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lunes, 20 de agosto de 2007

Polonia 2007


























EXCURSION ORNITOLÓGICA A POLONIA
por Francisco Chiclana

DEL 12 AL 20-05-07

Participantes:
-José Antonio Lama
-Salud Granados
-Raimundo Martín
-José Manuel Marín
-Francisco Chiclana

Especies interesantes observadas-oídas: avetoro, porrón osculado, pigargo, águila moteada, águila pomerana, polluela pintoja, guión de codornices, grévol, agachadiza real, fumarel aliblanco, mochuelo chico, pito cano, pico dorsiblanco, pico tridáctilo, lavandera cetrina, ruiseñor ruso, zorzal real, buscarla fluvial, carricerín cejudo, carricero políglota, zarcero icterino, curruca zarcerilla, curruca gavilana, mosquitero silbador, papamoscas papirrojo, papamoscas collarino, carbonero palustre, alcaudón norteño, corneja cenicienta, cascanueces, camachuelo carminoso.

Resumen.-
Aunque el viaje abarcó 9 días, realmente fueron sólo 6 los dedicados a la observación ornitológica. Viajamos de Barcelona a Varsovia, con Lot Polish. Hasta Barcelona llegamos desde diferentes destinos: Rai desde Almería, Josema desde Asturias, y el resto desde Sevilla. La vuelta fue similar.
La idea original que teníamos era pasar la mitad del tiempo en la marismas de Biebrza y la otra mitad en el bosque de Bialowieza, y eso fue lo que hicimos, aunque primeramente visitamos los lagos de Mazuria para disfrutar también de aquellos escenarios. En definitiva, recorrido ornitológico por la zona noreste del país, estando parte del tiempo muy cercanos a Bielorrusia.
Wildlife Poland, organización capitaneada por Marek Borkowski, nos ofreció por anticipado guías para todo el recorrido, incluyendo además alojamiento, transporte, comida, etc, etc. La propuesta fue de 125 euros por día y persona, que fue aceptada. Marek Borkowski es muy conocido en los ambientes ornitológicos polacos y europeos, entre otras cosas, por su trabajo en la conservación de la agachadiza real, por lo que la oferta era tentadora. Además, el no tener que preocuparnos de buscar alojamiento, comida, localizaciones, etc, sumado al problema ante la conducción temeraria y peligrosa que practican por allí, y a que casi nadie habla inglés –y nadie español-, nos inclinó a aceptar los servicios de este hombre. Por ello, desde nuestra llegada ya tuvimos la ayuda de dos guías: Anna Gajewska, que trató de que las cosas fueran marchando bien, y Bogdan Kasperczyk, que trató que las aves de la lista que les facilitamos fueran siendo avistadas. Éstas dos personas hicieron su trabajo correctamente, aunque echamos de menos una adecuada programación y planificación del día a día que, suponemos, debería haber venido de Marek, el último responsable de que los objetivos pactados fueran logrados. A Marek le vimos sólo en contadas y esporádicas ocasiones. Por otro lado, en algunos momentos echamos de menos el no tener independencia para movernos libremente. De todas maneras, se observaron la mayor parte de las aves incluídas en la lista, algunas de las cuales, como la agachadiza real, dudamos de haberla visto sin la ayuda de los guías. En Bialowieza, además, contamos también con la ayuda puntual de otro guía local, Arek, aunque los servicios de éste fueron demandados directamente por nuestro guía.
Dedicamos una media diaria de 12-15 horas al pajareo. Solíamos levantarnos a las 5 de la madrugada –amanece sobre las 4-, y pajarear un par de horas antes del desayuno. Después de éste, jornada continuada en el campo –con bocata incluido sobre las 14 horas- hasta las 18-19 horas, aproximadamente, retornando al alojamiento para cenar –cena abundante de 4 platos: entrantes, sopa, carnes y pastel o tarta-. Después, algunos días, hicimos alguna escapada nocturna que podía alargarse casi hasta las 24 horas. En definitiva, mucho pajareo y pocas horas de dormir, aunque cuando estábamos agotados buscábamos la cama sobre las 21-22 horas, al anochecer.
El tiempo meteorológico ha sido muy bueno, incluso con un par de días al principio de calor. Después las temperaturas bajaron y tuvimos que tirar de ropa de abrigo, aunque nunca hizo frío excesivo. La lluvia hizo su aparición en un par de ocasiones, pero no llegó a fastidiarnos demasiado.
Los mosquitos abundantes, de gran tamaño, y casi omnipresentes, no llegaron a ser excesivo problema debido a las lociones repelentes que nos aplicábamos de manera continuada.
Polonia es un paraíso ornitológico, tanto la marisma como los bosques. Bialowieza (traducido como torre –wieza- blanca –bialo-) es una joya que hay que preservar y en la que se podría estar observando aves un mes entero. Los bosques son alucinantes, con árboles centenarios y paisajes inolvidables. En la marisma casi nos sobró tiempo, y en los bosques de Bialowieza nos faltó, echando de menos un par de días más para completar la lista de aves y para intentar algo los mamíferos, especialmente el bisonte.
En lo referente a la fecha del viaje, creo que una semana más tarde hubiera sido ideal, ya que la agachadiza real (objetivo primordial del viaje, y logrado) imagino que seguirá entonces entrando a los leks. Además, habríamos dado tiempo a migrantes algo tardíos como, por ejemplo, el mosquitero troquiloide. Y, además, no hubiéramos ido tan ajustados con especies como el carricero políglota o el camachuelo carminoso, que llegan a mediados de mayo.
La visita a Polonia en busca de sus aves puede hacerse de manera libre, aunque la ayuda prestada por los guías resulta gratificante y, para las aves difíciles, necesaria. Nosotros hemos contado con los mismos guías durante todo el tiempo, más la ayuda adicional de Arek en Bialowieza, y ha resultado bastante bien, aunque pienso que podría resultar factible, y más barato, ir por libre y sólo contratar guías locales y específicos en cada lugar.
Se contabilizaron alrededor de 150 especies de aves, de las que unas 30-40, aproximadamente, son raras o no frecuentes en España. Las especies relacionadas en un lugar no quiere decir que sean las únicas allí vistas. Además, en el report no aparecen todas las aves avistadas.
Trip ideal para aquellos amantes de las aves del Paleártico, y complementa perfectamente anteriores viajes que hicimos a Islandia, Noruega y Finlandia.

12 de mayo.-
Llegamos a Varsovia sobre las 19.30 horas de la tarde. Llovía y las previsiones para los dos días siguientes eran de lluvia. Afortunadamente no se cumplieron y tuvimos unos días magníficos, con más calor del que hubiéramos deseado. En el aeropuerto nos recogió Anna, quien nos acompañó durante todo el viaje. Tuvimos un todoterremo gigantesco, marca Chrevolet-GMC. La idea era dormir en un hospedaje que hay cerca de Wierzba, en los lagos de Mazuria, un lugar internado en el bosque, distante de la capital unas 4 horas, por lo que había que ponerse en marcha –pasando por Lomza-. El lugar se llamaba Polska Akademia Nauk, Centum Komferenyjna w Wierzbie. Al salir de Varsovia vimos las primeras grajillas y cornejas cenicientas. Las salidas de la ciudad, rodeadas de verde por todos lados, me hicieron recordar a París. Llegamos al hotel sobre las 24 horas, cansados, pero con ganas de que amaneciera para salir en busca de las primeras aves.
13 de mayo.-
A las 4 de la madrugada había amanecido y, dado que tampoco las ventanas tienen persianas –como en muchos países nórdicos- , la luz inundaba la habitación. No es conveniente abrirlas para que no entren mosquitos y te acribillen pero, a pesar del hermetismo, el sonido de los cantos se colaba y llegaba a nuestros oídos, por lo que dormir algo más se hacía casi imposible. Así escuché al primer mosquitero silbador, lo que me produjo una grata excitación. Un rato después estaba montando el tele en la puerta del hotel para buscar al mosquitero que había escuchado momentos antes, y que vi algo después. Como decía Clemente Alvarez, en su report, el amarillo que les adorna no es tan intenso como muestran los libros, pero es alucinante verlos cantar en aquellos bosques maravillosos, vibrando todo su cuerpo cuando emiten sus voces. Después, los mosquiteros silbadores serán compañeros nuestros durante casi todo el viaje. En la puerta del hotel, en lo alto de una picea, un acentor común cantando. El hotel estaba junto a un lago precioso llamado Sniardwy, el más grande de Polonia, cercano también al lago Beldany, y en él se movían porrones osculados, charranes comunes y gaviotas reidoras. Una vuelta por los bosques cercanos nos deparó el primer papamoscas papirrojo, aunque era de primer verano y no poseía la garganta roja. El macho adulto no adquiere el plumaje completo hasta la segunda primavera, por lo que la mayoría de individuos se parecen a las hembras. En el transcurso del viaje escuchamos algunos papamoscas papirrojos más, aunque nunca llegaremos a verlos detenidamente. Tienen un territorio muy grande y se mueven mucho dentro de él, a la vez que son querenciosos a las capas altas del arbolado. En el entorno del alojamiento, otras aves observadas fueron gorrión molinero, agateador norteño, arrrendajo, carbonero común, el abundante pinzón vulgar, con uno de sus reclamos no oído por mí anteriormente, etc. En una loma cercana los corzos se alimentaban del pasto. Durante el viaje escucharemos la ronca y sus ladridos en muchas partes del bosque. En los jardines, gran bullicio de torcecuellos, cantando descaradamente en lugares destacados. Las grullas, que aparecerán después por todos lados, ofrecían todo un espectáculo con sus cortejos, apareamiento, trompeteos, etc, etc.
Después emprendimos camino en busca del Jezioro Luknajno (jezioro es lago), reserva de la biosfera -Mazurski Park Krajobrazowy-, que cuenta con un observatorio magnífico. Por el camino el primer ruiseñor ruso, que vimos a placer, y que después será otro de los omnipresentes. Nos dio la impresión de que este ruiseñor es más confiado que el nuestro, ya que no era tan complicado echarle el ojo. Su aspecto y su canto son más deslucidos que los que presenta el común. También pardillo, el primer zarcero icterino –otro omnipresente-, alcaudón dorsirrojo, alcotán exhibiéndose, pigargo, agachadiza común, curruca zarcera –otra de las omnipresentes y habituales, y que por eso supongo que se apellidará communis-, y buscarla pintoja en un pradito próximo al lago. El zarcero icterino es casi una copia visual del zarcero común, aunque con el panel alar clarito, bastante notorio. Su canto es peculiar, con algunas estrofas muy distintivas. También escuchamos la primera buscarla fluvial -que vimos sólo regularmente-. El guía nos dijo que la primera cita de la temporada con ella había sido el día anterior. Después veremos a la buscarla fluvial en bastantes lugares, siempre en zonas de arbustos cercanos a riberas y masas de agua. Su canto nos recordaba bastante al de una cigarra. En el observatorio, fumarel común y aliblanco, gaviota enana, avetoro oído –después le escucharemos regularmente en muchos lagos y humedales-, carriceros común y tordal, escribano palustre y aguilucho lagunero. Nos dirigimos a comer a un pradito cercano y por el camino bimbamos el alcaudón norteño, posado sobre un poste próximo. No tenía nada de rosita en el pecho, y me recordó a la subespecie que vi recientemente en Fuerteventura. Mientras papeábamos, observación de zorzal real dando caña a un gavilán.
A la tarde nos fuimos a otro observatorio del mismo lago, en lugar opuesto, donde vimos lavandera boyera, subespecie flava, pigargo, cormorán grande y más fumarel aliblanco.
De vuelta al hospedaje, paseo por los jardines y observación de colirrijo tizón, colirrojo real entregado al canto, y mosquitero común, entre otros. También estornino pinto–abundantísimo por todos lados- ocupando casi todos los huecos existentes en los árboles.
14 de mayo.-
Un paseo a la salida del sol, por los jardines del hotel, nos deparó el registro de la primera curruca zarcerilla. Estaba marcando territorio y se posaba cantando en lo alto de algunos arbustos, a la par que se alimentaba. Esta curruca la veremos después, de manera frecuente, en jardines, no rehusando la compañía del hombre. Curruca simpática, fácil de ver al cantar en lugares destacados.
Tras el desayuno, visita a Biebrzanski Park Narodowy –narodowy significa nacional-. Primeramente, un recorrido por unos bosques preciosos nos dejó citas de cascanueces –menudo bimbazo-, chochín, reyezuelos común y listado, herrerillo común y capuchino, pico picapinos, pito negro –común en los bosques-, tórtola común, camachuelo común, cortejo de una pareja de águila pomerana, y unos ciervos corriendo en la espesura. En el bosque húmedo, rastros de castor. El cascanueces apareció cuando casi le dábamos por perdido, tras una intensa búsqueda. Vino a posarse en lo alto de una picea, retratando fielmente lo mostrado en las guías de campo.
A continuación la marisma. Las llanuras inundadas del río Biebrza se consideran los humedales de interior más naturales de Europa. Nos dirigimos al pueblo de Mscichy, que posee un observatorio muy conocido a unos 2-3 km del mismo. El camino hacia el observatorio, concurrido por otros ornitólogos, no dejó de ofrecer sorpresas. La primera escucha de guión de codornices no se dejó esperar y daban ganas de meterse en la marisma inundada a su búsqueda. El guía nos decía que era imposible localizarle de día, ya que canta más lejos de lo que parece, y se mueve por el interior de la vegetación sigilosamente, despistándonos. Por el camino, mucho carricerín común con vuelos de cortejo, alguna buscarla pintoja, y el primer carricerín cejudo. Para localizar a los cejudos es necesario extremar la agudeza auditiva y visual, ya que los carricerines comunes son abundantes y lo ocupan todo con sus cantos. El hábitat era marisma inundada con poco nivel de agua y con vegetación de medio metro, aproximadamente. También avefría, combatiente, aguja colinegra, bisbita común cantando, y tarabilla norteña. En el observatorio, después del bocata, centenares de fumareles aliblancos, más cisne vulgar, andarríos bastardo, archibebe común, urraca, mucho cuco, garceta grande, garza real, focha, algunos ánsares, azulón y cerceta carretona.
A continuación, otro observatorio –todos son altos, con un piso al menos- en Brzostowo. Aquí rabudo, casi 300 grullas con un zorro que no las dejaba tranquilas, avión zapador, tres garcetas grandes, una de las cuales poseía caracteres de la subespecie modesta –nos dijeron que la garceta grande es reproductora allí- , porrón común, moñudo y un macho de pardo, cucharas, chorlito gris, correlimos común y archibebe claro. Unos ornitólogos alemanes nos dijeron que acababan de ver correlimos de temminck.
Y para casi acabar el día, otro observatorio más, el de Burzyn, donde se vieron algunos alces –impresionantes- . Este humedal, como el anterior, poseía en su parte posterior un hermoso bosque. Al llegar al lugar nos levantó una perdiz pardilla, que sólo vimos alejarse volando. En la zona guión de codornices, escribano cerillo y más curruca zarcera.
A la noche nos fuimos a Kuligi, cerca de Knieja, para intentar ver al guión. Le estuvimos escuchando bien, pero no quiso entrar al reclamo que colocaron los guías. Parece ser que el que se acerquen al reclamo depende de muchos factores: silencio absoluto, meteorología, etc, etc. Mientras tanto, en la oscuridad, escuchamos cárabo, pechiazul y carricerín común.
15 de mayo.-
Traslado a Knieja, donde nos alojamos en una especie de Hotel cerca del lago del mismo nombre. Este lago disponía de instalaciones deportivas para embarcaciones y demás. Allí, somormujo lavanco y, en el entorno, curruca capirotada –abundante en ambientes arbolados-, zorzal común, papamoscas gris... Muy temprano nos fuimos de nuevo a Kuligi, donde Marek tenía una bonita casa de madera, para seguir bicheando. Marek tenía allí unos cuantos caballos muy similares a la variedad Tarpan, creo ya extinguida, que se conocen por ser pequeños, fuertes y muy resistentes a las frías temperaturas invernales. Localizamos un macho de curruca gavilana, recién aterrizado, y nos sorprendió el que poseen el barrado menos patente que en las guías. También azor, que vimos entrando a unos árboles; oímos un pito cano en busca de territorio, observamos un hueco de pico dorsiblanco, zarcero icterino, oropéndola –común en zonas arboladas-, andarríos grande, etc. Esa zona es la que Marek llama su jardín, y la verdad es que a pocos metros de su casa se localizaron un montón de aves. Casi en el mismo punto escuchábamos buscarla unicolor, en un carrizal, buscarla pintoja, en un arbusto sito entre una pradera inundada, y buscarla fluvial, sobre un arbusto cercano a la masa forestal de una ribera.
De allí nos dirigimos a la zona de Wolka Plaseczna, cerca de Goniadz, donde vimos águila moteada (parece ser el único punto de Polonia donde hay) y aguilucho cenizo. En el río, rastros de castor. Para el bocata, nos fuimos a una zona apartada con una praderita rodeada de un bosquete. Allí ardilla, jabalí, liebre, zorzal charlo, alcaudón dorsirrojo, lavandera blanca cebando, collalba gris, abubilla, totovía...
Después, con muchas ganas de ver a la perdiz pardilla, traslado a los campos de labor, donde según los guías esta especie estaba “every where”. Más de un par de horas y nada de nada, aunque vimos escribano hortelano, mucha alondra, graja y grajilla.
16 de mayo.-
Mañana lluviosa que dedicamos, nuevamente, a la búsqueda de la perdiz pardilla. Resultó infructuosa, aunque ofreció una bonita vista de zarapitos reales en un verde prado, más escribanos cerillos cantando en los árboles que servían de lindes en los campos de cultivo. Los plazos apremiaban y había que ir dejando las marismas para irse a los bosques soñados de Bialowieza, en busca de otras aves. A la noche pretendíamos intentar la agachadiza real y, al pasar por Bialystok, compramos unas botas de agua (en el Leroy Merlín) que nos permitieron acceder a la zona donde acontecía el lek, en terrenos algo inundados. Después del centro comercial, donde abundaban los corta-césped –es rara la casa que no tiene uno- nos fuimos prestos para el embalse de Siemanowka en busca de la lavandera cetrina. Y bimbo, tras una corta búsqueda apareció cantando en lo alto de hilera de arbustos; un macho precioso, ssp citreola, para alguien lo mejor del viaje. Estuvo cantando por su territorio, y algún colega observó también a la hembra. La zona, próxima al pantano, se llama Siemieniakowszczyzna –vaya nombrecito-. Allí también pájaro moscón, lavandera boyera –ssp flava-, tarabilla norteña, fumarel cariblanco y aliblanco, ánade friso, gaviota reidora... Comimos allí y nos largamos para Bialowieza, con unas ganas enormes de llegar. Nos alojamos en una casita preciosa en el mismo pueblo. Cenamos, calzamos las botas de agua y nos fuimos por la agachadiza real. El lek estaba cerca del río Narew. Aparcamos el coche cerca del cementerio del pueblo homónimo y, cayendo la noche, nos fuimos en busca del lek. El terreno estaba algo inundado, y las botas vinieron muy bien. Al llegar a la zona ya había algunos británicos instalados en el puesto, por lo que el lugar debía ser bien conocido. El lek quedaba lejos, para no molestar a las aves, pero con los teles se podían ver las cabecitas de las agachadizas entre la vegetación. Mientras la noche iba entrando, las “gachonas” se ponían más activas y empezaban a moverse, a exhibirse, a dar pequeños saltitos y pequeños vuelos, dejándonos ver perfectamente sus rectrices externas blancas. A veces se subían, aunque por poco tiempo, a lo alto de la vegetación y veíamos cómo adoptaban la postura típica que muestran las guías. Todo un espectáculo, a la vez que escuchábamos más guiones, buscarla pintoja, agachadiza común y una polluela pintoja. Satisfechos, nos fuimos a dormir un ratito.
17 de mayo.-
Muy tempranito ya estábamos paseando por una ruta marcada del maravilloso bosque de Bialowieza -Bialowieski park Narodowy- cercana a un centro de interpretación donde tienen algunos animales en cautividad, como algún bisonte, aunque no pasamos a verlos –animales en cautividad, no gracias-. Bosque maduro, con numerosos árboles caídos, un paraíso para picos y otras especies forestales. Escuchamos un papamoscas papirrojo, aunque no hubo manera de verlo (pusimos el reclamo y dejó de cantar, por lo que pensamos que no era muy adecuado colocar reclamos en esta fecha, para esta especie). Observación del primer papamoscas collarino, que nos alegró la mañana un montón. Esta especie es común en Bialowieza -con una población de 6 parejas por hectárea- debido a la abundancia de carpes, árbol que les ofrece huecos para nidificar. En otras partes de Polonia, el collarino se torna escaso y ocupa su hábitat el papamoscas cerrojillo. El guía vio un grévol cruzar la pasarela de madera que nos conducía donde, poco después, observamos rastros de marta. Escuchamos otro papamoscas papirrojo, algún carbonero común, zorzal común... Mientras observaba unas ramas desnudas, aparecieron tres camachuelos carminosos –los primeros de la temporada-, uno de los cuales era un macho con algo de color. La extensión de rojo en los machos varía según la edad y los individuos. A la tarde, después de comer, escucha de un pito cano y observación en nido de pico mediano y pico menor. También pito negro, algún papamoscas cerrojillo –escaso por aquí-, más papamoscas collarino, agateador norteño, buscarla fluvial, ratonero común y águila pomerana, primero posada cerca de nosotros y reclamando insistentemente, y después la misma en vuelos de reconocimiento y cortejo.
Tras la cena, reunión con otro guía –Arek- que nos llevó a ver al mochuelo chico. Arek le llamó con sus silbidos y apareció sin problema, con un roedor en una de sus patas. El año pasado vimos a esta pequeña rapaz en Finlandia, pero teníamos ganas de volver a verla. Curioso que Arek – y su hijo Matheus- aparezcan en casi todos los report que leí para ir a Polonia, y supongo que deben ser contratados por muchos ornitólogos.
18 de mayo.-
Paseo matinal por el río cercano al pueblo de Bialowieza. Escuchamos grévol y papamoscas papirrojo. También trepador –la variedad norteña, de partes inferiores muy claras-, cuervo, etc. Y después observación de más curruca zarcera, buscarla fluvial y curruca gavilana, tres especies típicas de la ribera y asociadas a este hábitat. La curruca gavilana es impresionante por su gran tamaño, por su barreado, y por sus ojos amarillos, que cuando te mira recuerda a un gavilán –supongo que de ahí su nombre-. También mosquitero musical, arrendajo, alcaudón dorsirrojo –con un pollo crecido-, un macho de piquituerto precioso, muy rojizo, un macho de pico menor alimentándose y, bimbo, el primer carricero políglota, que se estaba haciendo de rogar. Éstos carriceros llegan también por estas fechas y temíamos que volviéramos a España sin ver/oir a alguno. Es curioso ver a un carricero cantando en el interior de un arbusto, con ligeras escapadas al exterior para posarse brevemente en una alguna ramita desnuda. También allí curruca mosquitera.
Seguidamente nos trasladamos a un bosque cercano en busca de picos, donde nos condujo Marek. En la misma zona vimos una pareja de pico mediano, con relevos en el nido cada 20 minutos, un macho de pico dorsiblanco, ssp leucotos (otro bimbazo) alimentándose en un árbol caído –parece que muestran mucha querencia por estos árboles muertos-, y un pico picapinos que no cesaba de coger piñas y trasladarlas a un tronco donde las insertaba para comer su interior. Sorprendente la destreza de Bogdan para localizar los picos, ya que discrimina perfectamente el sonido que produce cada uno –cuando reclaman, cuando tamborilean, etc-. Decía que sólo podía no reconocer a la especie si reclaman con el pico lleno de orugas, ya que entonces el sonido que emiten no es distintivo. Un grupo de británicos que aparecieron por allí vieron un grevol por la zona -le buscamos y sólo le vimos alejarse volando-. Observamos un carbonero palustre muy cerquita, con cebas repetidas, y Bogdan dijo que minutos antes había escuchado un mosquitero troquiloide (lo buscamos, pero no lo vimos). Según el guía, seguro que sería de los primeros en arribar a Polonia, ya que suelen llegar a finales de mayo. En los bosques faltó por localizar al mito de cabeza blanca –ssp caudatus- típico de aquellas tierras, aunque siempre estuvimos pendientes de él.
Comimos y a las 3 de la tarde teníamos entrada para la visita guiada a la reserva de este mágico bosque. Nos acompañó una chica que, además, estaba trabajando con el pico tridáctilo. Se trata de un reducto del bosque mixto templado que pobló gran parte de las tierras bajas del norte de Europa tras la última glaciación y que, a excepción de Bialowieza, está prácticamente aniquilado. Dimos un agradable paseo por el interior del mismo, de unas 3 horas, y vimos una pareja de pico tridáctilo, ssp tridactylus, entrando a cebar en un nido. También papamoscas papirrojo –nuevamente sólo oído-, petirrojo, paloma torcaz y una comadreja que nos cruzó el camino. El papamoscas collarino era muy abundante, registrando machos y hembras en sus nidos. Es impresionante ver los árboles centenarios que hay allí, con un grosor que te dejan boquiabierto. Carpes, tilos, robles –el árbol del país- y piceas conforman aquella maravilla. A la salida de la reserva, en un claro amplio de hierba, más guión de codornices, alcaudón norteño, oropéndola y escribano cerillo.
A la noche nuevo intento fallido de ver al guión. Se puso reclamo, con foco en mano por si era necesario, pero no hubo manera. Sólo vimos a uno moverse sigilosamente por el interior de la vegetación, aunque sólo se apreciaba una mancha rojiza. En la noche cerrada, algo se nos acercó y se quedó a un escaso metro de nosotros, y suponemos que podía ser una hembra de guión. No teníamos nada para iluminarla y nos quedamos con las ganas de saber qué era –el foco lo tenía Bogdan y estaba en ese momento algo alejado-.
19 de mayo.-
Nuevo paseo pre-brekfast. Observación a placer de un macho de pito cano que nidificaba muy cerca del pueblo y, en el mismo jardín de la casa, un macho de carricero políglota que se quebraba la garganta cantando. Todas las casas del pueblo de Bialowieza, como casi todas las de otros pueblos que visitamos, tenían su jardín en el que podías observar un montón de especies. Desde el de nuestra casa registramos curruca zarcerilla, zarcero icterino, zorzal real, cigueña blanca, tórtola turca, vencejo común, golondrina común, avión común, mirlo, gorrión común, verderón, verdecillo, jilguero...
Se terminaba lo bueno y había que partir para Varsovia. Montamos los bártulos en el coche y, antes de salir del pueblo, nos paramos en la iglesia bizantina –ortodoxa- para unas fotitos de recuerdo. En el césped había un picogordo alimentándose.
Después 4 horas de carretera para Varsovia. Alucinante lo mal que conduce aquella gente y el acojone que te meten en el cuerpo. La carretera nacional de 2 carriles la convierten en una de 3 y, a veces, de 4. Todo el tiempo anterior habíamos estado por carreteras entre pueblos, mayoritariamente agrícolas, con casi nada de tráfico -ya que los coches escasean- y no habíamos sufrido esa conducción temeraria, afortunadamente.
Llegamos a Varsovia a la hora de la comida. Teníamos un territorio de pico sirio, en el parque Lazienkowsky, en la parte que coincide con la calle Morszyriska. Dado que algunos colegas querían llegar al hotel pronto y tener algo de tiempo para visitar el casco antiguo de la ciudad, la dedicación al pico sirio fue escasa y, por lógica, nos falló esta especie. También hubiera sido interesante tener algo de tiempo para visitar el río Vístula en busca de gaviota cáspica (que no buscamos tampoco en Siemanowka por la misma razón). De todas maneras, la tarde-noche recorriendo la parte antigua de Varsovia, la buena y copiosa cena de despedida, regada con unas cuantas cervezas, fue memorable. Y el pico sirio quizás sea el eslabón que una este viaje con alguno próximo.
20 de mayo.-
Vuelta a casa.

Autoría de las fotos:
papamoscas collarino, lavandera cetrina y grupo.- JA Lama
paisajes de Bialowieza.- Paco Chiclana




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