de una vaquería. Y puntuales a su cita no fallaron las gangas: sobre las seis y doce minutos de la tarde una pareja se posó en la orilla de la balsa y nos acompañó durante cinco minutos, dejándose ver muy cerca y a placer. De allí nos llevó Noam a los campos de Yotvata donde vimos búho real del desierto –berberisco-, chotacabras egipcio y una hembra de chorlito asiático chico ¡menudas especies! Y zorro, chacal, liebre del desierto, erizo de hocico negro, etc. Y restaba por ver sólo cárabo de Hume. Sobre las diez de la noche llegamos al punto en cuestión y un precioso macho estuvo cantando en distintos puntos de su territorio, siendo observado en varios posaderos.

17 de marzo.-
Apenas un par de horas de dormida y de nuevo al campo. Nos amaneció en el km 60 de la carretera 40, en Meismar, un área verde en medio del desierto que discurre paralela a la carretera; allí disfrutamos con más ganga moteada (la coronada se seguía resistiendo –nos dijeron varios ornitólogos locales que era muy mal año para esta ganga-), y con otras especies como collalba rubia oriental, cuervo desertícola, y subespecies superciliaris y dombrowskii de lavandera boyera. También varios mosquiteros comunes de la subespecie abietinus y un zarcero pálido oriental, entre otros. Es una zona típica para invernada de curruca sahariana, pero no conseguimos ver ninguna (supongo que los fuertes vientos precedentes las habrían desplazado, o bien que ya todas habrían iniciado la vuelta a los cuarteles de cría).
Desayunamos y nos fuimos a visitar varios lugares de interés como Wadi Zihor, situado unos pocos kilómetros más abajo, antes de la bifurcación de las carreteras 13 y 40. Allí sólo curruca zarcera a destacar, entre alguna mirlona oriental. Después fuimos a Neot Smadar, conocido como Shizzafon, un Kibutz con mucha vegetación y famoso por la cantidad de paseriformes que se localizan allí durante la migración. Está situado en la carretera 40, diez kilómetros al norte del cruce con la carretera 90. Y de allí a las balsas de Neot Smadar, donde seguimos viendo varias subespecies de lavandera boyera, una parejita de camachuelo trompetero y una bonita hembra de gorrión del Mar Muerto.
Y volvimos de nuevo a la querida carretera 90, ahora a las balsas de Qetura donde vimos nuestra primera curruca de Rupell. Qetura está pasado el cruce de la 12 con la 90, dirección sur. Frente a las balsas había una vaquería con muchos birders mirando, lo que indicaba que alguna rareza andaba por allí; nos acercamos y resultó ser un bonito macho de collalba de Chipre. Allí también nos enteramos de que en el famoso arbusto donde se veía el robín negro de matorral –en Yotvata- se movía también un macho de curruca de Menetríes, y fuimos y lo bimbamos –subespecie rubescens- ¡cuántas especies para tan poco tiempo!
Para comer habíamos quedado con Juan Ramírez, ornitólogo malagueño que estaba anillando en la Estación Ornitológica de Eilat (Birdwatching Centre). Almorzamos juntos y nos llevó a la playa norte de esta ciudad, a seguir pajareando y a descansar un poquito entre tanto ajetreo. Vimos piquero pardo posado en una boya, un martín pescador pío cernido sobre el mar y cinco ejemplares fantásticos de charrán arábigo también posados. Y al caer la tarde, con una preciosa puesta de sol en el golfo de Aqava -con Egipto a nuestra derecha, y Jordania y Arabia a nuestra izquierda- desfilaron ante nosotros varias gaviotas ojiblancas, alguna cáspica y una heuglini.

18 de marzo.-
Este día lo pasamos en los alrededores de Eilat, pero no aportó grandes cosas. A primera hora visitamos Amrams Pillars y su zona de acampada, en el km 20 de la 90, con collalba negra de Brehm como lo más destacable. Esta zona es buena para camachuelo del sinaí, pero preferentemente en invierno.
De allí fuimos al abrevadero de Netafim, donde añadimos terrera colinegra y paloma bravía de la subespecie palestinae -de obispillo gris y no blanco como la europea-. Este abrevadero está en las montañas de Eilat y para llegar a él hay que pasar la cima, ascendiendo por la carretera y, justo después, aparece un cartel a la derecha que indica Netafim. Allí se deja el coche y se continúa a pie unos diez minutos por un camino que sigue un pronunciado descenso. El abrevadero está a los pies de un espectacular precipicio. Allí desayunamos contemplando algunos estorninos de Tristam. Como comenté anteriormente, este invierno había sido generoso en lluvias y las aves gozaban de muchos bebedores repartidos por todo el país, por lo que los clásicos –como éste- que aparecen en todos los reports no estaban resultando muy fructíferos.
Retornamos a la cima de la montaña donde había un cartel que mostraba Mt Yehuram / Mt Shlomo. El lugar se indica como bueno para ver collalba monjina -sobre todo en los alrededores de un pequeño arbolillo que hay allí- aunque ésta nos dio esquinazo. Esta especie no estaba ofreciendo últimamente registros en ese lugar.
Y siguiendo en los alrededores de Eilat fuimos al palmeral que hay cerca de la playa norte, donde añadimos pico de plata indio. Sabíamos que en este lugar una hembra de abejero oriental llevaba tres años pasando allí el invierno, pero desgraciadamente hacía unos días que no se veía.
Y nos fuimos nuevamente con Juan Ramírez al centro de anillamiento donde vimos otra curruca de Rupell. Allí nos informaron de que se estaba observando tórtola rabilarga en el establo de Qetura y allí fuimos raudos. Y cierto, un par de machos y una hembra se alimentaban a los pies de unas alpacas.
Recogimos nuevamente a Juan y pusimos rumbo a la playa norte de Eilat, a descansar otro poquito mientras observábamos aves. Y en un canal cercano añadimos a la lista garceta dimorfa, un bonito individuo de coloración mayoritariamente blanca.

19 de marzo.-
El viaje tocaba a su fin y queríamos amanecer en Nizzana para ver la hubara de Macqueenii. Salimos muy temprano del Kibutz de Lotan y con las primeras luces del alba estábamos disfrutando collalba núbica a la altura de Mizpe Ramón.
Continuamos hasta la carretera que va de Nizzana a Ezuz e hicimos una exitosa parada entre los kilómetros 7 y 8. Allí montamos los telescopios y, a la izquierda de la carretera, vimos un bonito macho de hubara efectuando su danza circular, y no muy lejos otros tres machos de esta especie. También varios corredores, perdiz desértica, cuervo desertícola, corneja cenicienta, águila de estepa y collalba Isabel, abundante ésta en todo el periplo israelí. En los pastos algunas gacelas dorcas. Visitamos también las famosas balsas de riego (la famosa 4B) existentes entre la fortaleza y la cárcel de Nizzana, aunque nos habían dicho que este año -de tanta agua por todos sitios- no estaba siendo bueno para ver gangas allí. Sí que vimos alguna, pero común, y algún archibebe fino, más las omnipresentes avefrías espoladas –garantizadas en todos los humedales-.
De allí marchamos a un área recreativa a la salida de Nizzana (pic-nic) donde vimos buena cantidad de mosquitero oriental.
Posteriormente nos dimos una vuelta por la parte sur de Ezuz, siguiendo la frontera con Egipto, observando más tordino arábigo, collalba núbica y buitrón desertícola, como más destacables. Y un par de chulísimos ejemplares de mochuelo, subespecie lilith, que son de color arenoso y diferentes a los nuestros, camuflándose perfectamente con el entorno.
Y sobre el mediodía se empezó a divagar más de la cuenta, en contra de mi voluntad, y perdimos unas horas preciosas que podíamos haber invertido en visitar Mizpe Ramón (para buscar allí verdecillo sirio -citado en todos los reports como invernante hasta finales de marzo-), tocar más el desierto de Negev y/o visitar nuevamente las balsas de Nizzana para intentar allí la ganga coronada (ésta gusta beber tarde en la mañana –hasta las diez- y a veces al atardecer). Por lo tanto, llegamos a Tel Aviv con muchas horas de antelación a la salida del vuelo.

Otras especies.- zampullín chico, cormorán grande, martinete, garcilla bueyera, garceta común, garceta grande, garza real, cigueñas blanca y negra, morito, espátula, flamenco, tarro blanco, ánades real, friso y rabudo, pato cuchara, cercetas común y carretona, porrones pardo y común, alimoche, águila pescadora y culebrera, milano negro, aguiluchos lagunero y pálido, gavilán, cernícalos vulgar y primilla, codorniz, gallineta común, focha común, grulla, avoceta, cigüeñuela, alcaraván, chorlitejos grande, chico y patinegro, chorlito gris, correlimos común, menudo y de Temminck, andarríos grande, bastardo y chico, archibebes común, oscuro y claro, agachadiza común, combatiente, gaviotas reidora, picofina, patiamarilla y sombría, charrán patinegro, pagaza piquirroja, ganga común, tórtola turca, vencejos común, pálido y real, martín pescador, abubilla, cotorra de Kramer, torcecuello, cogujada común, terrera común, aviones común, roquero y zapador, golondrinas común y daúrica, bisbita campestre, lavanderas blanca y cascadeña, colirrojo real, collalba gris, tarabilla común, mirlo común, curruca capirotadas y zarcera, carricerín común, carbonero común, alcaudón común, grajilla, cuervo, estornino pinto, gorriones común y moruno, pardillo común, jilguero, verderón común, triguero.